Jóvenes y sexo: ¿por qué ya no follan como antes?
Las estadísticas muestran una caída histórica en la actividad sexual entre los jóvenes españoles, pero las explicaciones distan de ser unánimes. Mientras un sector apunta a una guerra cultural contra la masculinidad y la criminalización del cortejo, otro señala la precariedad económica y la omnipresencia de las pantallas. El debate, lejos de cerrarse, revela fracturas profundas en la sociedad.
La hipótesis ideológica: feminismo y sospecha permanente
La corriente más determinista sostiene que el bombardeo de discursos feministas radicales ha demonizado la heterosexualidad masculina y convertido cualquier aproximación en un acto de acoso. Leyes como el 'solo sí es sí' se perciben como un riesgo para los hombres, que optan por inhibirse. A esto se suma la hipergamia femenina incentivada por redes sociales, donde las mujeres tienen una oferta interminable de pretendientes virtuales y exigen estándares irreales. Este análisis, sin embargo, choca con la evidencia de que la caída del deseo es global y afecta también a entornos conservadores.
La hipótesis material: precariedad, porno y soledad digital
La explicación alternativa se centra en factores estructurales: emancipación tardía por la crisis de vivienda, salarios precarios y falta de espacios de socialización asequibles. Al mismo tiempo, el porno gratuito y las aplicaciones de citas han desvinculado el sexo del esfuerzo social, generando una gratificación inmediata que atrofia la iniciativa. La dopamina barata de las pantallas sustituye el deseo real, y la mala alimentación y el sedentarismo minan la energía física. Según esta visión, el problema no es ideológico sino material: no hay tiempo, dinero ni espacio para el sexo.
El mito del pasado: ¿se follaba más bajo Franco?
Uno de los debates más recurrentes gira en torno a la nostalgia de una supuesta Edad de Oro sexual durante el franquismo. Los defensores de esta tesis sostienen que la represión generaba un deseo contenido que estallaba en la intimidad. En cambio, los críticos recuerdan que la falta de anticonceptivos y la presión social producían muchos embarazos no deseados, y que la violencia doméstica y las fugas a Perpiñán para abortar eran moneda corriente. La idea de un paraíso sexual pretérito parece más un mito generacional que una realidad contrastada.
La pregunta sigue abierta: ¿estamos ante un cambio cultural irreversible o simplemente ante un ajuste motivado por la coyuntura económica? El dato que falta es si las nuevas generaciones recuperarán la libido cuando –y si– la situación mejore.
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