Abascal, el patriotismo de boquilla que calla ante el ataque de Trump a Irán
El líder de Vox, que se ha presentado siempre como el adalid de la nación española, ha optado por un silencio sepulcral mientras Estados Unidos bombardeaba Irán. Una omisión que en los círculos de análisis económico y político se interpreta no como prudencia, sino como sumisión a los intereses de sus financiadores estadounidenses e israelíes. Y es que, mientras el precio del petróleo se dispara y el comercio internacional se resiente, Abscar no ha tenido ni una palabra para los intereses de España.
Un ataque que golpea el bolsillo de los españoles
La ofensiva militar de Trump contra Irán no es un conflicto lejano. El estrecho de Ormuz es la principal arteria del crudo mundial, y cualquier escalada tensión dispara el precio del barril. España, que importa la mayor parte de su petróleo, lo sufre directamente. Mientras el Gobierno de Sánchez intentaba gestionar la crisis energética, Abascal miraba hacia otro lado. Algunos analistas señalan que su lealtad a la línea dura de Washington y Tel Aviv pesa más que la defensa de la economía nacional. No es la primera vez que ocurre: durante la crisis de los aranceles de Trump, Vox también se alineó sin matices con la Casa Blanca.
La sombra de la financiación iraní
Una de las hipótesis que circulan con más fuerza en los análisis menos complacientes es que la posición de Abascal no es gratuita. Según datos que han trascendido en círculos de inteligencia, Vox habría recibido financiación de un grupo opositor iraní sunita. Mantener una deuda con ese grupo explicaría por qué el líder ultra se cuida de criticar la intervención estadounidense: cualquier condena a Trump podría interpretarse como un gesto hacia Teherán. La paradoja es sangrante: el partido que dice defender España se alinea con una política exterior que perjudica directamente a los españoles.
«No es cobarde, es obediente»
Algunos analistas diferencian entre cobardía y obediencia. Abascal no calla por miedo, sino por disciplina. Sigue las instrucciones de sus patronos ideológicos y económicos en Florida y Tel Aviv. El resultado es el mismo: un partido que se presenta como alternativa patriota termina siendo un instrumento de intereses extranjeros. Mientras, sus votantes, muchos de ellos castigados por la inflación energética, se quedan sin respuestas. La pregunta que flota es si la base de Vox tolerará esta contradicción hasta las próximas elecciones.