Putin dice que Alemania está ocupada por tropas de EEUU
Alemania no es un Estado independiente. Lo dijo Vladímir Putin ante un grupo de estudiantes en una universidad de Moscú, en una conversación emitida por la televisión estatal, y la presencia de tropas estadounidenses en suelo alemán es un dato que en el debate nadie discute. El presidente ruso afirmó que «formal y legalmente» hay tropas de ocupación estadounidenses en territorio de la República Federal. Es un hecho, insistió, y hay muchas allí.
La declaración, recogida por el medio alemán n-tv, no fue un exabrupto suelto. Putin completó el marco: unas élites europeas que no sirven a los intereses de sus propios Estados, sino a los de Washington. Y añadió que hay políticos alemanes que sostienen que Alemania nunca fue un Estado independiente tras la Segunda Guerra Mundial.
¿Cuántos soldados y bases de EEUU hay en Alemania?
La cifra que se maneja para los efectivos estadounidenses desplegados en suelo alemán es de
35.781 militares. Otra cuenta, la de instalaciones, habla de
40 bases en Alemania dentro de una red de
254 bases militares en todo el mundo. Y la comparación con Rusia también circula: siete bases confirmadas y entre siete y ocho más en construcción en Siria, Egipto y la República Centroafricana, según esa misma versión.
El contraargumento es razonable y conviene no enterrarlo. Esas instalaciones existen por acuerdos bilaterales y con el consentimiento del Gobierno alemán, integradas en la estructura de la OTAN. No hay un gobernador militar ni una administración extranjera cobrando impuestos. La discusión real no es jurídica, es de grado. Cuánta autonomía conserva un Estado que aloja decenas de miles de tropas ajenas y cuya defensa depende de ellas.
La Constitución de 1949 y los 17.000 millones de marcos
Aquí el asunto se pone interesante. La Ley Fundamental alemana, el
Grundgesetz, se aprobó en 1949, y una corriente sostiene que su redacción se hizo bajo supervisión de Estados Unidos y sus aliados occidentales, con un diseño que limitaba las operaciones militares fuera de las fronteras.
Ese corsé constitucional explica por qué, en la primera guerra del Golfo, el canciller Helmut Kohl prefirió
pagar 17.000 millones de marcos a Washington antes que enviar tropas. El envío de tropas en esa primera guerra del Golfo fue denunciado ante el Tribunal Constitucional alemán, y hasta que hubo sentencia no pudieron repetirse esas operaciones, si bien Alemania sí participó en la intervención en Kosovo en los años noventa. La sentencia que despejó el camino llegó, según esta lectura, ya después de la invasión de Irak de 2003, cuando Gerhard Schröder se negó a participar y en Washington se llegó a rebautizar las patatas fritas como
freedom fries. Una anécdota que resume el nivel de enfado.
Japón, el precedente que nadie discute
Si el caso alemán se discute, el japonés se acepta casi sin matices. Tras la rendición de 1945, la ocupación estadounidense impuso un desarme total y el desmantelamiento completo del ejército nipón, y prohibió al país disponer de fuerzas propias. Solo después de sucesivas presiones se permitió un cuerpo limitado que sigue llamándose
Fuerzas de Autodefensa, un nombre que dice mucho sobre qué se le permite y qué no.
Ese paralelismo alimenta la tesis más dura: Berlín y Tokio nunca habrían recuperado la plena soberanía y su política exterior se decidiría, en algunos asuntos, en otra capital. Otros análisis lo consideran una simplificación gruesa. Ambos países votan, legislan, comercian y firman tratados como Estados independientes, y ninguno de los dos tiene un ejército extranjero gobernándole las provincias.
Por qué esto también se discute en España
El eco llega. La Constitución española se redactó con la alemana sobre la mesa, hasta el punto de que se sostiene que buena parte del texto se tradujo del modelo germano. Un detalle que suele pasarse por alto y que, cuando se menciona, reabre la pregunta de siempre: cuánto de nuestro marco institucional es propio y cuánto importado.
A eso se añade el otro flanco, el de las instalaciones militares extranjeras en suelo propio. El despliegue y la coordinación de sistemas como el AEGIS, con presencia estadounidense y paraguas de la OTAN, aparecen en la discusión como prueba de que la dependencia no es una rareza alemana. Hay quien sostiene que España también está ocupada por tropas estadounidenses, aunque no es la posición mayoritaria en el debate, pero la línea entre
aliado y subordinado se difumina cuando se firma la defensa en casa ajena.
Qué puede pasar ahora
Putin no va a conseguir que Berlín rompa con Washington por un discurso ante universitarios. Lo probable, con reservas, es lo contrario: que este tipo de intervenciones refuercen el relato de la dependencia militar y energética en el que lleva instalado desde hace años, y que la cancillería alemana responda con el silencio de quien no quiere discutir la letra pequeña. Si algo enseña la cifra de las 40 bases, es que la distancia entre el insulto y el diagnóstico a veces se mide en kilómetros de asfalto ajeno.