MyInvestor pide 4.000 euros netos al mes para una hipoteca de 100.000
La oferta está sobre la mesa: un tipo fijo del 3,10% TIN y 3,38% TAE, sin más vinculaciones que domiciliar la nómina. El problema es que esa nómina tiene que superar los 4.000 euros netos mensuales. Para un préstamo de 100.000 euros. La paradoja es de manual: el banco ofrece su mejor interés a un perfil que, con esos ingresos, no necesita pedir cien mil euros para comprarse un piso. La cifra circula por los foros de economía desde hace meses y ha reventado la conversación sobre el acceso a la vivienda.
Qué exige exactamente MyInvestor y por qué
El producto es una hipoteca fija con un interés competitivo, pero con una barrera de entrada que deja fuera a la mayoría. Según las condiciones publicadas, basta con domiciliar una nómina superior a 4.000 euros para acceder al 3,10% TIN. No hay seguros obligatorios ni otros productos vinculados. La trampa está en el requisito de ingresos, no en el tipo.
La lógica del banco es sencilla: si alguien gana 4.000 euros netos al mes, puede asumir cuotas de hasta 1.200 euros sin que el préstamo supere el 30% de sus ingresos. Es el criterio clásico de capacidad de endeudamiento. El banco no quiere sorpresas. Quiere clientes que no fallen.
Otras entidades aplican la misma vara. Banca March exige ahorros superiores al 20%, ingresos mínimos de 4.000 euros al mes entre todos los titulares y un importe mínimo a financiar de 150.000 euros en traspasos o 250.000 en hipotecas nuevas. No es un capricho de un solo banco.
El cálculo que desmonta el clickbait: ¿es viable con menos ingresos?
Hay quien sostiene que la simulación desmiente parte del escándalo. Con una nómina de 1.500 euros y una entrada del 20%, la calculadora de la entidad ofrece un 2,7% de interés para una hipoteca de 100.000 euros. El sistema considera la operación viable. Otra cosa es que el banco quiera cerrarla con esas condiciones.
La diferencia entre el titular y la letra pequeña está en el perfil. Para un préstamo de 100.000 euros, una pareja con 2.000 euros netos cada uno suma 4.000 y cumple el requisito. No es un sueldo de ejecutivo; son dos sueldos medios. El banco no pide 4.000 a una persona, pide 4.000 entre todos los titulares.
Hay quien calcula que, desglosado partida a partida, sale mejor hipotecarse cuanto antes con un tipo cercano a la inflación que juntar el 20% más gastos e impuestos ahorrando el 75% del sueldo durante años.
La trampa del titular: hipotecas para extranjeros y perfiles altos
Hay quien sostiene que estas condiciones no las cumple ni el 10% de la población española. El argumento es que este tipo de productos están diseñados para extranjeros, especialmente americanos, cuyos salarios duplican los de un funcionario español. El banco no busca volumen; busca rentabilidad.
En contra pesa el argumento de que cualquier entidad tiene derecho a poner sus condiciones. Si no le interesa prestar por debajo de 100.000 euros porque la rentabilidad es mínima, lo dice y punto. La oferta es libre. La demanda, también.
Lo que sí es cierto es que el mercado hipotecario se ha estrechado. Las garantías que piden los bancos hoy no tienen nada que ver con las de la burbuja. Se acabaron las hipotecas sin aval, sin nómina o sin entrada. Ahora se pide el 20% de ahorro, ingresos estables y, en muchos casos, seguros y vinculaciones. El miedo a repetir la crisis pesa más que la ambición comercial.
El contexto: capacidad de endeudamiento agotada y precios inflados
La capacidad de endeudamiento de las familias lleva años agotada. Los salarios no suben al ritmo de los precios de la vivienda y los bancos han optado por restringir el crédito antes que asumir riesgos. Las condiciones imposibles son una forma elegante de decir que no.
Con los precios actuales, una hipoteca de 100.000 euros apenas cubre una entrada en muchas capitales. En Madrid o Barcelona, ese importe no llega ni para el 30% de un piso medio. El debate sobre si conviene comprar o alquilar se reabre cada vez que se publican condiciones como estas.
La pregunta no es si el banco tiene razón al pedir 4.000 euros. La pregunta es cuántos españoles pueden permitirse pedir una hipoteca sin que el banco les exija un sueldo que no tienen.