Vivienda social: 1.100 euros de alquiler que salen del IRPF
¿Quién decide quién es vulnerable? ¿Y por qué las primeras llaves de un reparto de vivienda social van a unos hogares y no a otros? La polémica no ha venido por los metros cuadrados. Ha venido por quién firma el contrato. Los primeros adjudicatarios no coinciden con el perfil que buena parte del público daba por hecho, y ahí se ha encendido la mecha.
Cuánto cuesta el alquiler y de dónde sale el dinero
El precio que circula es concreto: entre 800 y 1.100 euros mensuales por vivienda. Un alquiler de mercado con etiqueta social. La aritmética incómoda viene después. Si la renta se sitúa en ese tramo y el adjudicatario apenas tiene ingresos, alguien cubre el hueco. Y ese alguien, sostiene la crítica más repetida, es el contribuyente que lo paga vía IRPF. Un piso con foto institucional financiado con la nómina de quien nunca sale en el corte de cinta.
Quién es vulnerable y quién firma la lista
«Vulnerable» ha dejado de ser una descripción y se ha convertido en una categoría administrativa. La selección no la hace el mercado ni un algoritmo auditable: la resuelve un comité de baremación. Ahí está el nudo del asunto. Cuando el criterio es discrecional, nadie necesita demostrar arbitrariedad; basta con mirar el orden de la lista y su resultado. El desglose completo del baremo, con sus puntuaciones y sus tramos de renta, da una foto bastante menos casual de lo que sugiere el cartel de «emergencia habitacional».
El argumento de la alternancia
Frente al escándalo se alza una defensa sencilla y difícil de rebatir: la oposición habría adjudicado las mismas llaves. Se argumenta que PP y Vox gestionarían un reparto idéntico con distinto logo. Puede ser cierto. Pero que el chiringuito sea bipartidista no lo abarata: solo explica por qué nadie lo toca.
Y en paralelo circula una comparación que incomoda más que cualquier cifra: la que mide la porra policial en las protestas de Madrid con la gestión de la frontera en Ceuta. Lo de dentro se aprieta porque vota, paga y reclama; lo de fuera se maquilla porque genera titular internacional. El aparato no distingue por moral, distingue por riesgo.
Al final el reparto cuadra: alguien pone el piso, alguien cobra el alquiler y alguien lo paga sin salir en la foto. Los únicos que se quejan son los que sostienen la caja. Será que el baremo no los puntúa.