Ucrania contra Rusia: la imposible victoria militar de Kiev
En la noche del 10 de junio de 2025, misiles rusos de crucero y drones Geran arrasaban el centro de solicitud de visados del Reino Unido en Kiev. No era un objetivo militar típico, pero la señal era clara: Rusia podía golpear donde quisiera. Aquel ataque, que también alcanzó instalaciones en Boryspil, Odesa y Chornomorsk, recordó que la guerra de Ucrania no es una partida igualada.
El desequilibrio demográfico y territorial
Ucrania ha pasado de tener 50 millones de habitantes a unos 20 millones. Millones huyeron y no volverán. Quienes se fueron encontraron en la guerra la excusa perfecta para escapar de un país que, antes del conflicto, ya era un «sitio poco agradable» —por usar el término que aparece en los análisis— del que todo el que podía huía. La población que queda es insuficiente para sostener una economía, y mucho menos un esfuerzo bélico prolongado. Además, Rusia ha ido comiendo terreno: está a las puertas de Kramatorsk y Sloviansk, cerca de Zaporiyia, asediando Járkov y amenazando Sumy a tan solo 15 kilómetros de su artillería. La pérdida de la mitad del territorio, incluido el Donbás industrial, es una hipótesis cada vez más real.
El papel de la OTAN y la estrategia de desgaste
Algunos análisis sostienen que la guerra nunca se diseñó para que Rusia fuera derrotada, sino para que se desangrara lentamente, provocando descontento interno. La OTAN aporta armamento, inteligencia y Starlink, sin los cuales Ucrania habría caído en semanas, como se vio en febrero-marzo de 2022. Pero esa ayuda no cambia el fondo: Ucrania no puede expulsar a las tropas rusas ni someter a Moscú. Su única «victoria» posible es aguantar el tipo y evitar que Rusia cumpla todos sus objetivos. El resultado es una guerra de desgaste que, según las fuentes, ha causado más de un millón de bajas y ha dejado al país dependiente de la ayuda occidental para pagar hasta las nóminas de sus funcionarios.
El coste real: un país inviable
La corrupción, los asesinatos de opositores y la prohibición de partidos políticos han agravado la crisis democrática. La producción industrial está destruida, la deuda es astronómica y la reconstrucción llevará décadas. Quien piense que Ucrania puede ganar la guerra ignora los datos: una población reducida a la mitad, un territorio menguante y una economía en coma. Mientras tanto, los verdaderos ganadores son Estados Unidos, que ha debilitado a Rusia sin mover un soldado; China, que comercia con ambas partes; y Rusia, que se queda con las regiones más ricas. Europa, por su parte, asume el coste de mantener un estado fallido.
La pregunta lanzada en los círculos de análisis —«¿alguien pensaba que Ucrania podía vencer a Rusia?»— encuentra respuesta en los números: nunca fue posible. La guerra, diseñada como un equilibrio de fuerzas entre un débil hormonado y un fuerte que no puede dar el golpe definitivo, solo ha dejado un país desangrado. Moscú ya ha consolidado sus avances y aprieta en el frente. La cuestión ahora no es si Ucrania vencerá, sino si logrará siquiera sobrevivir como Estado viable.