Italia deniega Sigonella, Francia se suma y Sánchez capitaliza el pulso con Washington
El 31 de marzo de 2026, el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, denegó a Estados Unidos el uso de la base de Sigonella, en Sicilia, para aviones implicados en la guerra de Irán. La negativa, adelantada por el
Corriere della Sera, se mantuvo en secreto hasta que trascendió. El jefe del Estado Mayor, Luciano Portolano, fue quien llamó al ministro para informarle de que el plan de vuelo de varios aparatos estadounidenses contemplaba aterrizar en la isla y partir después hacia Oriente Medio. Las comprobaciones iniciales confirmaron que no eran vuelos logísticos ordinarios y que, por tanto, quedaban fuera del tratado bilateral. Horas después, Francia se sumó al cierre de su espacio aéreo a operaciones vinculadas al conflicto, y España ya había cerrado el suyo a cualquier vuelo de la operación
Furia épica. La secuencia dibuja un cambio de tono en Europa que el Gobierno español presenta como liderazgo y que buena parte del análisis económico lee como cálculo electoral.
Qué pasó exactamente en Sigonella
La base de Sigonella es una instalación compartida entre el ejército italiano y el estadounidense en la isla de Sicilia. Según la información publicada, el plan de vuelo de algunos aviones estadounidenses contemplaba aterrizar allí y partir después hacia Oriente Medio. Crosetto denegó la escala porque los aparatos estaban implicados en la guerra en Irán y porque no se había realizado la consulta previa que exigen los acuerdos internacionales. La decisión se comunicó directamente al mando estadounidense: no podían aterrizar porque no habían recibido autorización.
Hay un matiz que conviene no perder. Italia no cerró su espacio aéreo ni amenazó a Washington. Lo que hizo fue exigir que se cumplieran los procedimientos de la OTAN y que se informara antes. El propio Crosetto salió después a subrayar que la alianza sigue igual y que la confianza entre los dos países es máxima. La diferencia con el caso español es de grado, no de fondo: Roma dijo «avísame antes», Madrid dijo «no pasas».
El efecto dominó que Sánchez quiere capitalizar
La secuencia es objetiva: España cierra su espacio aéreo a los vuelos de la operación
Furia épica, Italia deniega Sigonella y Francia se suma. Eso es un efecto dominó diplomático real, con independencia de las motivaciones. Toda la política exterior tiene componente doméstico, incluida la de Trump. Lo relevante es que Europa, por primera vez en esta guerra, dice colectivamente «no» a una operación americana. El precedente importa más que la motivación.
El Gobierno español ha defendido la decisión como parte de su negativa a participar en una guerra iniciada de manera unilateral y contra el Derecho internacional. El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha vinculado el cierre del espacio aéreo a esa postura y ha subrayado que las relaciones bilaterales con Estados Unidos siguen siendo sólidas. Hay quien sostiene que ese liderazgo es real; en contra pesa el argumento de que se trata de una operación de imagen con fecha de caducidad.
El coste económico que nadie quiere poner en la balanza
El riesgo más citado no es militar, es energético. Europa importa diésel y gas en volúmenes que no puede sustituir de un día para otro. Hay quien sostiene que si Washington decide guardar sus 400.000 barriles diarios de diésel para su población, el litro en Europa se va a las nubes y la factura la pagan los hogares y las empresas. Ese es el escenario que algunos analistas consideran el verdadero precio del pulso.
A eso se añade la incertidumbre sobre el paraguas militar. Trump ha asegurado en una entrevista con
The Telegraph que está valorando seriamente la salida de Estados Unidos de la OTAN. Si esa amenaza se concreta, Europa tendría que asumir su propia defensa con presupuestos que hoy no existen. El cierre del espacio aéreo es una decisión soberana; la factura de la soberanía llega después.
Quién lidera a quién: la batalla del relato
Reino Unido convocó a 35 países para una reunión decisiva sobre el estrecho de Ormuz sin contar con España. Es el contrapunto perfecto al relato del liderazgo. No ir a una cumbre convocada por Londres puede leerse como dignidad o como aislamiento, según quién lo cuente. Hay quien sostiene en el foro que la interlocución real del Gobierno español es con China y que Xi podría volver a España este verano.
Marruecos es el otro flanco. Es aliado estratégico de Estados Unidos y, según distintos análisis, Washington lo hará saber a Madrid a no mucho tardar. La presión demográfica y el descontento social en el país vecino son un riesgo estructural que no depende de esta guerra. Para España el resultado es el mismo: un vecino cada vez más armado y con padrino.
El pulso diplomático está servido. Lo que no está escrito es la factura: la energética, la militar y la del relato. Con estos mimbres, el liderazgo europeo de Sánchez se mide en semanas, no en años.