Pedro Sánchez y su hemeroteca: diez años de relato cambiante
¿Miente Pedro Sánchez o simplemente cambia de opinión a una velocidad que la hemeroteca no alcanza a registrar? La pregunta lleva años sin respuesta cerrada y cada bando tiene ya su propia versión de los hechos. Lo que sostienen sus críticos es esto: existe un archivo público de declaraciones del presidente que, puestas en fila, dicen cosas distintas sobre los mismos asuntos. Sobre ese archivo se construye la acusación de mentira sistemática. La defensa es más simple y también más difícil de rebatir: quien lleva una década en primera línea política acaba contradiciendo al que fue.
La hemeroteca que sostiene la acusación
El material más citado no son discursos, son frases sueltas con fecha. En la lista que circula aparecen afirmaciones como que no conocía a Víctor de Aldama, que España es uno de los países con menor presión fiscal de Occidente, que las maletas atribuidas a Delcy Rodríguez ni eran maletas ni eran suyas y además estaban vacías, o que el sistema eléctrico español es el mejor del planeta pero sus comercializadoras son las peores.
Ninguna de esas afirmaciones ha sido declarada falsa por un tribunal en los términos en que se reproducen. Son contradicciones de relato, no resoluciones firmes, y ahí está el núcleo del asunto: la hemeroteca documenta cambios de posición, no delitos. Confundir contradicción con delito es el error más frecuente en este asunto, y lo cometen los dos lados.
El Peugeot, el Mercedes y la liturgia de la humildad
La anécdota que más ha circulado tiene poco de ideológica y mucho de escenografía. Según las versiones difundidas, el viaje fundacional de su carrera no se hizo en el humilde Peugeot con el que se le asocia, sino en un Mercedes que después se aparcaba lejos para no desmentir la foto. El relato sitúa en ese coche, además, a los nombres de Koldo, Cerdán y Ábalos.
No es un dato económico ni legal. Es peor: es una historia sobre la puesta en escena. Y cuando la puesta en escena se convierte en el argumento principal, la discusión deja de ser sobre gestión.
¿Miente sabiendo o se cree sus propias mentiras?
Aquí el desacuerdo es psicológico, no político. Hay quien sostiene que un mentiroso consciente no aguanta diez años de contradicciones sin desmoronarse, y que lo que existe es un cambio de opinión rápido disfrazado de mentira. Enfrente pesa el argumento contrario: quien miente de forma sostenida no necesita creerse lo que dice, le basta con que el votante se lo crea el tiempo suficiente para votar. Una tercera lectura lo reduce todo a interpretación: un papel pagado, con guion y atril.
Las tres corrientes comparten un punto incómodo. Ninguna discute que el relato haya cambiado. Discuten por qué.
Cuando la crítica llega desde dentro del propio partido
El desgaste no es solo externo. Según un tuit difundido en el hilo, la consejera de Igualdad del Gobierno de Castilla-La Mancha, Sara Simón Alcorlo, ha criticado públicamente a Sánchez en el marco del proceso de primarias de su formación. Un cargo institucional que discute a su secretario general en un congreso no está hablando de hemeroteca: está hablando de poder interno y de quién controla el relato.
Lo que la hemeroteca no puede probar
Falta lo esencial. No hay sentencia firme que convierta ninguna de estas contradicciones en mentira probada, y varias de las causas asociadas siguen abiertas o en fase de instrucción. Tampoco existe una resolución que acredite que el Gobierno mintiera sobre el apagón del 28 de abril; lo que hay es una acusación recurrente de que el Ejecutivo no sabe la causa pero ya tiene culpable.
Si el problema fuera solo de memoria, bastaría con un archivador y una hemeroteca bien ordenada. Llevamos una década comprobando que no es eso.