Pedro Baños, el coronel que pone la guerra en el prime time
El coronel retirado Pedro Baños ha pasado de ser un analista militar más a convertirse en el centro de una polémica que mezcla geopolítica, negocio editorial y presuntas redes de influencia. Sus últimas intervenciones, en las que ha llegado a afirmar que Estados Unidos podría atacar a China de forma inminente, han sido recibidas con incredulidad y burlas, pero también con defensas cerradas. ¿Qué hay detrás del personaje?
Una profecía que nadie se tomó en serio
La chispa fue una declaración en televisión: Baños advirtió de que Washington podría lanzar un ataque contra Pekín. La reacción fue inmediata. "Casi me da algo de la risa", resumió un espectador en redes. Otros fueron más allá y hablaron de "brote psicótico" o de consumo de estupefacientes. El coronel, de más de sesenta años y ya jubilado, se convirtió en meme.
Pero no todos lo ven tan claro. Sus defensores sostienen que no está desquiciado, sino que simplemente es "algo vehemente respecto a un asunto de extrema gravedad". La guerra en Ucrania y la escalada de tensión con China justificarían, según ellos, un tono alarmista.
El negocio de la polémica
Entre tanto, hay quien apunta a un motivo mucho más prosaico: el dinero. Baños tiene varios libros en el mercado y, como recordó un crítico, "el royalty de los libros es alrededor de un 10%". Es decir, vender ejemplares no convierte a nadie en rico, salvo contadas excepciones. La presencia mediática constante, en cambio, sí alimenta otras vías: YouTube, conferencias, imagen de marca.
La teoría del "provocador para vender" gana fuerza cuando se repasa su agenda. El coronel ha pasado por programas de todo tipo, incluidos los de Iker Jiménez, y ha aprendido que la controversia atrae miradas. "Para aumentar las audiencias tienen que bajar el nivel cada vez más", comentó un analista. La pregunta es si Baños es un síntoma o un actor consciente de ese ecosistema.
El círculo prorruso y el papel de Iker Jiménez
La acusación más seria, sin embargo, no tiene que ver con la salud mental ni con la cuenta de resultados, sino con la geopolítica. En los últimos meses se ha señalado a Baños como parte de un circuito de opinión pública afín a los intereses de Rusia. El patrón, según distintas fuentes, es claro: los mismos nombres aparecen una y otra vez en los mismos platós, con Iker Jiménez como supuesto "gatekeeper" que les da oxígeno en horario de máxima audiencia.
La lista incluye a Rubén Gisbert, Liu Sibaya, Pablo González Yagüe o Pável Rubtsov, este último vinculado a los servicios de inteligencia rusos, según informes de las agencias ucranianas. Baños, por supuesto, no aparece en esos informes como agente, pero su discurso encaja con el de otros invitados que pasaron de no hablar de Rusia a defender posturas favorables al Kremlin casi de la noche a la mañana.
Entre el profeta y el mercader
En mitad del ruido, la figura de Baños se agranda en las redes. Sus seguidores le ven como un hombre lúcido que avisa de lo que nadie quiere oír: la Tercera Guerra Mundial es posible. Sus detractores, como una marioneta de un negocio mediático que premia el apocalipsis. La realidad probablemente esté en un punto intermedio, pero eso no vende.
Mientras tanto, el coronel sigue publicando, sigue opinando y sigue levantando pasiones. La pregunta de si ha perdido el juicio queda abierta. Pero la de si su discurso tiene consecuencias reales, más allá de las cifras de audiencia, sigue sin respuesta.