Los atascos de agosto se esfuman: ¿peak oil o colapso económico?
El último fin de semana de agosto, la DGT registró un aumento del tráfico de apenas un 2% y cero retenciones en los accesos a las grandes ciudades. La explicación oficial: los ciudadanos escalonan mejor los retornos, los trenes y aviones quitan vehículos de la carretera. La realidad que emerge del análisis de datos y tendencias es más cruda: la gente ya no se coge el mes entero de vacaciones porque no puede permitírselo. Y detrás de esa restricción asoman dos hipótesis enfrentadas: el pico del petróleo y el empobrecimiento generalizado.
El fantasma del peak oil
Quienes defienden la teoría del pico del petróleo señalan que la producción mundial de crudo alcanzó su máximo en 2018 y desde entonces el declive energético ha provocado una contracción económica silenciosa. El precio de la gasolina en 1,3 euros no es signo de abundancia, sino de demanda destruida: la actividad industrial cae, el consumo se resiente. La inflación disparada desde 2022, antes incluso de la guerra de Ucrania, sería la manifestación del descenso del EROI (retorno energético de la inversión). Cuanta más energía cuesta obtener energía, menos sobra para el resto de la economía.
Empobrecimiento: el dato que duele
La corriente contraria sostiene que el problema no es la oferta de petróleo, sino la demanda de los bolsillos. El consumo eléctrico en España es inferior al de 2007, pese a tener cinco millones más de personas; la venta de coches y cerveza cae, y las quiebras empresariales batieron récords en 2024. Se argumenta que la gente no viaja porque no tiene dinero, no porque falte combustible. La gasolina barata es, paradójicamente, la prueba de que la economía real se desinfla. Se señala también la impresión masiva de moneda y la deuda como causas de una inflación que pulveriza el poder adquisitivo.
Dos caras de la misma moneda
Ambas posturas encuentran puntos de intersección: un descenso del EROI lleva a menor energía disponible, lo que encarece la producción y, si la demanda no se destruye, los precios se disparan. Pero cuando la demanda se derrumba, los precios se contienen, ocultando el deterioro subyacente. La ausencia de atascos en agosto es un síntoma de que la economía española está perdiendo fuelle, ya sea por el techo energético o por la pérdida de poder de compra.
La pregunta que el dato no responde es cuánto de ese frenazo vacacional se debe a la escasez de energía y cuánto a la falta de renta. La respuesta probablemente no sea una disyuntiva, sino una sinergia tóxica: el peak oil empobrece, y la pobreza acelera el declive energético.
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