Sánchez se refugia en el observatorio de Yebes para ver el eclipse
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interrumpió sus vacaciones en La Mareta, la residencia oficial de Lanzarote, para desplazarse al Observatorio de Yebes, en Guadalajara, y presenciar el eclipse solar. La imagen no habría pasado de lo anecdótico si no fuera porque la instalación permaneció cerrada al público durante la visita. En plenas vacaciones presidenciales, el cierre de un espacio científico a la ciudadanía ha reabierto la discusión sobre el estilo de mando de Sánchez.
La visita y su contrapunto político
El Observatorio de Yebes, conocido por sus telescopios y radiotelescopios, es uno de los enclaves más valorados por los aficionados a la astronomía. Que el presidente decidiera contemplar el eclipse desde allí no sería noticia; la polémica está en que se cerró el acceso a todo aquel que no fuera de la comitiva. Los protocolos de seguridad explican esa medida, pero no aplacan a quienes ven en ella un gesto de distanciamiento. La ironía es que un fenómeno natural, que convoca a miles de personas a asomarse al cielo, haya servido para que la máxima representación del Estado mire en dirección contraria.
Del símil monárquico al debate de fondo
En las reacciones al episodio resuenan, con más o menos fortuna, las comparaciones con los monarcas del Antiguo Régimen. No es difícil encontrar quien recurra a los símiles históricos para ejemplificar la distancia entre el poder y la ciudadanía. Junto al malestar, también se ha subrayado que la veracidad en el discurso político no es, precisamente, la virtud más extendida entre los gobernantes. La cuestión de fondo, sin embargo, no es el eclipse, sino si un presidente debe o no ser capaz de distinguir lo público de lo privado.
Mientras tanto, los ciudadanos que quisieron ver el eclipse tuvieron que hacerlo desde sus terrazas o desde los medios de comunicación, como siempre. El universo no espera a nadie, ni siquiera a un presidente. Y la política, con sus cierres y aperturas, sigue su curso.