El enésimo 'partido liberal de centro' aterriza entre la chanza general
Un nuevo proyecto político se anuncia en España: liberal, centrado, dialogante y amable con las singularidades de la patria. Suena a déjà vu. Y con razón: es el intento número 840.384.034.303 —o eso parece— de crear un partido de centro que, según sus promotores, viene a llenar el vacío entre PP y PSOE. La respuesta de un cierto sector del análisis ha sido inmediata: escepticismo, mofa y la pregunta de siempre: ¿otra vez?
El cadáver de Ciudadanos aún caliente
El recuerdo de Ciudadanos planea sobre cualquier proyecto que huela a liberalismo low cost. La formación naranja intentó algo parecido hace apenas una década: bajada de impuestos, eliminación de cuotas de autónomos, discurso de sensatez. Resultado: fue tildada de extrema derecha por buena parte del ecosistema mediático, acusada de fascismo suave y finalmente engullida por el bipartidismo. El análisis de lo sucedido con Ciudadanos sirve de advertencia: el espacio centrista en España está minado, ya sea por los reflejos clientelares del PP y PSOE o por una polarización que convierte cualquier matiz en herejía.
El 'centro centrado' visto como oxímoron
Hay quien sostiene que la etiqueta de centro no significa nada o es una tapadera para no mojarse. Se apunta que la nueva formación podría derivar hacia el progresismo socioliberal o incluso hacia una socialdemocracia descafeinada. La crítica es feroz: se le acusa de ser un partido para mantener el statu quo, de reciclaje de viejas caras, y de estar financiado por intereses poco claros. Incluso se menciona que uno de sus promotores estaría vinculado familiarmente a la mujer de Nick Clegg, el exviceprimer ministro británico —un detalle que alimenta la desconfianza sobre su independencia real.
¿Hay espacio para algo distinto?
La pregunta del millón es si existe un electorado dispuesto a votar a un partido que no sea ni PP ni PSOE ni Vox ni Sumar. La experiencia dice que el voto de centro se ha ido diluyendo en la abstención o ha sido fagocitado por los bloques. Que el proyecto se presente como una 'plataforma independiente de la sociedad civil' no convence a nadie: las siglas acaban siempre devoradas por la maquinaria de partido.
Por ahora, el nuevo partido es solo un anuncio y una página web. Pero el escepticismo es tan denso que, si no cuaja esta vez, probablemente lo intenten de nuevo dentro de unos años con otro nombre, otro líder y las mismas promesas. Será el día de la marmota, otra vez.