14 años de tickets para desmontar el relato sobre Mercadona
Según el recuento que defiende quien abre el hilo, Mercadona no sube los precios cada dos por tres. Durante más de una década los mantuvo clavados en decenas de productos básicos, sin tocar un céntimo, y eso, sostiene, no es una impresión de barra de bar: hay papeles. Alguien que lleva catorce años guardando cada ticket de compra —una carpeta entera, dice— mantiene que el problema no es la frecuencia, sino el golpe. Cuando la cadena decide moverse fuertemente, lo hace de una vez y sin anestesia.
Lo llamativo no es el método, sino lo que revela sobre cómo se mide la inflación oficial frente a la cesta real de una familia. Un zumo que costaba 0,57 € en 2008 y 0,58 € en 2018, o una gaseosa que sigue a 0,26 € trece años después, dibujan un supermercado mucho más estable de lo que sugiere el ruido de cada cuesta de enero.
Los precios que Mercadona mantuvo congelados más de una década
La lista es larga y está fechada. El pan de molde de 28 rebanadas pasó de 1,15 € en 2008 a 0,95 € en 2018: bajó. El zumo de piña-uva de un litro se quedó en 0,57 € en 2008 y 0,58 € diez años más tarde. La gaseosa de 1,5 litros no se movió de 0,26 € entre 2008 y 2021. El pepinillo grueso en vinagre costaba 1,40 € en 2008 y 1,40 € en 2021.
- Agua mineral de 6 litros: 0,63 € en 2011 y 0,56 € en 2021.
- Arena de gato de 5 kg: 0,90 € en 2011 y 0,85 € en 2021.
- Arroz tres delicias congelado (1 kg): 2,32 € en 2012 y 2,32 € en 2019.
- Lechuga iceberg: 0,85 € en 2011 y 0,79 € en 2022.
- Pan de barra (3 unidades de 250 g): 1,20 € en 2011 y 1,10 € en 2019.
La interpretación que se defiende con estos datos es incómoda para ambos bandos. Para los que acusan a la cadena de subir cada mes, porque muchos productos llevaban una década sin tocarse. Y para los que la defienden a capa y espada, porque el final de esa congelación no fue una subida suave: la arena de gato pasó de 0,85 € en 2021 a 1,35 €, un 59% más, según el mismo recuento.
Menos peso y menos calidad: la subida que no aparece en el ticket
El argumento que más se repite contra esa foto fija es que el precio se mantiene porque encoge el producto. Al pan de molde se le baja el gramaje, a la carne se le inyecta agua. Un comprador describe cómo la pechuga suelta líquido en la sartén hasta formar un dedo de agua y perder la mitad del tamaño al cocinarse, un fenómeno que atribuye a la mayoría de carnes y pescados de la cadena. Otro apunta a la carne picada, que al echarla sin aceite expulsa agua durante toda la cocción.
Si eso es cierto en general o solo en algunos lotes, el material no lo resuelve. Quien lo defiende asegura tener pendiente una comparación entre la carne picada de Mercadona y la de otra cadena, con el desglose de agua expulsada medido a media y a final de cocción. El detalle fino, con fotos de cada fase, no se reproduce aquí entero: la conclusión del experimento se queda apuntada.
¿Por qué el pan de pueblo subió 40 céntimos en dos meses?
Porque el ciclo de la congelación se rompe de golpe y después se dispara, según quien anota los precios. En febrero de 2022 el pan de pueblo costaba 1,15 €, un precio que llevaba años estable. En marzo, 1,40 €. Y en abril, 1,55 €. Tres precios distintos en tres visitas, con la ironía de que quien los anota lo hace precisamente para demostrar que la cadena no toca los precios a menudo. Otro usuario apunta que los cruasanes han corrido parecido: de 1,20 € a 2,40 € en unos meses. Y otro participante cifra la salsa tipo mostaza en un salto de 0,90 € a 1,25 €, un 38% más.
Ahí está el matiz que desactiva las dos trincheras. No es que la subida sea constante, es que es discontinua y brutal: una década plana y luego un escalón que se come el margen de cualquier presupuesto doméstico. Y en ese escalón aparecen también las cosas pequeñas, como los 0,15 € que cuesta la bolsa en caja o la leche de arroz a 1 € el litro que se coge por probar.
El IPC que no cuadra con la cesta de la compra
La sospecha de fondo es que el índice oficial mide mal lo que paga una familia. Un participante señala que las galletas básicas tipo tostada o María han pasado de 0,95-0,99 € a 1,30-1,35 € tanto en esta cadena como en otras. Una subida de ese tipo en un producto de primera necesidad, según ese relato, no la tapa ninguna ponderación estadística. De ahí que se acumulen los tickets: para tener la propia serie histórica, sin depender de lo que publique un organismo.
También hay quien mira el margen. Si algunos artículos llevan años sin subir, la explicación no sería la generosidad, sino que ya se cobraba lo suficiente desde el primer día. Es una hipótesis, no un dato auditado, pero encaja con la otra mitad del relato: la variedad, la calidad y el precio real dependen mucho de en qué cadena se compre cada cosa.
Con estos números encima de la mesa, lo razonable es esperar dos cosas. Que la cadena vuelva a congelar precios durante años en el surtido que le interese defender, y que el próximo escalón, cuando llegue, vuelva a pillar a todo el mundo a contrapié. La carpeta de tickets seguirá ahí para demostrarlo.