Rufián formaliza su candidatura: Sumar Más País, el partido que nadie creía
El diputado de ERC Gabriel Rufián ha confirmado que su proyecto político va en serio: la creación de un nuevo partido bajo el nombre, según fuentes del sector, de «Sumar Más País», una escisión que agrupa a descontentos de Podemos, Más País y el propio independentismo moderado. El anuncio, que hace meses se tomó como una broma o una bravata, ha forzado a la izquierda española a reconfigurar sus alianzas de cara a un escenario electoral aún sin fecha.
Lo que empezó como un rumor en redes sociales —«la charlotada de Rufián», se decía— se ha materializado en un movimiento que, según los primeros análisis, busca captar el voto joven y desencantado con las siglas tradicionales. Sin embargo, el escepticismo es la tónica dominante: se duda de la viabilidad de un partido liderado por un independentista confeso en el resto de España, y se especula con que la operación responde a una estrategia del PSOE para fragmentar aún más a la izquierda.
¿Una maniobra de Sánchez para controlar el voto a su izquierda?
Una corriente de análisis sostiene que el nuevo partido es en realidad una jugada de Ferraz para evitar que el voto que ya no va a Podemos ni a Sánchez se disperse demasiado. Sumar Más País actuaría como un «aspirador» de votos a la izquierda del PSOE, tal y como se hizo con la creación de Podemos en su momento. Pero la elección de Rufián como cabeza visible levanta ampollas: su perfil independentista y su trayectoria en ERC le restan atractivo en territorios como Castilla-La Mancha o Extremadura, donde la izquierda es más tradicional.
Otros analistas apuntan a que el verdadero objetivo es arañar votos independentistas en Cataluña y el País Vasco, dando por perdidas el resto de circunscripciones. Rufián, que en Cataluña ha perdido buena parte de su crédito, necesitaría un colchón de votos fuera de su comunidad para mantener el escaño en Madrid.
El espejismo de la renovación: «más de lo mismo»
El escepticismo es transversal. Para muchos, Sumar Más País no es más que el último recurso de un político que, tras años de mamandurria, se resiste a volver al sector privado. La falta de experiencia laboral fuera de la política de la mayoría de sus integrantes —Rufián incluido— alimenta la percepción de que se trata de un refugio para vividores. La etiqueta de «partido nuevo» se usa como reclamo para votantes cándidos, pero las caras son las de siempre.
Lo que está claro es que el movimiento ya ha provocado cuchillos volando dentro de la izquierda: Frente Obrero ha descartado sumarse, y la tensión con el núcleo duro de Podemos es máxima. Aunque el proyecto se presentó con una puesta en escena profesional —eventos en redes, tiktoks y tuits—, la pregunta que flota es si llegará a las urnas con opciones reales o quedará en un nuevo engendro de salón.
¿Y ahora qué?
Con un horizonte electoral difuso —Rufián ha mencionado «18 meses» sin concretar—, Sumar Más País deberá demostrar que no es una ocurrencia más. La izquierda española, ya fragmentada, se enfrenta a una nueva escisión que, según la ingeniería electoral de algunos, podría beneficiar a Sánchez al aglutinar el voto a su izquierda. Pero también corre el riesgo de que, como tantas veces, el nuevo partido se quede en un suspiro. De momento, el único consenso es que Rufián se juega su futuro político: si fracasa, su vuelta a la vida civil será, cuanto menos, incómoda.
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