Rory B Bellows
Madmaxista
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Un tuit califica de «farsa» a un político de origen ecuatoriano por tener la nacionalidad española. La ley exige renunciar a la nacionalidad anterior salvo en casos concretos, como los iberoamericanos. La publicación de X es breve y va al hueso: una foto de un político y el comentario «Menuda farsa de tío». El reproche no es por una medida ni por un discurso. Es por el pasaporte.
Un tuit califica de «farsa» a un político de origen ecuatoriano por tener la nacionalidad española. La ley exige renunciar a la nacionalidad anterior salvo en casos concretos, como los iberoamericanos.
La publicación de X es breve y va al hueso: una foto de un político y el comentario «Menuda farsa de tío». El reproche no es por una medida ni por un discurso. Es por el pasaporte. El asunto de fondo es si alguien nacido en Ecuador puede ser español de pleno derecho y, sobre todo, si eso le convierte en un impostor.
España no reparte nacionalidades por simpatía. La vía ordinaria exige diez años de residencia legal, y quien la solicita debe renunciar a su nacionalidad anterior. Hay excepciones: los nacionales de países iberoamericanos, entre ellos Ecuador, pueden pedirla con dos años de residencia y no están obligados a renunciar a la de origen. Es decir, se puede ser ecuatoriano y español a la vez. La ley lo permite, no lo tolera.
El régimen de doble nacionalidad con Iberoamérica existe desde hace décadas y afecta a millones de personas. Un ecuatoriano con DNI español vota, cotiza y puede presentarse a elecciones si cumple los requisitos. Llamarlo farsa es llamar farsa a un procedimiento administrativo que lleva funcionando sin escándalo. Otra cosa es discutir si la ley debería ser más estricta. Eso es un debate político legítimo. Pero el tuit no debate: descalifica.
El mensaje no aporta ningún dato sobre el político en cuestión. No dice cuándo obtuvo la nacionalidad, ni por qué vía, ni si renunció a algo. Solo insinúa que hay algo fraudulento en el hecho mismo de tener dos pasaportes. Y ahí está el problema: convierte una situación legal y común en una sospecha. Si el reproche es que un político con doble nacionalidad no debería ocupar ciertos cargos, habría que decirlo y proponer el cambio normativo. Si es que su origen le hace menos español, eso no es un argumento jurídico.
La nacionalidad no es un carné de pureza. Es un vínculo legal que se acredita con papeles, plazos y juramentos. Confundir eso con una farsa dice más de quien tuitea que de quien aparece en la foto.
Menuda farsa de tío. pic.twitter.com/9voEmo81hi
— Caos_Ibéeerico Ver publicación en X
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