Óscar Puente y sus bromas en el ascensor: ¿qué os parece?

Óscar Puente y sus bromas en el ascensor: ¿qué os parece?
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Óscar Puente acude como invitado al 'Ascenshow' de Marc Giró en La Sexta, un espacio de entrevistas donde el ascensor es el escenario. La broma sobre el ministro circula en redes mientras él mantiene su perfil público. La escena es sencilla: un ascensor, un invitado y Marc Giró.

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Óscar Puente acude como invitado al 'Ascenshow' de Marc Giró en La Sexta, un espacio de entrevistas donde el ascensor es el escenario. La broma sobre el ministro circula en redes mientras él mantiene su perfil público.

La escena es sencilla: un ascensor, un invitado y Marc Giró. El programa 'Ascenshow' de La Sexta emite el miércoles a las 23:00 una entrega con Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, como uno de los invitados. También pasan por el espacio María Patiño y Fito Páez. La broma sobre el ascensor y el ministro circula por redes, pero el formato en sí es una entrevista con humor, no un espacio de debate político.

El formato y sus reglas

'Ascenshow' convierte el ascensor en plató. Giró entrevista a figuras públicas en un espacio reducido, con un tono que mezcla la conversación y el chiste. Que un ministro en activo se preste a ese registro no es habitual, y menos en un momento de exposición pública intensa. La cita es el miércoles a las 23:00 en La Sexta, con disponibilidad en Atresplayer.

La broma como estrategia

Un ministro que acepta el juego del ascensor busca humanizar su imagen. La política española lleva tiempo usando la televisión no informativa para llegar a públicos que no ven telediarios. El riesgo es que el chiste tape el mensaje. El beneficio, que el mensaje llegue. Puente, con perfil de redes activo, encaja en ese cálculo.

Qué se juega el ministro

La entrevista no cambia una política pública, pero sí su percepción. Un invitado que ríe en un ascensor proyecta cercanía; uno que se incomoda, distancia. El formato apuesta por lo primero. El miércoles se verá si la broma suma o resta.

Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.
 
Aquí le retratan bien.



Óscar Puente, profecía de gloria

Luis Miguel Fuentes

28 / 10 / 2026



Óscar Puente es un ministro con veinte pulgares y pico de pato, es la misma gloria bamboleante, como un distribuidor ilegal desfondado en el desierto, con vocación de costillar seco y lengua de arena. Óscar Puente es el Igor de Sánchez, es el hombre del saco, es el percherón que relincha, es la guadaña de mondadientes, la boca de cepo y la piel de púas; es el chato de la banda, el cantinero de los perecid, el enterrador de lo público bajo la luna gótica, decadente y putrefacta del sanchismo. Puente es el gafe que sólo es incompetente, es el matón que sólo es fistro, es el torpe que sólo es vago, es el ministro con menos ministerio de todo este Gobierno sin responsabilidades, es el icono de zócalo bananera de esta España ya bananera, que empieza un viaje en Madrid y se despeña como por Bombay. Sí, Puente es el político bananera, con arboladura bananera de cancelar trepa, en la España ya bananera de la corrupción y la propaganda, en la que sólo funciona lo que va bajo mordida, la España bananera de los presidentes con bailecito de cocos, besitos con hilillo de angustia y kermés televisiva. Óscar Puente, con alma y faz de pez zaina, nunca tuvo que estar en un gobierno y ahora no puede seguir ni de ministro ni a la vista.

Lo que ha pasado aquí, ya dos veces en apenas diez meses, no debería haber pasado. Que en Europa, en 2026, los trenes de alta velocidad se paren, choquen, vuelquen, vuelen, ardan como si fueran caravanas de colonos por un Oeste castellano o bandolero; que gente que sólo iba a sus casas, o al curro, o al hospital, o la facu, o a ver a la novia, esa novia oblicua, triste y alegre de todas las estaciones de tren, terminen aterrados, abandonados, perdidos, heridos o perecid, como si el tren pasara por territorio comanche, eso no debería pasar. La gente no debería subir a un tren persignándose, con testamento y amuleto, con cerbatana y cantimplora, con alforja y faca, menos aún subirse para no llegar. Sí, esto no debería pasar, pero si además los responsables no se dedican a lo que deberían, sino a bailar con osos de peluche, más como pervertidos que como irresponsables o frívolos, como hizo Puente con Marc Giró, a estar todo el tiempo dando zascas con azadón y tuiteando con el sobaco, ese sobaco parlante de Puente, todavía peor. Ya glosaba yo el otro día que, en lo de Marc Giró, Puente se atrevió a decir que lo único que pasaba es que había muchas obras y que los trenes eran viejos. “Mientras tanto, vamos a sufrir un poco”, remató. Vamos a sufrir y hasta a morir.

Óscar Puente es el sanchismo montuno, es la política a coces, es la cara dura sin afeitar, es el tercermundismo aceptado e innegable, como si viniera a vernos, haciendo promesas y espantando moscas, un ministro montado en burro. Pero, sobre todo, Óscar Puente es la profecía de gloria que nos traía la misma Gloria, el innegable aviso de la gloria por su propia mano. No sólo por esas hechuras que tiene él de moverse siempre con guadaña, que decía yo el otro día también, sino porque ya habíamos visto la gloria o la inminencia de la gloria, pasando rasante y rozante por la ventanilla de los trenes. Y habíamos visto también al mismo Puente huyendo de todo con su pesado aleteo de vampiro gallináceo. Todos los que cogemos ese tren para desandar hasta el pueblo o hasta el amor sabíamos, antes de Adamuz y después de Adamuz, hace dos años, hace un año y hoy mismo, que aquello no funcionaba.

No era normal el tren colgado de un cable o varado en el campo, esperando la puesta de sol o el sacrificio final, como una vaca; no eran normales los retrat, los meneos, los sustos, los tabardillos, los avemarías, los silencios y las excusas. Lo que ha pasado, otra tragedia que, recuerden, según Sánchez pasa porque “desgraciadamente, los accidentes ocurren”, no sería normal ni aunque volvieran a conducir los trenes con gorra de deshollinador, menos con los actuales sistemas automáticos. Pero parece que esos sistemas, ahora, se pueden desactivar con aquellos silbatos, banderines o faroles de factor de estación, que a ver para qué tanta modernidad. El caso es que la tragedia ha vuelto a ocurrir y el Gobierno dice (lo dijo prontísimo, como espantando, antes que nada, otra vez, su responsabilidad) que ha sido un “error humano”, algo que ya es una confesión. Quiero decir que el que pueda haber un error humano ya significa que el sistema no funciona. Sabíamos que no funcionaba, cuando estábamos en el tren esperando el veredicto del azar como el del médico, y lo sabía también Puente mientras hacía discoteca por el ministerio o ministerio por las discotecas.

Óscar Puente es el matasiete con escolta, es el gigantón deshuevado, es el ministro altanero que en realidad está hundido dentro de sí mismo, dentro de su chaqueta como una escombrera de huesos, igual que todos los fistros y los impostores. Óscar Puente, que con lo de Adamuz decía que “él no ha soldado las vías”, que ante la nueva tirada de los dados o ante el nuevo vuelo de la guadaña decía que “la probabilidad de que otro accidente de estas características se produzca es bajísima, tranquilidad”, que ante el miedo de ese españolito que tomaba el tren como la diligencia decía que “el miedo es libre”, que ante la incredulidad de los propios perecid decía que “el tren vive en España el mejor momento de su historia”; Óscar Puente, en fin, se dispone a repetir todo su repertorio de cabezadas, pretextos y, pronto, chistes y bailoteos. Óscar Puente, una manola de las tumbas, manijero de las desgracias, tuitero en su ministerio, perezoso en su rama, último regalito del aciago sanchismo y, sin duda también, herencia de la pasividad, el sectarismo, el cinismo y el negocio de tantos, no debe continuar ni en el Gobierno ni a la vista. Tiene que irse él, y también todo el sanchismo, a pastar por ahí, a esperar abandono o sentencia justo por donde se pierden, a veces para no volver, nuestros trenes, nuestros amigos, nuestros familiares, nuestras novias de ventanilla, con toda la luz de la vida y de las promesas en los ojos.

https://www.elindependiente.com/opinion/2026/10/28/oscar-puente-profecia-de-gloria/
 

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