Palantir pide conscripción universal mientras España revisa su reserva militar
En plena escalada con Irán, que ya suma siete semanas, la petición de Palantir —la empresa de análisis de datos vinculada a los servicios de inteligencia— de instaurar el servicio nacional obligatorio en EE.UU. ha reabierto una pregunta incómoda: ¿puede llegar el reclutamiento forzoso a España? Al fondo, el artículo 30 de la Constitución sigue ahí, con su deber de defender a España, y una generación que nunca hizo la mili observa con desconfianza.
La mili silenciosa: la vía económica y el vacío legal
El argumento que ha cobrado fuerza es que la obligación no llegará por decreto, sino por asfixia. Si la economía se interviene como en 2020, las ayudas pueden ligarse a colaborar con la defensa y quienes no se alisten quedarán sin ingresos. Al mismo tiempo, la figura del reservista obligatorio ya existe, y el procedimiento tiene un punto ciego: para adquirir la condición militar hay que firmar un documento. ¿Y si uno se niega? El escenario no está claramente contemplado, y ahí se concentra la especulación.
Se ha mencionado que bastaría una condena por delito doloso para quedar excluido del servicio, una vía que algunos ven como un boquete legal. La discusión ha llegado incluso a las inteligencias artificiales: si te niegas a firmar, ¿eres militar o civil? Las penas son distintas, y la respuesta condiciona todo lo demás.
La respuesta alemana y las protestas
Alemania ya anunció la vuelta del servicio militar a finales del año pasado, y la reacción no se hizo esperar: dos huelgas estudiantiles masivas y cientos de manifestaciones. Una parte del análisis interpreta esos anuncios como un aviso deliberado: se da tiempo a la población para reaccionar, se calibran las resistencias. El movimiento #pasopalabra propone aprovechar ese margen antes de que el mecanismo se ponga en marcha.
En el lado opuesto, hay quien sostiene que la resistencia es ilusa. Cuando llega la guerra, se acaba el derecho, y la negativa se convierte en traición. La memoria de la guerra civil española se invoca con crudeza.
Palantir, la guerra y el negocio de la vigilancia
La declaración de Palantir no es un gesto desinteresado. La empresa vende software de vigilancia y análisis, y un entorno de conflicto permanente multiplica su mercado. El 19 de abril publicó en X su llamamiento a la conscripción universal, argumentando que todos deben compartir el riesgo y el costo. El 21 de abril la noticia ya circulaba en páginas especializadas.
En este contexto, la sospecha es doble: no solo se recluta a los jóvenes, sino que se vigila a quienes se quejan. El dato que descoloca cierra el círculo: la empresa que más gana con el miedo pide que todos pasen por el cuartel. Nadie ha explicado aún cómo evitar que el patriotismo se convierta en una cuenta de resultados.