La foto del niño muerto no se repite en Ceuta: conmoción selectiva
Los muertos solo existen si hay foto. La imagen del niño inmigrante tendido en una playa dio la vuelta al mundo y se convirtió en símbolo de la crisis migratoria. Ahora, con más de 100 fallecidos en las aguas de Ceuta, no hay ni una imagen que circule. ¿Un fallo del azar? Muy poco probable.
La lógica de la conmoción selectiva
El argumento central es sencillo de formular: los muertos se usan cuando conviene políticamente. En el caso de la fotografía del niño en la playa, el valor simbólico era perfecto: víctima inocente, escenario reconocible, composición pensada para el impacto. Aquello fue la imagen de la crisis. En Ceuta, con más de cien muertes, no ha aparecido una sola foto. La lectura más extendida no habla de prudencia editorial, sino de rentabilidad: si esas imágenes no mueven votos, no tienen valor de publicación.
El contraste de las Ramblas: la foto devuelta al remitente
La selectividad no es patrimonio de un solo bando. El atentado de las Ramblas dejó un único niño fallecido, Xavier Martínez, de 3 años. Su cara acabó como imagen de perfil entre sectores independentistas, que además difundieron la teoría de que el ataque fue organizado por el gobierno de Mariano Rajoy para perjudicar a Cataluña en vísperas del 1-O. Sin base probada todo ello. Aquella imagen sí se viralizó, pero orientada a un relato concreto: el mismo mecanismo en dirección contraria.
Si la publicación de imágenes responde a la lógica electoral, la próxima tragedia migratoria puede volver a quedarse sin rostro. Salvo que aparezca la fórmula para convertir un cadáver en votos. La historia reciente sugiere que, en esa matemática, la vida de un niño pesa solo cuando la foto puede inclinar la balanza. Allá cada cual con la conclusión.