Orígenes de la CIA y el nacionalismo ucraniano: Guerra de Guerrillas, Sabotaje y Evasión en la URSS-Rusia desde 1947...Documentos desclasificados CIA

Orígenes de la CIA y el nacionalismo ucraniano: Guerra de Guerrillas, Sabotaje y Evasión en la URSS-Rusia desde 1947...Documentos desclasificados CIA
RESUMEN

La CIA estableció contacto con grupos nacionalistas ucranianos en abril de 1946 y acabó financiando y entrenando infiltraciones en la URSS entre 1949 y 1953, con resultados operativos desastrosos. La alianza derivó después hacia la propaganda y la investigación, y la propia agencia protegió a algunos de sus líderes de las peticiones soviéticas de extradición.

El final de la Segunda Guerra Mundial dejó en la zona de ocupación estadounidense en Alemania a más de 2,3 millones de personas desplazadas. Muchas se negaban a volver a territorios bajo control del Ejército Rojo. Entre ellas había ucranianos anticomunistas con experiencia de combate y cuentas pendientes. La inteligencia estadounidense vio ahí una oportunidad.

El primer contacto formal llegó en abril de 1946. Lo estableció la Unidad de Servicios Estratégicos (SSU), sucesora de la OSS, a través de Boleslav A. Holtsman, oficial de contrainteligencia en Múnich. El objetivo era doble: recoger información sobre la URSS y preparar fuerzas de resistencia paramilitar por si estallaba un conflicto armado. La CIA no existía todavía como tal; nacería en 1947.

Un socio incómodo: colaboracionismo y penetración soviética

Antes de firmar nada, los oficiales estadounidenses pusieron objeciones serias. El coronel William Quinn, director de la SSU, advirtió de que se sabía muy poco de la historia y las motivaciones reales de aquellos grupos. Recomendó investigar su fiabilidad antes de mover ficha. No era paranoia: muchos ucranianos anticomunistas habían servido en filas alemanas durante la guerra y estaban vinculados a atrocidades contra poblaciones polacas, judías y comunistas.

Quinn fue más lejos. Definió a los líderes emigrados como «hábiles intrigantes políticos» dispuestos a manipular a Estados Unidos. Y señaló el riesgo de penetración por parte del espionaje soviético. La calidad de la inteligencia que aportaban tampoco ayudaba: para 1947, oficiales como Harry Rositzke, jefe de la División Soviética de la CIG, y el cuartel general de la CIA concluyeron que la información era de baja calidad, tácticamente irrelevante e ideológicamente sesgada.

El consultor Zsolt Aradi evaluó las distintas facciones. De un lado, el grupo Referat-33, vinculado al ZPUHVR, con el sacerdote greco-católico Iván Hrinioch, Yury Lopatinsky y Mykola Lebed, cofundador de la OUN y ministro de Exteriores del ZPUHVR. Lebed había sido condenado a muerte en Polonia en 1934 por el asesinato del ministro del Interior polaco. Aradi los consideró el grupo más disciplinado y menos comprometido en luchas internas. Del otro, Stefan Bandera y la facción radical de la OUN, con métodos terroristas antes de la guerra y colaboracionismo inicial con los nazis en 1941.

La ruptura entre ambos llegó en agosto de 1948, cuando el ZPUHVR rompió formalmente con Bandera por su postura autoritaria e intransigente hacia Occidente. Un caso aparte fue el de Myron Matvieyko, jefe del servicio de seguridad de la OUN y exagente de la Abwehr nazi. Tras años de información poco fiable y actividades criminales, la CIA lo despidió en 1950. Desertó a la URSS en 1951, lo que confirmó las sospechas de que actuaba como agente doble soviético.

Del papel a los paracaídas: los proyectos de infiltración

El marco legal cambió a finales de 1947. La directiva NSC 4-A, aprobada en diciembre, autorizó a la CIA a ejecutar operaciones psicológicas y de acción encubierta. En marzo de 1948, la propuesta SANACC 395, impulsada por Frank Wisner, promovió el uso intensivo de exiliados soviéticos para propaganda y operaciones clandestinas. En octubre de ese año, el Proyecto ICON concluyó que el ZPUHVR era la organización más apta y segura para trabajar.

Los primeros ensayos llegaron entre 1946 y 1947 con los proyectos BELLADONNA, LYNX, TRIDENT y UKULELE. La fase operativa despegó entre 1949 y 1953 bajo ANDROGEN, luego CARTEL, y REDSOX. La CIA financió y entrenó a mensajeros ucranianos, los llamados Apóstoles, para lanzarlos en paracaídas desde Múnich hacia Ucrania. Los lanzamientos comenzaron en septiembre de 1949 y fueron un desastre.

Los registros de la propia agencia lo detallan sin adornos. En 1949 se lanzaron dos mensajeros en el oeste de Ucrania; sus equipos de radiotelegrafía se destruyeron al impactar contra el suelo y ambos fallecieron. En 1950 se infiltraron cuatro operadores de radio con el mismo resultado: equipos destrozados al caer. Un agente fue capturado por las fuerzas soviéticas, otro se suicidó ante la inminencia de su captura, el líder del equipo logró volver por tierra a Alemania y el cuarto permaneció en Ucrania hasta ser reportado muerto en acción.

En 1951 hubo un lanzamiento exitoso de cuatro partisanos, tres de ellos radiooperadores, con el equipamiento intacto. Mantuvieron contacto por radiotelegrafía con la CIA, aunque perdieron después a uno de los agentes. En agosto de 1952 había enlace radial activo con la resistencia, cinco agentes entrenados listos para infiltrarse y planes para crear una red encubierta en el este de Ucrania mediante un agente independiente. La CIA suspendió las infiltraciones aéreas después de 1953.

Presupuesto, propaganda y protección de los activos

El dinero no era simbólico. El plan para el año fiscal 1953 del Proyecto AERODYNAMIC, fechado el 8 de agosto de 1952 y desclasificado en 2007, solicitaba 660.000 dólares. De esa cantidad, 431.000 iban a personal: un contingente de 208 personas entre empleados de la CIA, agentes de carrera, consultores y personal detallado. Suministros y equipamiento se llevaban 319.000, con 15.000 para armamento. Gastos operativos y subsidios sumaban 129.000.

La guerra psicológica tenía su propia línea. La CIA subvencionó el periódico ucraniano en el exilio Sucasna Ukraina con 36.000 dólares, y financió folletos, panfletos y carteles para distribuir en las óblasts occidentales y orientales de Ucrania. También se creó un centro de información ucraniano para difundir las actividades de la resistencia. Había coordinación con la Fuerza Aérea estadounidense para la logística de los lanzamientos y con la Voz de América para enviar mensajes cifrados camuflados como texto inocente.

El capítulo más delicado fue el de la protección. Para preservar la cooperación, la CIA defendió a figuras como Bandera y Lebed ante las demandas soviéticas de extradición por crímenes de guerra, matizando sus antecedentes colaboracionistas ante la Comisión de Personas Desplazadas y el Servicio de Inmigración de Estados Unidos. En 1949 trasladó a Lebed a Nueva York. Con financiación de la agencia, el ZPUHVR estableció un instituto de investigación y la editorial Suchasnist, y reorientó su lucha hacia la propaganda y la investigación académica contra la URSS hasta el colapso del bloque soviético.

Un balance que la propia agencia discute

El historiador de la CIA Kevin C. Ruffner examinó en un estudio los orígenes, los dilemas morales y los resultados de estas alianzas entre 1945 y principios de los cincuenta. Su conclusión no es cómoda: las misiones paramilitares fueron trágicas e ineficaces sobre el terreno. Los agentes lanzados en paracaídas duraron poco y la mayoría acabó capturada o muerta.

Ruffner cita a Gordon M. Stewart, jefe de la misión de la CIA en Alemania, para quien la necesidad de obtener inteligencia en el punto más crítico de la Guerra Fría justificó el programa. Stewart sostuvo también que el trabajo continuo de estos grupos contribuyó a largo plazo a la desintegración final de la Unión Soviética. Es una tesis discutible y el propio documento la presenta como reflexión, no como resultado medido.

Lo que queda claro es el patrón. Una agencia recién creada, sin conocimiento profundo del terreno, reclutó a un socio con un historial comprometido, le pagó, lo entrenó, lo lanzó al vacío y, cuando el fracaso fue evidente, recicló la relación hacia la propaganda y la protección de sus líderes. La necesidad de inteligencia pesó más que las advertencias sobre fiabilidad. Eso también forma parte del legado.

Datos clave
  • El primer contacto entre la inteligencia estadounidense y los nacionalistas ucranianos se produjo en abril de 1946, a través de Boleslav A. Holtsman en Múnich.
  • La directiva NSC 4-A, aprobada en diciembre de 1947, autorizó a la CIA a ejecutar operaciones psicológicas y de acción encubierta.
  • Los lanzamientos aéreos iniciados en septiembre de 1949 fracasaron: en 1949 y 1950 los equipos de radio se destruyeron al impactar y la mayoría de los agentes fueron capturados o murieron.
  • El plan presupuestario del Proyecto AERODYNAMIC para el año fiscal 1953 solicitaba 660.000 dólares y contemplaba 208 personas.
  • Myron Matvieyko, jefe del servicio de seguridad de la OUN y exagente de la Abwehr, fue despedido por la CIA en 1950 y desertó a la URSS en 1951.
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