España acogerá el Mundial 2030 con Portugal y Marruecos
La FIFA confirmó el 4 de octubre de 2023 que la candidatura ibero-marroquí liderada por España es la única que opta al Mundial 2030 y que el torneo se repartirá entre seis países. La decisión del Consejo, anunciada por Gianni Infantino, se trasladará a un Congreso extraordinario fijado para diciembre de 2024. España volverá a organizar un Mundial 48 años después, con los partidos inaugurales desplazados a Uruguay, Argentina y Paraguay como guiño a la Copa de 1930.
El problema no es el
fútbol. Es la factura. El Gobierno cifra la inversión necesaria en
1.430 millones de euros, de los que 750 irían a infraestructuras y 680 a gastos de organización. Una cifra que se queda corta frente a los 200.000 millones de dólares de Catar o los 15.000 millones de Brasil 2014, lo que invita a preguntarse qué se está contando y qué no.
Quién paga el Mundial 2030 y cuánto cuesta
El Consejo de Ministros ya aprobó a finales del año anterior un real decreto que concedía una subvención directa de
7,5 millones de euros a la Real Federación Española de Fútbol para preparar la candidatura. Ese dinero se destinó a eventos, oficina técnica, difusión en medios, centros de entrenamiento y soporte tecnológico. La punta del iceberg, en palabras del propio CSD.
La duda que sobrevuela cualquier evento de este calibre es el reparto de comisiones. Con tres federaciones implicadas y seis países en el organigrama, hay quien sostiene que las mordidas se multiplican por tres en lugar de dividirse. El histórico de la FIFA no ayuda a disipar la sospecha.
El caso Rubiales y el miedo a perder la sede
Uno de los temores más repetidos durante las semanas previas al anuncio fue que la polémica generada por el caso Rubiales contaminara la candidatura. El presidente del CSD llegó a anunciar que se pondría en contacto con la FIFA para que el asunto no afectara a las opciones españolas. Esa comunicación se produjo y, según el relato oficial, devolvió la confianza en Infantino.
También Pedro Sánchez, entonces presidente del Gobierno en funciones, aprovechó un encuentro en Nueva York con Infantino para transmitirle que los tres países trabajaban en una candidatura «sólida y ambiciosa». La diplomacia funcionó. O eso dicen.
El reparto de sedes: 18 estadios y una incógnita
La FIFA apunta a un total de
18 sedes. El reparto provisional dejaría 10 estadios en España, 4 en Marruecos y 3 en Portugal, con una última sede aún por asignar que se disputan España y Marruecos. Los requisitos son estrictos: mínimo 40.000 espectadores para fase de grupos, 60.000 para semifinales y 80.000 para la final.
Los estadios que cumplen el umbral alto son el Bernabéu, el Camp Nou y el futuro estadio de Casablanca, previsto para 2025 con más de 90.000 localidades. En el siguiente escalón aparecen el Metropolitano, el Nuevo Mestalla, La Cartuja, Da Luz y Tánger. La pelea por la final entre Madrid y Barcelona está servida.
Las ciudades que se quedan fuera
El mapa final de sedes españolas deja fuera a la tercera ciudad del país, a toda Castilla y León, a Asturias, Murcia, Alicante-Elche y Palma. En Sevilla, con tres estadios nuevos previstos de más de 50.000 espectadores, la elegida es La Cartuja, la de la pista de atletismo. En 1982 hubo catorce ciudades para 24 selecciones; ahora, nueve para 48.
El calendario añade otra rareza: los partidos sudamericanos se jugarán el 8 y 9 de junio, varios días antes de la ceremonia inaugural prevista para el 13 de junio, para que los equipos digieran el jet lag. Un Mundial con tres husos horarios y seis anfitriones.
El rechazo a compartir cartel con Marruecos
Buena parte del malestar no viene de las cifras, sino de la elección de socio. Hay quien sostiene que con Portugal el acuerdo tiene sentido, pero que compartir organización con Marruecos sobra. El argumento recurrente: España ya organizó un Mundial en solitario en 1982, con menos experiencia e infraestructuras, así que no hay necesidad técnica de sumar terceros.
En el lado opuesto, la lectura es más pragmática: era la única candidatura y el reparto de sedes deja a España con la mayoría. La discusión sobre qué pasará con Ceuta y Melilla en 2030, o sobre los flujos migratorios que pueda atraer el evento, aparece en el debate con tono agrio. También con la advertencia de que subir el IRPF y el IVA dos puntos para pagar la fiesta es una posibilidad nada descartable.
Con estos números sobre la mesa, lo razonable sería esperar un debate público serio sobre costes, retorno y legado. Lo que hay es una candidatura única, un Congreso que ratificará en diciembre de 2024 y una factura que aún no ha empezado a llegar. Si el patrón de los últimos grandes eventos se repite, la cifra de 1.430 millones se quedará corta antes de que ruede el primer balón.