Nunca fue tan fácil ganar dinero: ¿por qué a muchos no les sale?

Nunca fue tan fácil ganar dinero: ¿por qué a muchos no les sale?


La analogía de las estrellas cojea en un punto y acierta en otro. Acierta en el reparto: la renta es suma cero, y si todos venden lo mismo, se desploma el precio y el diferencial desaparece. Cojea en la producción: la productividad no es suma cero como la belleza, se puede multiplicar de verdad. Pero da igual, porque lo que reparte el dinero sigue siendo la cuota que otro trabajador aporta. Ahí el OP no acierta.

Y lo de "no vale porque todo está capado" lleva razón a medias. Lo que está capado es el sector regulado, el licenciado, el que necesita homologación: sanidad, energía, transporte, financiero. Ahí no entras ni con grúa. El software sin licencia es el hueco libre que queda, y estará libre mientras no lo regulen. Cuando la legalidad europea caiga sobre el SaaS casero, veremos el coste que se pone.

¿Cuánto aguanta el modelo? Hasta que la masa de clientes, que son los mismos trabajadores convencionales, deje de poder pagar suscripciones porque su sueldo está en el suelo. Punto exacto. El ecosistema no es independiente: depende del esquema tradicional.

Y el horizonte: 20 millones de ocupados no pueden vivir 20 millones a base de facturarse entre ellos el mismo euro. Es circular. A lo sumo un 5-8% aguanta; el resto vuelve al minutaje. No hay matemática que lo cierre de otra manera sin que el Estado meta dinero —y ya lo mete, o sea que en el fondo es la nómina pública manteniendo el chiringuito con lo recaudado a los que trabajan, que también es la pescadilla, no salimos de ahí.

Y para que no quede humo: buscar a quién facturar. Que es el fondo, que la mitad de los que arrancan con el garaje pierden el tabique.

El "si todos fuéramos X pasarían todos al escalón más bajo" es literalmente la definición de los sistemas abiertos: cuanto más fácil es entrar, más gente entra, y cuando entra más gente el diferencial se evapora. De hecho a eso se le llama sociedad, y Jasonthelonius en 1994 ya lo decía. Has descrito un sistema abierto, no un Realm.

Y el resumen previo, para que no digas que me escapo de nuevo del punto:

  • La conclusión es que el modelo del OP funciona como consejo personal para el que tiene colchón y contactos.
  • No funciona como receta para una población, y lo dice quien lleva 20 años trabajando.
En la pastelería de la esquina también trabaja gente con sueldo y les va la vida igual, así que la odisea PO y su libre nada no crea empleo. Sustituye a un trabajador por derechos de noche de un becario.

Y a los que habéis vendido la moto del OP solo: no basta con despachar la misión. Que no se pasa por alto la trampa de la cuota de autónomos: pagar 2000 euros de cuota social para auto-emplearte. La cebolla y los humos, el millonario que pide media: cada producto inventado en un oligopolio que se paga...
 


Vale, aterrizaje de gato, sin humo. Si mandara yo en el hilo, la receta sería aburrida, y por eso funciona:

Lo primero: dejar de vender el producto del OP. El producto digital propio es el segundo paso, no el primero. Perseguir suscriptores con 22 años es empeñar tres años en un billete de lotería con más números.

Lo segundo: vender el servicio, cobrar por proyecto. No un clon en la nube de nadie. Trabajos con nombre y apellidos: una tienda montada, un plugin de WooCommerce, una integración de pasarela, un formulario con lógica, un mantenimiento mensual de la web de una clínica o una ferretería. Ticket de 800-3000 euros, cobrado, con contrato y anticipo del 40%. Para eso no hace falta ser gurú de internet: hace falta currarse dos meses desde la trinchera de producto de segunda mano, si publicar, y conseguir uno de los clientes.

Lo tercero: el oficio aquí y ahora. El objetivo no es facturar desde hoy, es consolidarse sin haber roto. Desde tu puesto o desde el sofá de casa, dos años de clientes y de reventa de manual: facturar y guardar. Cuando tengas un año de clientes encima y tres apretando, ya estarás en condiciones de dejar la nómina. Antes de que no te dé el presupuesto para un contrato.

Lo cuarto: no mezclar caja y familia. Cero obligar a papá y mamá, cero depender del soporte del colchón para pagar la cuota. Si a los seis meses no cubre el alquiler, no está mal, se cierra y vuelves al minutaje con la mochila más cargada sin lápida.

Quinto: apuntar al estrato de arriba. Ni siquiera el esquema de mercado del currito con casa ajena. Lo que tira en la "economía del libre" al margen de página es lo que ya masticó una escalera: producto con una docena de clientes medianos, ticket alto enchufado por recommend bianual. Echar ahí la habilidad, que la suerte nunca llega sola.

Y un último aviso
 


Se me fue la conexión en mitad del aviso, disculpa. Iba a esto:

El aviso final es el más antipático y por eso va el último. Antes de facturar un céntimo, siéntate un domingo con el Excel de la parte aburrida: cuota de autónomos, mutua, IVA trimestral, IRPF, gastos de software. Y calcula cuánto tienes que facturar solo para empatar el mes, sin cobrar tú nada. A ese número llámalo suelo. Si en el año no pasas el suelo con holgura, el negocio no es un trabajo, es una afición cara con cuota mensual.

Y el corolario: cuando alguien te venda el garaje y la conexión como si fueran gratis, que sepas que el garaje èl la luz y la calefacción los pone maná, pero la cuota, el IVA y el susto de enero los pones tú. Todo lo gris del tinglado siempre al hombro del que arranca.

Y lo del gato: los gatos caen de pie porque no les vende nadie el salto. Aprende de ahí.

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Acabas de darme otro argumento a favor y ni te has enterado.

Si un puñado de personas puede desarrollar con IA un clon funcional de un producto de Adobe, imagina lo que significa eso para las barreras de entrada al mercado del software. Estás describiendo precisamente cómo la tecnología permite competir a los pequeños con los gigantes.

Y lo de que todo el mundo se hará sus propios programas es discutible. También puedes cocinar en casa y los restaurantes siguen existiendo. Las empresas pagan por ahorrarse tiempo, mantenimiento, problemas y quebraderos de cabeza.

¿Que la IA hundirá los precios de muchos productos digitales? Por supuesto. También abaratará su desarrollo y permitirá crear otros nuevos. Ahí estarán los márgenes, la competencia y la capacidad de encontrar clientes.

Pero se ha pasado de "hemos creado un clon de Adobe" a "mañana dormiremos todos debajo de un puente"

Se puede convertir hasta una revolución productiva en una excusa para el pesimismo. El derrotismo debería cotizar en bolsa.
Es la misma premisa que has usado tu para decirnos que somos pobres por no hacer esto.

Si todos podemos ser ricos vendiendo software hecho con ia., ¿Quien va a comprar ningún producto si todos podemos hacérnoslo? Pepito el informático de la empresa hará ese producto especifico para la empresa, y su jefe no le pagara un euro por ello. Una palmadita en la espalda. Lo que trato de decir es que a la larga cada vez mas gente hace esto, hasta que deja de ser una forma de ganar dinero. Ya esta saturado. Llegamos tarde. Ya esta plagado de intrusos.
 

Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?​



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Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.

Y encima presumen.

«Yo trabajo doce horas al día».

Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.

Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.

No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.

Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.

Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.

Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.

Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.

Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.

Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.

Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.

Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.

¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?

Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.

Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.

Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.

Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.

Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.

Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.

5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.

No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.

Pero la diferencia fundamental es brutal:

El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.

Eso se llama escalabilidad, no magia.

Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.

Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.

O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.

La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.

Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.

Y ahora viene la paradoja más llamativa.

Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.

Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.

Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.

La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:

  • Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
  • Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
  • Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
  • Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
  • Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.

Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.

Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.

El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.

Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.

Y presumiendo de trabajador.

Como el burro de la noria.

El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
Apesta todo. El mercado local ofrece ventajas que no puede ofrecer el global. Si todos esos a los que criticas hicieran apps globales, no habría negocio posible. Solo el 20% de negocios y emprendimientos sobrevive más de 3 años. Ley de Pareto. Por eso, la mayoría no debe emprender y debe trabajar por cuenta ajena. No digo que no se intente, pero el tema es que no hay pastel para todos. Eso no vende ni gusta, pero es la realidad. Porque emprender es solo para la minoría del 20%.
 
Última edición:
el problema es que los mercados de internet tienen competencia mundial para pocas cosas y estan intervenidos

resulta que el fontanero gana mas que el worldwide full stack engineer online
 
Última edición:
Serán obviedades para ti. Lo llamativo es que el 99 % de la población sigue atrapada en la rat race, vendiendo su vida por horas al chiringuito local y mendigando subidas de cincuenta eurillos.

Que algo sea obvio no significa que la gente lo haya entendido, y mucho menos que lo ponga en práctica.

De hecho, viendo cómo se gana la vida la mayoría, parece que esas obviedades son física cuántica para el español medio.
En la segunda leccion se olvida mencionar que tu competencia tampoco es tu pueblo, ahora tienes que competir con todo el tercermundo que pueden permitirse trabajar a menos de 1 eur la hora, la unica barrera que tienen es poco capital. En los paises desarrollados estamos en desventaja, si viviera en la india o en venezuela tendria mucho mas sentido intentar ganar dinero online
 

Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?​



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Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.

Y encima presumen.

«Yo trabajo doce horas al día».

Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.

Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.

No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.

Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.

Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.

Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.

Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.

Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.

Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.

Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.

Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.

¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?

Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.

Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.

Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.

Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.

Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.

Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.

5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.

No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.

Pero la diferencia fundamental es brutal:

El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.

Eso se llama escalabilidad, no magia.

Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.

Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.

O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.

La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.

Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.

Y ahora viene la paradoja más llamativa.

Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.

Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.

Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.

La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:

  • Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
  • Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
  • Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
  • Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
  • Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.

Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.

Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.

El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.

Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.

Y presumiendo de trabajador.

Como el burro de la noria.

El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
Tan listo que pareces y no sabes que el mundo se rige por la Ley de Pareto. Solo el 20/80 triunfa, en lo que sea. Es así y punto.
 
Qué raro ver un post de pacomer y que no haya metido "ecuaciones diferenciales", "en quinto de carrera", "el teorema de Cauchy" y demás conceptos que ni él mismo sabe lo que son pero suenan a alto nivel.

Tiene que tener la cabeza frita ya desde que está la IA
 

¿Cómo creéis que los extranjeros pagan alquileres que a vosotros os cuestan medio sueldo?​

¿De verdad no os habéis enterado todavía?

¿Por qué creéis que Madrid, Barcelona, Málaga o Valencia están llenas de extranjeros que pagan 2.000 euros de alquiler sin tener que comer latas de sardinas hasta Navidad?

PORQUE NO COBRAN SUELDOS ESPAÑOLES.

Viven en España, pero trabajan para empresas americanas, alemanas o británicas. Otros venden software, servicios o productos digitales a clientes de medio planeta.

Gastan en España, pero cobran del mercado mundial.

Mientras tú compites con otros cuatrocientos por una vacante mileurista en el chiringuito de Manolo, ellos buscan clientes donde hay dinero de verdad.

Y luego el español medio, con su capacidad para no enterarse, se pregunta por qué no puede pagar el alquiler.

¡Porque tu casero no te pregunta cuánto cobras, campeón! Te pone un precio y, si aparece otro con el doble de ingresos, ya puedes ir sacando la tienda de campaña.

Y no, los extranjeros no son los únicos culpables de los alquileres disparados. También hay escasez de vivienda, especulación y una oferta que no da abasto.

Pero la globalización ha llegado hasta la puerta de tu casa mientras tu mentalidad económica sigue encerrada en el polígono industrial de 1985.

COMPITES POR VIVIENDAS A PRECIOS INTERNACIONALES MIENTRAS SIGUES VENDIENDO TU TRABAJO A PRECIOS DE CHIRINGUITO LOCAL.


¿Y tu gran estrategia para solucionar semejante desajuste económico?

Esperar que Paco el empresario te suba cincuenta eurillos y que el Gobierno te regale un bono alquiler.

DESPERTAD.

No necesitas mudarte a Silicon Valley. Necesitas entender que puedes vivir en Albacete y venderle a California.

El problema no es que el mundo se haya globalizado. Es que a muchos la globalización solo les ha llegado por el recibo del alquiler, no por la cuenta corriente.
No son genios. Sencillamente han tenido oportunidades que aquí no hay. Empresas que no son las de aquí. Si una empresa española te plantea el irte fuera con un trabajo similar al de esos, iba a ser a un país inseguro y por un sueldo muy bajo.

Otros son extranjeros que, por ejemplo, tienen negocios en la costa y les va bien. Típico de bar de extranjeros en Benidorm. Y llama la atención que puedan poner los precios que ponen. Tendrán alguna ayuda porque si no no se entiende.
 
Apesta todo. El mercado local ofrece ventajas que no puede ofrecer el global. Si todos esos a los que criticas hicieran apps globales, no habría negocio posible. Solo el 20% de negocios y emprendimientos sobrevive más de 3 años. Ley de Pareto. Por eso, la mayoría no debe emprender y debe trabajar por cuenta ajena. No digo que no se intente, pero el tema es que no hay pastel para todos. Eso no vende ni gusta, pero es la realidad. Porque emprender es solo para la minoría del 20%.
Exacto. Los que ya están lo abarcan todo y no te dejan ni migajas.
 
Hombre, si necesitas que te presente personalmente a alguien para entender cómo se gana dinero vendiendo software, automatizaciones o servicios a clientes internacionales, igual el problema no son mis explicaciones.

Te pongo un ejemplo: un informático desarrolla una herramienta para pequeñas empresas y consigue 200 clientes que pagan 30 euros al mes. Son 6K euros de facturación mensual. Luego descuentas gastos, impuestos y captación de clientes. Economía básica, no alquimia medieval.

¿Que no todos lo consiguen? Tampoco todos los que montan un restaurante terminan siendo Ferran Adrià.

Lo fascinante es esa mentalidad de exigir garantías de éxito para intentar algo nuevo, mientras se acepta como un destino inevitable pasar cuarenta años encadenando trabajos poco gratificantes.

Y lo de proyectar frustraciones me ha parecido curioso. Yo te hablo de modelos de negocio y tú me haces un diagnóstico psicológico gratuito. Como emprendedor no sé, pero como psicólogo de barra de bar tienes futuro.
Eso es mentira, las empresas van con software de renombre muy acotado, sólo a ese software le pagan y cada factura que llega, buscan cómo reducirla (la mayoría de las veces quitando funciones)

Las pequeñas aguantarán una o dos veces, pero aprenden rápido y consiguen alternativas sin gastar nada

Lo que sí hay es trabajo de informático resolviendo problemas 24/7, pero esos están en nómina de subcontratas cobrando poco y desplazándose

Además, ahora con la IA muchos ya le están viendo las orejas al lobo

Como te digo, podrás tener algún mes muy bueno (te recomiendo que ahorres), pero no siempre y muchas veces no tendrás trabajo en mucho tiempo. Encima todo lo tienes vía digital, un pequeño descuido o error y ya tienes a Hacienda revisándote

De lo que sí hay trabajo a patadas y bien pagado (incluyendo mucha pasta en B) es en los trabajos donde hay que trabajar, oficios que nadie quiere hacer, pero te tienes que esforzar

Los extranjeros que viven en España muy bien, son gente que ya tiene consolidada su posición, es como si la empresa donde yo trabajo me permite hacer teletrabajo fuera del país (quizás por temas fiscales a ambos nos convenga) y me voy a un país de Sudamérica, lo que gano no está mal para vivir aquí pero en un país de esos sería el rey (también tendrá sus puntos negativos)

Pues nada, si tu curro está online, es fácilmente replicable y a su vez realizable y cobrado por una fracción por otro más espabilado
 
Razón no te falta, hay mucho trilero financiero forrándose. Pero ahí tienes otra vez al español medio buscando excusas para seguir amarrado a su curro mileurista. Que otros ganen millones moviendo dinero no significa que tú estés condenado a ganar cuatro duros vendiendo horas. Pero nada, mejor echarle la culpa a Wall Street y seguir esperando que el empresario de turno te suba unos eurillos como el que te salva la vida...
Gracias. Pero igual lo podías haber dicho en 2009 en vez de 2026 tras un mercado alcista de los más largos de la historia, maduro y con burbujas por doquier.
Si te parece bien, voy a seguir amasando ahorro y desinvirtiendo para comprar los activos que tendrás que malvender en un par de años para mantenerte una vez exploten las burbujas que han permitido que alguien con ínfulas se permita sentar cátedra ante personas que le doblamos en edad, patrimonio y experiencia en los mercados.
Lo dicho. Estos mensajes grandilocuentes de este personaje son la mejor muestra posible de un techo de mercado relevante.
 
Pues estupendo, figura. Si vives muy bien y disfrutas de tu trabajo, enhorabuena. ¿Quién te ha dicho que tengas que dejarlo?

Lo curioso es que ahora me exijas montar un negocio rentable delante de tus narices para demostrarte que existe demanda de software y servicios digitales. Menudo comité de inversiones tenemos en el foro.

La demanda se valida encontrando clientes dispuestos a pagar, no consiguiendo tu bendición.

Y lo del humo tiene gracia. Te explico cómo funciona un modelo de negocio y me exiges una demostración personal de rentabilidad. Para hablar de fútbol también habrá que haber ganado tres Champions.
No vas a montar un negocio, no vas a ganar dinero, ni tampoco vas a ganar la champions.

Confórmate con que le damos coba a tu hilo, porque tampoco tiene mucho más recorrido.
 

Nunca ha sido más fácil ganar dinero. ¿Por qué la mayoría sigue con el modelo de siempre?​



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Porque siguen intentando ganarse la vida en el siglo XXI con el modelo económico de su abuelo: vender ocho horas diarias a un empresario local y esperar a que les suban cincuenta euros la nómina.

Y encima presumen.

«Yo trabajo doce horas al día».

Un burro también puede pasarse doce horas dando vueltas a una noria. Eso no lo convierte en Warren Buffett.

Primera lección de economía: el mercado no paga por tu esfuerzo, sino por el valor que produces y consigues vender.

No importa cuánto sudas, cuánto madrugas o cuántos años llevas calentando una silla. Importan la demanda, la competencia, la escasez de lo que ofreces y tu capacidad para cobrar por ello.

Puedes trabajar como un condenado y seguir siendo pobre. Millones de personas llevan décadas demostrando empíricamente esta maravillosa propiedad.

Segunda lección: tu mercado ya no es tu pueblo. Es el planeta.

Aquí empieza la ciencia ficción para nuestro héroe nacional, criado entre bares, ladrillo, oposiciones y chiringuitos subvencionados.

Hace treinta años, llegar a miles de clientes requería locales, distribuidores, empleados y capital.

Hoy puedes desarrollar software desde tu dormitorio y venderlo en Estados Unidos, Alemania o Australia.

Sin oficinas. Sin veinte empleados. Sin pedirle permiso al concejal de Comercio de Villaconejos de Abajo.

Internet ha globalizado la distribución y la IA está abaratando la producción.

Un individuo competente puede hacer hoy determinados trabajos que antes exigían un equipo entero.

¿Y qué hace el españolito ante semejante revolución?

Prepararse unas oposiciones para cobrar 1.600 euros y asegurarse de que nadie pueda despedirlo hasta que le dé un infarto.

Tercera lección: deja de vender horas y empieza a vender productos.

Las horas tienen un pequeño inconveniente económico: solo puedes vender un número limitado cada día.

Un producto digital, en cambio, puede reproducirse miles de veces con un coste marginal muy bajo.

Un programador cobra 2.000 euros mensuales vendiendo su trabajo a una empresa local.

Otro desarrolla una herramienta especializada y consigue 100 clientes internacionales que pagan 50 euros mensuales.

5.000 euros de facturación recurrente. Con 1.000 clientes, 50.000.

No es beneficio limpio, faltan gastos, impuestos, captación de clientes y toda la fiesta empresarial. Y nadie garantiza que consigas vender nada.

Pero la diferencia fundamental es brutal:

El empleado tiene que volver a trabajar para cobrar el mes siguiente. El propietario de un producto escalable puede seguir cobrando por algo que ya construyó.

Eso se llama escalabilidad, no magia.

Cuarta lección: la riqueza no depende solamente de cuánto produces, sino de cuánto valor consigues capturar.

Puedes crear un producto extraordinario y arruinarte porque nadie lo conoce.

O resolver un problema aparentemente insignificante para diez mil empresas y ganar una fortuna.

La distribución, el precio, el mercado y el modelo de negocio importan tanto como la producción.

Por eso trabajar muchísimo en algo que nadie quiere comprar es una manera extraordinariamente eficiente de perder el tiempo.

Y ahora viene la paradoja más llamativa.

Nunca había sido tan barato intentar vender un producto a millones de personas, pero buena parte de la población sigue compitiendo con otros quinientos desesperados por una vacante de 1.400 euros en el polígono industrial de su provincia.

Después se pasan veinte años lamentando que los sueldos son bajos y los pisos cuestan una fortuna.

Si has decidido competir exclusivamente en un mercado laboral local mientras los mercados de productos y servicios se han vuelto mundiales.

La economía moderna, resumida para los que todavía viven en 1987:

  • Esfuerzo no es valor. Sudar mucho no implica producir algo que alguien quiera pagar.
  • Tu mercado no es tu localidad. Puedes vivir en Cuenca y vender a California.
  • Tiempo no es escalabilidad. Una hora se vende una vez; un producto reproducible puede venderse miles.
  • Facturación no es beneficio. Vender mucho y ganar dinero son dos cosas distintas.
  • Producir no es vender. Sin clientes, tu maravillosa idea vale exactamente cero.
Naturalmente, emprender tiene riesgos, no todos los trabajos se pueden globalizar y la mayoría no va a hacerse millonaria por abrir una AI y fabricar cuatro cosas.

Pero la barrera económica para intentar llegar al mercado mundial ha caído como nunca antes.

Y esa es la revolución que muchos todavía no han entendido.

El problema ya no es encontrar un empresario de tu pueblo dispuesto a comprarte ocho horas. Es encontrar un problema en cualquier lugar del mundo que alguien esté dispuesto a pagarte por resolver.

Mientras tanto, nuestro campeón seguirá madrugando a las cinco, trabajando doce horas y esperando que el Gobierno le suba otros cincuenta eurillos.

Y presumiendo de trabajador.

Como el burro de la noria.

El mundo ya funciona como un mercado global. Lo llamativo es cuánta gente sigue intentando ganarse la vida en la economía de su abuelo.
¿Has hecho el curso de llados y ahora estás tratando de monetizarlo?
 
Es la misma premisa que has usado tu para decirnos que somos pobres por no hacer esto.

Si todos podemos ser ricos vendiendo software hecho con ia., ¿Quien va a comprar ningún producto si todos podemos hacérnoslo? Pepito el informático de la empresa hará ese producto especifico para la empresa, y su jefe no le pagara un euro por ello. Una palmadita en la espalda. Lo que trato de decir es que a la larga cada vez mas gente hace esto, hasta que deja de ser una forma de ganar dinero. Ya esta saturado. Llegamos tarde. Ya esta plagado de intrusos.
Tienes una capacidad notable para convertir cualquier avance tecnológico en una catástrofe económica.

Tu error es bastante elemental: confundes poder fabricar algo con que resulte económicamente rentable fabricártelo tú mismo.

Pepito puede desarrollar su propio software, claro. Pero tendrá que dedicar tiempo a entender el problema, probarlo, corregir errores, mantenerlo y asumir los riesgos. Si comprar una solución le cuesta menos que todo ese tinglado, la comprará. Se llama coste de oportunidad. Economía de primero.

Y aquí viene lo que se te escapa: la competencia destruye los márgenes de los productos indiferenciados, pero deja espacio para quienes resuelven problemas específicos mejor o más barato. Por eso existen miles de empresas especializadas conviviendo con gigantes como Microsoft.

Además, olvidas algo fundamental: el mercado del software tampoco es una tarta de tamaño fijo. Cuando desarrollar soluciones resulta más barato, aparecen aplicaciones y clientes para los que antes ni siquiera compensaba producirlas.

¿Que muchos negocios fracasarán? Por supuesto. ¿Que habrá saturación? En determinados segmentos, inevitablemente.

Pero lo de llegamos tarde, está todo saturado no se sostiene. Has declarado agotado un mercado en plena transformación sin molestarte siquiera en identificar un nicho.

Con esa clarividencia habrías visto nacer Internet y recomendado seguir mandando faxes porque ya existían demasiadas páginas web.

El derrotismo tiene un talento económico extraordinario: detectar el futuro y declararlo arruinado antes de intentar venderle nada a nadie.
 
Tan listo que pareces y no sabes que el mundo se rige por la Ley de Pareto. Solo el 20/80 triunfa, en lo que sea. Es así y punto.
Otro que confunde una regularidad estadística aproximada con una ley universal de la naturaleza. El principio de Pareto no dice que el 20 % tenga que triunfar y el 80 % fracasar. Y, sobre todo, no dice absolutamente nada sobre lo difícil que resulta pasar de un grupo al otro.

Ese 20 % puede estar al alcance de cualquiera con un mínimo de iniciativa o exigir un esfuerzo extraordinario. Pareto no fija criterios de entrada, no mide la dificultad ni condena a nadie a permanecer en ningún grupo. Como mucho, describe una distribución, no tu destino.

Pero sigue con el "es así y punto", que convertir una observación estadística en una sentencia divina tiene muchísimo mérito. Sobre todo cuando no se ha entendido ni la observación.
 
Gracias. Pero igual lo podías haber dicho en 2009 en vez de 2026 tras un mercado alcista de los más largos de la historia, maduro y con burbujas por doquier.
Si te parece bien, voy a seguir amasando ahorro y desinvirtiendo para comprar los activos que tendrás que malvender en un par de años para mantenerte una vez exploten las burbujas que han permitido que alguien con ínfulas se permita sentar cátedra ante personas que le doblamos en edad, patrimonio y experiencia en los mercados.
Lo dicho. Estos mensajes grandilocuentes de este personaje son la mejor muestra posible de un techo de mercado relevante.
Presumes de edad, patrimonio y experiencia para acabar soltando la profecía de cualquier tertuliano: "La burbuja va a estallar y compraré barato".

Lo más llamativo es que mi post trata de vender productos a escala global en lugar de vender horas en mercados locales, y tú me sales con el ciclo bursátil. Comprensión lectora, la justa.

Y encima anuncias lo que ocurrirá dentro de dos años. Con semejante capacidad de predicción, sorprende que todavía tengas que esperar a que estallen las burbujas para hacerte rico.

Por cierto, cumplir años es inevitable. Aprender algo durante esos años, por lo visto, no.
 

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