El hilo de Mercadona deriva en pelea por las pegatinas amarillas
Arranca con una queja por el personal del súper y acaba con una pregunta sobre rebuscar en los contenedores. Treinta mensajes, todos del
18 de septiembre de 2026. El primero se pone de parte de la plantilla: llenar la tienda justo a la hora de cerrar es una faena para quien está deseando acabar el turno. El segundo le pone nombre al invento desde la tele,
un anglicismo de broma que nadie repite. Y a partir de ahí el hilo se abre en dos: los que dicen que las bajadas existen y los que sostienen que el descuento es de risa.
Qué se ha sabido
De cifras, las que sueltan los foreros. Uno dice haber visto descuentos en
Mercadona del 10 al 15% y en Lidl
un 20%: «LOS DESCUENTOS QUE YO HE VISTO EN MERCADONA SON IRRISORIOS, COMO DE UN 10-15 POR CIENTO, EN EL LIDL UN TRISTE 20 POR CIENTO». Otro asegura que en su Mercadona hay ofertas de perecederos el sábado por la tarde,
pero ni de lejos del 50%. Varios colocan el hallazgo viral en el terreno de la leyenda.
Sobre horarios, la versión que se repite: no hay hora fija. Un forero insiste en que las bajadas aparecen igual un lunes a las 11:00 que un sábado a las 20:30, y remata que «cada día tengo más claro que internet está totalmente disociado de la vida real y de la verdad». Frente a eso, quien dice simplemente que nunca lo ha visto.
También hay comparaciones con otras cadenas. Uno pone de ejemplo una cadena de proximidad donde compra queso fresco con caducidad a seis días vista y su descuento aplicado. Otro recuerda un grupo regional asturiano que rebaja el pescado a mitad de precio y permite congelar. Lo bueno, dice, no lo rebajan: el pulpo y el salmón se quedan fuera.
Y una imagen suelta, pegada sin más:
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external-content.duckduckgo.comDónde está la bronca
Primer choque: ¿existen o no? Un forero sostiene que las bajadas están ahí y que quien las pilla acierta. Le contestan que no, que se lo cree porque quiere: «Mercadona pondrá pegatinas a todo y tú tan tonto pagarás lo mismo porque crees que ahorras algo». La respuesta del primero es de manual: menos mal que están los listos para abrirle los ojos.
Segundo choque, el interesante: la mecánica. Un participante lo formula sin rodeos: «si lo hicieran así, mucha gente esperaría de forma sistemática al final del día para hacer la compra». Por eso defiende que el descuento aparezca al azar, casi como una lotería: «mira qué lista he sido, he pillado esto rebajado». Si todo el mundo sabe a qué hora caen las pegatinas, el pasillo se llena antes de que las pongan.
Tercer choque, y aquí se rompe: la política. Un forero culpa a la política de precios del dueño de la cadena y mete en el mismo párrafo el SMI y las próximas elecciones. Otro responde con un mensaje sobre comunismo y estanterías vacías. El primero vuelve con una réplica cargada de descalificaciones, que el hilo recoge sin repetirlas; el segundo zanja que no habla con quien no se ha tomado la medicación. A partir de ahí, el hilo deja la comida.
Reaparece alguien que ya lo hacía antes de que fuera moda: dice que en su casa llevan
años comprando así el pescado y que alguna vez les han dado bajo mano lo que iba a la basura. Lo cuenta como experiencia, no como consejo.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora la discusión era de porcentajes. Ahora entra el trabajador de la tienda, entra el cliente que espera y entra el follón. Se da por hecho que el descuento existe y que el 50% no. La predicción que se cae es la del chollo: ya nadie defiende la hora feliz.
Lo nuevo es el cálculo de listos. Un forero vaticina que si el sábado siguiente aparecen 1000 personas y no encuentran nada barato, se les quitarán las ganas. Otro se imagina un futuro en el que la tienda abra solo los sábados de 18:00 a 21:00. Y una frase resume el tramo: «de estar en la cola de las caducidades a pasar a las colas del hambre solo hay una nomina».
El truco que aparece al final
Al cierre del tramo, alguien suelta que aquí nadie ha visto el truco de verdad. Y cuenta la picaresca de un compañero antiguo: manipular las etiquetas en la caja para pagar menos. El hilo no lo recomienda ni lo aplaude; lo deja caer y sigue a otra cosa. Otros rematan con humor: cómo se llama esperar al cierre y acabar rebuscando en los contenedores. Sin respuesta.