Petromasculinidad: el nuevo concepto que une coches, Franco y subvenciones
El CSIC ha financiado una investigación sobre «petromasculinidad», un término que vincula el uso de combustibles fósiles con una supuesta herencia franquista y patriarcal. El estudio, liderado por un doctor en Historia del Arte, sostiene que la «cultura combustible fósil» nace en el contexto autoritario de la dictadura. Pero los datos históricos contradicen de plano esta narrativa.
Los números que desmontan el mito
Antes de la Guerra Civil, España tenía unos 260.000 automóviles para 24,8 millones de habitantes: un coche por cada 95 personas. La mayoría de los españoles no podía permitirse un vehículo. La primera refinería comercial se inauguró en Tenerife en 1930, en tiempos de la República, no de Franco. La motorización masiva llegó décadas después, durante el desarrollismo de los 60, coincidiendo con el crecimiento económico en toda Europa, no como un invento del régimen.
Si el concepto de petromasculinidad pretende asociar el automóvil con una identidad masculina y autoritaria española, se olvida de que el petróleo y los coches se expandieron globalmente, desde EE.UU. hasta la Unión Soviética, donde no había Franco ni dictadura similar. La relación causal parece más ideológica que científica.
El debate sobre el uso del dinero público
Más allá del cuestionable rigor histórico, la polémica se centra en la financiación de este tipo de estudios con fondos públicos. Mientras países como Estados Unidos o China avanzan en semiconductores e inteligencia artificial, el CSIC dedica recursos a conceptos como la petromasculinidad, definida en Wikipedia como «un sistema de creencias en el que el hombre blanco heteronormativo es el eje del desarrollo industrializado». Críticos señalan que investigaciones de este calibre difícilmente generarán patentes o startups, y que casos como este alimentan la percepción de que parte del sistema de I+D español es un «chiringuito ideológico».
¿Ciencia o activismo?
El investigador responsable, Jaime Vindel, es doctor en Historia del Arte. Sus credenciales no son las de un científico de datos o un historiador económico, lo que ha abierto el debate sobre si este tipo de trabajos encajan en un organismo denominado «Consejo Superior de Investigaciones Científicas». La pregunta no es baladí: cuando los presupuestos son limitados, cada euro destinado a estudios de dudosa utilidad práctica es un euro que no va a investigaciones en energía, medicina o tecnología.
El concepto de petromasculinidad puede tener su hueco en la sociología o los estudios de género, pero pretender que la cultura del automóvil en España es un producto directo del franquismo es, como mínimo, ignorar la cronología básica. La industria del petróleo y el automóvil son fenómenos globales que poco tienen que ver con la dictadura. El riesgo de esta deriva es que el relato ideológico termine suplantando al análisis riguroso, justo en un momento en que la economía española necesita innovación real y no ocurrencias subvencionadas.