Pedro Sánchez pide en Financial Times blindar a los jóvenes de las redes sociales
El presidente del Gobierno publica en el Financial Times un artículo en el que sostiene que las redes sociales deben ser restringidas para los menores, alegando un aumento del 13% en el riesgo de depresión por cada hora de uso. La paradoja: que el mensaje se difunda en un medio digital y que el propio Sánchez sea un usuario activo de Twitter no pasa desapercibida. El artículo, titulado "Why we must shield our children from social media", invoca la imagen de una niña obrera de 1910 para comparar la explotación infantil industrial con la exposición digital actual.
El dato del 13%: ¿ciencia o eslogan?
La cifra estrella del artículo —"cada hora en redes aumenta un 13% la probabilidad de depresión"— ha sido recibida con escepticismo. Desde sectores críticos se señala que, aplicando la lógica lineal, ocho horas diarias llevarían al 100% de depresión, lo que convertiría a cualquier adolescente conectado en un caso clínico. La ausencia de referencia al estudio concreto alimenta las dudas sobre la base empírica de la afirmación. Otros, sin embargo, defienden que el simple hecho de poner el foco en el problema es positivo, independientemente de la precisión del porcentaje.
Entre la protección y el control
El debate se polariza entre quienes ven en la propuesta una medida necesaria para la salud mental de la infancia, y quienes la interpretan como un intento de limitar el acceso a fuentes de información no controladas. La coincidencia con Grecia, que ya ha prohibido las redes a menores, refuerza la tesis de una corriente europea. Los más críticos recuerdan que el propio Gobierno utiliza redes y bots para propaganda, y que eliminar el anonimato en internet —como ha anunciado Von der Leyen— podría ser el siguiente paso hacia una vigilancia generalizada.
La hipocresía del mensajero
Señalar a los "tecno-oligarcas" desde las páginas del FT, un medio que vive del tráfico digital, y mientras se tuitea sin descanso, genera una contradicción difícil de ignorar. "Que empiece por borrar sus propias cuentas", ironizan unos; "es como si un fumador prohibiera el tabaco", rematan otros. La pregunta que queda en el aire: ¿es esta una auténtica cruzada por la infancia o un movimiento para desactivar el poder de las redes como altavoz de la disidencia?
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