La deuda pública roza los 1,58 billones: otro aviso de quiebra
En el hilo se sostiene que España lleva más de una década recibiendo avisos idénticos a este y que los informes no han evitado que la discusión se repita. El último episodio citado lo protagoniza el
Banco de España, cuyas advertencias sobre riesgos reabren una discusión con mucha cantera: la
deuda pública, el gasto del Estado y esa pregunta incómoda sobre si un país que emite su propia moneda puede, técnicamente, ir a la bancarrota.
En el hilo se señala que circula una pieza fechada meses atrás, no una noticia recién salida del horno, y eso alimenta la sospecha de que se recicla la alarma. De fondo, el dato que nunca desaparece. Según los datos que se citan, en 2017 la deuda pública ascendía a
1.183.412 millones de euros; en noviembre de 2022 alcanzaba los
1.575.475 millones. Un forero cifra la deuda en
32.600 euros por español. Cifras de mareo. Y sin embargo el país sigue en pie.
El Banco de España y su historial de avisos que no se cumplen
El Banco de España acumula años advirtiendo de riesgos graves que después no han llegado a materializarse, según se recuerda en el hilo. Criptomonedas, el deterioro de las economías emergentes, la pandemia, una transición climática desordenada o un corralito: la lista de alertas es larga y la de consecuencias, corta. Con ese balance, no es raro que buena parte del análisis reciba el nuevo informe con un encogimiento de hombros.
La acusación de fondo no es que el regulador mienta, sino que convierte en titulares escenarios que, por definición, son improbables. Un riesgo grave no es un riesgo seguro. Cuando se avisa catorce veces del lobo, la decimoquinta pierde fuerza, aunque el lobo exista.
El gasto estatal pasa de 333.000 millones en 2004 a 637.000 en 2023
Donde el debate se vuelve más áspero es en el gasto. Las series comparadas que cita un forero dibujan una escalada sostenida:
- 2004: 333.000 millones de euros
- 2010: 493.000 millones
- 2017: 480.000 millones
- 2023: 637.000 millones
Leídos en frío, los números cuentan una historia incómoda para todos. El gran salto se produce en los años de la crisis y no se ha revertido después. Que el gasto suba no prueba por sí solo que el país se hunda —carreteras, hospitales y pensiones cuestan dinero—, pero sí explica por qué la deuda no baja: se gasta por encima de lo que se ingresa.
El matiz importa. No es lo mismo gastar más porque hay más población y más servicios que gastar más sin que los ingresos acompañen. La crítica que se repite apunta a lo segundo y a un aparato público que crece sin mejoras proporcionales.
Ahí está el nudo.La prima de riesgo al 7,71%: el precedente al que todos vuelven
En el hilo se recuerda que la prima de riesgo española llegó al
7,71% y que entonces se habló de un rescate, bautizado con pudor como rescate bancario. Ese episodio es la prueba que esgrime quien cree que el aviso actual no es retórica: ya estuvimos al borde, y por menos de lo que se debe hoy. La respuesta del otro lado es que aquello se superó sin salir del euro ni suspender pagos.
Aquí conviven dos lecturas del mismo dato. Una sostiene que España está técnicamente quebrada desde 2008 y que solo se mantiene porque Bruselas lo permite. La otra recuerda que Bruselas lo permite, sí, y que eso también es un sostén bastante sólido.
¿Se puede quebrar un país que imprime su propia moneda?
Un Estado que se endeuda en su propia moneda tiene herramientas que un particular no tiene, y ahí entra la impresora del banco central. El argumento clásico compara con Estados Unidos: deuda estratosférica, pero portaaviones para sostenerla. De ahí la broma recurrente de que emitir dinero resuelve cualquier quiebra.
El reverso es menos amable. Imprimir de más tiene un precio, y eso corta el argumento por la mitad según a quién se pregunte.
Argentina, Grecia y Chipre: los espejos que se agitan
El repertorio de comparaciones es amplio: Argentina y su corralito, Grecia y su rescate, Chipre y su rescate. Hay quien relata casos de conocidos que sacaron el dinero del país años antes del corralito argentino, y quien directamente planifica la salida con el capital a salvo en menos de 48 horas. También circulan esquemas más imaginativos, con peajes urbanos presentados como condición externa para un rescate encubierto.
En el fondo asoma una tesis más ideológica que económica: la de que el objetivo último es que la población posea cada vez menos y acepte el cambio sin resistencia.
Suena a película. Lo que sí muestran los datos citados es que la deuda ha crecido entre 2017 y 2022 y que el gasto estatal sube desde 2004.
Si los avisos mantienen la pauta de la última década, este también acabará diluido en el ruido. La probabilidad de que el Banco de España tenga razón alguna vez no es cero, y ese es el problema: nadie quiere ser el que dejó de escuchar justo el día en que sonó de verdad.