La lista de los «apestados» que nadie quiere ver
Desde finales de 2021, un movimiento de ciudadanos ha ido recopilando nombres, cargos y fotografías de políticos, periodistas y sanitarios que defendieron la vacunación obligatoria contra la COVID-19. Bajo el lema «No tendrán dónde esconderse», elaboran un collage de los que consideran responsables de lo que califican como un «experimento global» y «delitos de lesa humanidad».
La iniciativa, que se mantiene activa al menos hasta 2024, empezó a raíz de declaraciones como las del doctor Cosme Naveda, que pidió la vacunación obligatoria para sanitarios, o del portavoz sanitario de Baleares, Javier Arranz, que instó a hacer «activismo guerrillero» contra los no vacunados. También se incluyen periodistas como Emilia Landaluce, que dijo que Miguel Bosé «merecía morirse», o el tertuliano Ramón Jáuregui, que sugirió tratar a los no vacunados «como apestados».
Un archivo abierto para la rendición de cuentas
Los promotores del listado argumentan que estas personas presionaron para que se inoculara un producto que, según ellos, no estaba suficientemente testado y que ha causado efectos adversos graves. Señalan que las vacunas, autorizadas de emergencia, fueron retiradas del mercado años después, y que los gobiernos han reconocido la necesidad de indemnizar a los afectados. El archivo incluye desde cargos públicos como el diputado de Vox Juan Luis Steegmann (aunque luego se distanció) hasta figuras mediáticas como Ignacio González Vega, al que califican de «totalitario».
No son solo nombres: el movimiento ha compartido documentos legales que advierten de que quienes autorizaron la vacunación podrían haber incurrido en delitos de lesiones, coacciones o contra la salud pública, según el Código Penal. La querella presentada contra la Agencia del Medicamento por ocultar efectos adversos es uno de los hitos que alimentan la ofensiva.
Dos miradas sobre el mismo fenómeno
Por un lado, está quien defiende la lista como un acto de memoria histórica para que, «cuando llegue el momento», se exijan responsabilidades. Por otro, hay quien lo considera una campaña de acoso digital y conspiración, que ignora que las vacunas salvaron millones de vidas y que las restricciones estaban avaladas por la ciencia y los estándares regulatorios. La tensión entre ambas posturas refleja el profundo desgarro que la pandemia dejó en la sociedad.
El legado de una fractura
Mientras las vacunas se retiran del mercado y los gobiernos empiezan a admitir efectos no previstos, la lista sigue creciendo. Nadie sabe hasta dónde llegará, pero lo que está claro es que el debate sobre la obligatoriedad y la responsabilidad no se cerró con el fin de la emergencia sanitaria. Quienes integraron el bando pro-vacunas pueden haber ganado la batalla epidémica, pero la guerra por el relato histórico acaba de empezar. Y los nombres ya están recopilados.
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