Apagar el wifi de noche no evita la radiación de los vecinos
¿De verdad vale la pena apagar el router antes de dormir? La cifra que más se repite al discutir el asunto reduce la respuesta a un terreno incómodo: un router wifi emite con
100 mW, mientras que un microondas de cocina trabaja con
1.000 W. Son
10.000 veces más, y a nadie se le ocurre desenchufar el microondas por miedo. La recomendación de dejar el wifi en reposo por la noche circula como consejo de consumo responsable, pero su justificación sanitaria es, como mínimo, discutible.
¿Cuánta potencia emite un router frente a un móvil o un microondas?
Un teléfono móvil puede llegar a los
2.000 mW de potencia máxima y lo llevamos pegado a la oreja. El router no pasa, por normativa, de
0,1 W en la banda de 2,4 GHz y 0,2 W en la de 5 GHz, aunque los valores que traen de fábrica suelen moverse entre
30 y 70 mW. Hay quien sostiene que el máximo real de un equipo wifi es de 500 mW; la cifra no encaja con la regulación vigente. Ajustar esa potencia a la cobertura que de verdad necesitas tiene más sentido que apagarla por la noche.
Y luego está la comparación que descoloca. Una bombilla de escritorio,
60 W, emite fotones con una frecuencia cientos de miles de veces superior a la del wifi. Quien teme al router y estudia bajo un flexo no ha mirado la tabla de frecuencias. Los equipos de policía y bomberos operan entre
146 y 174 MHz con potencias de hasta
5 W, y nadie ha prohibido pasar cerca de un coche patrulla.
Por qué apagar el router no reduce tu exposición real
Aquí se cae el argumento central del consejo. Basta encender el móvil y contar cuántas redes wifi detecta. Apagar el router propio no elimina la radiación de los demás: llega igual, y en un bloque de viviendas puede haber una docena de señales cruzando el salón. La exposición no se gobierna desde el interruptor de casa.
Algo parecido ocurre con las antenas de telefonía.
Hay quien sostiene que vivir bajo una antena, en el tejado propio, reduce la radiación recibida frente a tenerla enfrente. El cálculo depende de la potencia y la distancia, pero la lógica de fondo es la que importa: la intensidad no es un detalle, es la variable que decide casi todo.
La longitud de onda del wifi y el ADN: qué dice el argumento
Uno de los planteamientos más repetidos asegura que el ADN tiene una frecuencia natural de
150 MHz y que las bandas de telefonía móvil,
900 y 1.800 MHz, son armónicas de esa cifra. La coincidencia, se dice, no es casual. Frente a eso, la longitud de onda del wifi, unos
12 centímetros, queda lejos de los
260-270 nanómetros que el ADN es capaz de captar. Para alterar una molécula hace falta mucha más energía que la que transporta una onda de radio.
No hay acuerdo. Una parte defiende que existen miles de estudios en ambos sentidos y que solo se aceptan los resultados negativos. La otra responde que los trabajos que muestran efectos suelen bombardear muestras con potencias que ningún cuerpo humano recibe en su casa. De fondo aparece siempre el
SAR, la tasa de absorción específica, en la letra pequeña de casi todos ellos.
El efecto nocebo: el pueblo donde la antena no emitía
El caso más ilustrativo tiene escenario de pueblo. Una operadora montó una antena de telefonía en las afueras y los vecinos empezaron a reportar dolores de cabeza, insomnio y otros problemas. Uno tras otro. La queja llegó al alcalde, que se plantó con el técnico en la caseta de la instalación.
Dentro no había nada encendido. Llevaba tiempo averiada y no emitía. Los síntomas existían igual, porque el
nocebo es el hermano malvado del placebo: si crees que algo te hace daño, el cuerpo reacciona como si lo hiciera. No hace falta que la onda llegue.
Qué mata de verdad cuando se miran los datos
Cuando el asunto se lleva al terreno sanitario aparece un cálculo incómodo. La preocupación por los routers apunta en dirección equivocada mientras los gases del tráfico producen enfermedades respiratorias y cardiovasculares en miles de personas. Colegios junto a autovías. Eso sí tiene detrás evidencia acumulada.
También se recuerda que el Sol emite en 2,4 GHz y que cualquier cuerpo por encima del cero absoluto irradia. La radiación de fondo de microondas atraviesa la habitación sin pedir permiso. Apagar el router no la detiene.
Al final, el consejo de apagar el wifi por la noche deja de ser una medida de salud y se queda en lo que probablemente siempre fue: una forma de ahorrar unos céntimos. El router descansa. Tu exposición a las ondas sigue cruzando las paredes del vecino.