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La jubilación del último baby boomer no devolverá el equilibrio al sistema: la estructura demográfica española queda permanentemente envejecida. UBS y la Comisión Europea proyectan una tasa de dependencia que casi se duplica entre 2025 y 2080, con una fecundidad de 1,11 hijos por mujer en 2025.
La jubilación del último baby boomer no devolverá el equilibrio al sistema: la estructura demográfica española queda permanentemente envejecida. UBS y la Comisión Europea proyectan una tasa de dependencia que casi se duplica entre 2025 y 2080, con una fecundidad de 1,11 hijos por mujer en 2025.
Hay una idea que circula con cierta comodidad en las conversaciones sobre pensiones: que el problema es una montaña, la de los baby boomers, y que una vez pasada la cima el sistema volverá solo a su sitio. La generación más numerosa se jubila, cobra, fallece, y detrás llegan cohortes más pequeñas que, supuestamente, alivian la carga. Suena ordenado. El problema es que los números no acompañan esa secuencia.
UBS ha publicado un informe de Global Research titulado 'Demographic Change and Ageing: How Can We Navigate the Great Transition?' en el que sostiene justo lo contrario: las presiones demográficas no desaparecen cuando termine de jubilarse el baby boom. Detrás de esa ola vienen generaciones de trabajadores cada vez más pequeñas, la inmigración tiene límites y los mayores viven cada vez más años. Reinhard Cluse, economista que ha dirigido el trabajo, lo resume con una pregunta incómoda: los países con grandes oleadas de jubilaciones pueden preguntarse si las presiones disminuirán superada esa joroba. La respuesta, dice, es aleccionadora.
El dato de partida es la fecundidad. España ronda los 1,2 hijos por mujer, según las proyecciones de Naciones Unidas recogidas por UBS. El umbral de reemplazo generacional, sin inmigración, está en 2,1. La distancia no es un bache coyuntural: si la fecundidad se mantiene persistentemente por debajo de 2,1, cada generación sucesiva será más pequeña que la anterior. Es aritmética, no pesimismo.
La Comisión Europea maneja una cifra aún más baja en su informe '2027 Ageing Report: Underlying Assumptions and Projection Methodologies', publicado en mayo de 2026: parte de 1,11 hijos por mujer en España en 2025 y proyecta un aumento hasta 1,34 en 2080. Ese escenario es optimista, y aun así queda lejísimos del reemplazo. Con esos mimbres, el sistema de reparto —donde las cotizaciones de los trabajadores actuales pagan las pensiones de los jubilados— afronta una presión que no se agota con una generación.
La tasa de dependencia de los mayores mide la población de 65 años o más respecto a la de 15 a 64 años. Según UBS, en España pasaría del 32,9% en 2025 al 45,4% en 2035. Traducido a la vida diaria: de tener aproximadamente tres personas en edad de trabajar por cada mayor de 65 años a contar con apenas 2,2 en solo una década. No es lo mismo que el número efectivo de cotizantes por pensionista, pero se le parece bastante.
Las proyecciones de Bruselas alargan la mirada hasta 2080 y el panorama no mejora. La tasa de dependencia de los mayores en España prácticamente se duplicaría entre 2025 y 2080, del 34,3% al 69,7%. Dicho de otro modo: de casi tres personas de entre 20 y 64 años por cada habitante mayor de 65 a apenas 1,4. El aumento español es de 35,4 puntos porcentuales, frente a los 26,5 puntos de media de la Unión Europea. España envejece bastante más rápido que sus socios.
Hay otra relación que quizá explique mejor el desafío. En 2025 España tenía unos 45,5 mayores de 65 años inactivos por cada 100 trabajadores ocupados de entre 20 y 64 años. En 2080 esa proporción se disparará hasta los 86,5, prácticamente el doble. Por cada diez trabajadores habrá casi nueve personas mayores inactivas, frente a las cuatro o cinco actuales. Es uno de los mayores deterioros de toda la UE, con un incremento de 41 puntos porcentuales. Italia, uno de los países más envejecidos del continente, llegará al 90%.
El Instituto Nacional de Estadística apunta en la misma dirección con sus proyecciones demográficas para 2024-2074. La población de 65 años o más, que representaba el 20,4% del total al comienzo del periodo, alcanzaría un máximo del 30,5% alrededor de 2055. En 2074, medio siglo después, los mayores todavía supondrían el 30,3%. Prácticamente no hay retroceso en el peso de los jubilados potenciales, aunque para entonces la gran mayoría de los baby boomers ya habría fallecido. La tasa de dependencia total, que incluye también a los menores de 16 años, llegaría al 75,3% en 2052 y apenas bajaría al 73,9% en 2074. El INE recuerda que son escenarios condicionados a hipótesis, no predicciones inevitables, pero el mensaje es difícil de esquivar: no es una montaña que se pasa, es una meseta.
Aquí aparece una paradoja que conviene entender. La Comisión Europea prevé que la población española aumente desde los 49,3 millones de habitantes de 2025 hasta los 51,6 millones en 2080, un crecimiento del 5%, mientras el conjunto de la UE perderá un 8% de sus habitantes. España gana gente y, aun así, envejece con enorme intensidad. La cuestión no es cuántos viven en el país, sino su edad y su participación en el mercado laboral.
La inmigración alivia parte de la tensión, pero no es una solución automática. El INE prevé que España llegue a los 54,6 millones de habitantes en 2074, pese a que las defunciones superarán a los nacimientos durante todo el periodo proyectado, porque el saldo migratorio positivo compensaría el crecimiento vegetativo negativo. UBS advierte de que compensar el envejecimiento por esta vía exigiría entradas de población grandes y sostenidas durante mucho tiempo, algo complicado en la práctica y en lo político. Y hay un detalle que suele olvidarse: los inmigrantes que llegan a España son cada vez más mayores, según un estudio reciente de Funcas. Esos trabajadores también se jubilarán.
La longevidad hace el resto. UBS recuerda que la esperanza de vida mundial ha aumentado 8,4 años desde 1995 y que la tendencia continuará. España, con una esperanza de vida cercana a los 84 años, figura entre los países más longevos del planeta; Eurostat sitúa ese salto desde los 75 años de 1980. Bruselas calcula que la esperanza de vida al nacer de las mujeres españolas pasará de 86,6 años en 2025 a 91,4 en 2080, y la de los hombres de 81,5 a 87,5. Si alguien se jubila a los 65 y vive hasta los 85 o los 90, el sistema financia su prestación durante dos décadas o más. El efecto se multiplica cuando las cohortes que llegan a la jubilación son enormes.
No hace falta esperar a 2050 para ver el desequilibrio. Hoy, con récord de empleo en España y la economía creciendo el triple que la zona euro, el Estado necesita inyectar unos 60.000 millones de euros cada año para tapar la diferencia entre los ingresos por cotizaciones sociales y el gasto en pensiones. Imaginen qué pasaría si la situación macroeconómica no fuera tan boyante. Los nuevos jubilados reciben de media el doble de lo que han aportado durante toda su vida para financiar su pensión, producto del rápido incremento de la esperanza de vida sin un aumento equivalente de la edad de jubilación.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) pone cifras a lo que viene. En su evaluación publicada en mayo de 2026 estima que el gasto público en pensiones alcanzará el 16,4% del PIB en 2050, frente al 13% de 2025: un incremento de 3,4 puntos porcentuales para unas cuentas que ya soportan un endeudamiento elevado. El gasto medio bruto en pensiones entre 2022 y 2050 representará el 14,5% del PIB. Las medidas de ingresos permiten cumplir formalmente la regla fiscal, pero eso no significa que las presiones hayan desaparecido. La AIReF ya advirtió en su evaluación anterior de que no se constata una mejora del sistema público de pensiones en términos dinámicos.
Y está la deuda. En su escenario de políticas constantes de marzo de 2025, la AIReF contempla que la deuda pública alcance el 129% del PIB en 2050 y el 181% en 2070 por el conjunto de presiones sobre las finanzas públicas. Si con niveles mucho más bajos España ya estuvo a punto de quedarse sin acceso a los mercados, con una deuda así y un entorno financiero más exigente la situación podría ser peor.
Hay un margen de mejora que Bruselas también recoge: la Comisión ha revisado al alza sus proyecciones de empleo y contempla que España cuente en 2070 con alrededor de 1,9 millones de ocupados más de los que calculaba en el ejercicio de 2024, gracias a perspectivas demográficas más favorables y mayor participación laboral. Ayuda, pero las propias proyecciones muestran que no basta para impedir el deterioro de la relación entre trabajadores y mayores.
UBS propone combinar mayor participación laboral, carreras profesionales más prolongadas, reformas de los sistemas de pensiones —mira a la gestión de Dinamarca, Suecia o Países Bajos—, inmigración y mejoras de productividad. Los países que actúen pronto estarán mejor posicionados para seguir siendo prósperos pese a los obstáculos demográficos, concluye el banco. La alternativa es confiar en que el tiempo lo arregle, y el tiempo, según los datos, no tiene intención de hacerlo. Esto es análisis económico y proyección a décadas vista; cualquier decisión personal sobre jubilación o ahorro conviene consultarla con un profesional.
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