Una entrevista de Newman reabre el debate sobre su vida privada
El hilo se va por las ramas antes de entrar en materia. Un forero le pregunta a otro por una operación pendiente y durante media docena de mensajes el tema cambia de tercio: prótesis de cadera, análisis de sangre la semana que viene y un plazo de
seis meses antes de que la cosa no pueda retrasarse más. Un par de ánimos, un «Habrá que verla» de alguien que no aclara si se refiere a la película o a la cadera, y vuelta al asunto. Al volver, la conversación ya no va de la prueba de cámara: va de la vida privada de Paul Newman y de la de Dean.
Qué se ha sabido
Poco, y todo de segunda mano. Lo que reabre el debate es una entrevista, citada de memoria: un participante recuerda que Newman hablaba allí de sus inseguridades y del papel que tuvo Joanne Woodward en superarlas, y de ahí saca sus propias deducciones. Otro va más lejos: sostiene que Newman no necesitaba nada raro para escalar en la profesión y recuerda que existen vídeos parecidos de otras estrellas de la época, uno de Brando y Clift entre ellos. Es lo que dice él. No hay documento, no hay enlace y nadie lo pide.
Lo único que se pega con material gráfico es una fotografía de Pier Angeli, enlace incluido. Un forero la comenta, otro le saca un aire a Don Pablo y un tercero añade que «Marcado por el odio» es otro clásico. Un cuarto resume las dos biografías como dos vidas desgraciadas. La pareja ya había salido antes en el hilo; lo que cambia es que vuelve por una foto y sin ningún documento nuevo.
Dónde está la bronca
En la prueba de cámara el hilo mantiene las dos lecturas de siempre, ahora con más detalle. Un participante insiste en el lenguaje no verbal: el espacio vital invadido por el otro y, sobre todo, las miradas que bajan hasta la boca. Remata con que él no le mira los labios a un tío. La respuesta de fondo es la de siempre: eso describe lo que cada uno quiere ver, no demuestra nada. Nadie pide fuentes, nadie rectifica.
A partir de ahí el debate se parte en dos. Una parte sostiene que Newman mantuvo relaciones con hombres buena parte de su vida, de joven y de mayor, y que la cosa viene de lejos. La otra contesta con una pregunta: qué más da. Un participante recuerda que cuando él se enteró, hace años, de la orientación de Anthony Perkins, no le cambió nada, y defiende que a un actor se le juzga por su cine. Otro explica el disgusto de su padre cuando supo lo de Rock Hudson y cree que la gente se queda antes con la etiqueta del personaje que con la persona. Es una teoría, no un dato.
Hay un tercer frente, más pequeño: el de la masculinidad. Un participante compara a los dos actores con lo que se ve hoy en el cine y los pone por las nubes. No aporta nada sobre la prueba de cámara, es una queja generacional.
Y queda el chascarrillo del día. Uno le pregunta a otro si de joven hacía mucho el bruto, y el aludido responde que ese examen lo pasó con nota.
Nadie pregunta más.El desvío de la cadera
Ocupa cuatro mensajes y no tiene nada que ver con el cine. Un participante pregunta por la operación de otro, que responde con los plazos: análisis la semana que viene, quirófano en un máximo de seis meses. Un tercero quiere saber de qué se trata y se lo dicen: prótesis de cadera. Ánimo y a seguir. El momento más citado es la respuesta de otro forero, dos palabras, «Habrá que verla», que se quedan ahí sin más contexto.
Qué cambia respecto a antes
Que la prueba de cámara deja de ser el centro. Sigue ahí, se sigue citando, pero el peso del tramo se lo llevan las biografías, la foto y una entrevista que nadie enlaza. Lo nuevo es la salud de un forero, la fotografía de Angeli y la deriva hacia la nostalgia de los guapos de antes.
Un participante cierra con la frase que resume el tono:
la belleza de Paul Newman no es cosa de este mundo. Nadie le discute.