Macron quiere reabrir Ormuz con un portaaviones en dique seco
El estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, sigue cerrado. Y el presidente francés, Emmanuel Macron, ha anunciado una “misión defensiva internacional” para abrirlo. Solo hay un problema: su portaaviones, el Charles de Gaulle, está en dique seco hasta 2025. Lo que va a desplegar es un barco de asalto anfibio y una fragata. Para lo que hay en el Estrecho, es como ir a apagar un incendio forestal con un pulverizador de colonia.
Una misión que nadie ha pedido
La jugada es puro teatro para la galería interna. Macron necesita distraer de los disturbios en Nueva Caledonia y de que su partido va a ser barrido en las europeas. Quiere posar de líder europeo fuerte, el único con huevos para “hacer algo”. Pero el que mueve ficha sin tener un as en la manga, se la juega. La ironía es que el anuncio llega después de que Trump liara el asunto siguiendo directrices de Netanyahu, y ahora ni los estadounidenses saben cómo salir del embrollo. Macron salta con que él lo va a solucionar. Si te lo dicen antes, no te lo crees.
El seguro marítimo: el verdadero obstáculo
El análisis más fino apunta a que la fuerza militar no resuelve una cuestión de balance contable. Sin póliza, no hay tráfico. Y las aseguradoras de Lloyd’s, que son las que de verdad mandan en los mares, dicen que el riesgo es demasiado alto y las primas son prohibitivas. El estrecho sigue cerrado. Es como poner un guardia jurado en una tienda que ya ha quebrado: proteges el local vacío. La “garantía” militar es un parche. Puedes escoltar un convoy, pero no puedes bajar las primas de seguro para todos los buques del mundo que pasen por allí. El mercado es más listo que cualquier almirante.
La OTAN no moverá un dedo
Si le torpedearan o hundieran el barquito a Macron, ¿la OTAN debería intervenir? La respuesta es no. El Artículo 5 solo aplica a Europa y América del Norte. Si le hunden el barco en el Golfo Pérsico o el Mar Rojo, es asunto francés. Se montaría un consejo de crisis, declaraciones de condena, y quizás algún gesto simbólico, pero una respuesta militar colectiva de la Alianza no está garantizada. Sería una operación nacional, no un casus belli aliado. Macron lo sabe. Por eso el despliegue es limitado y calculado para no provocar un incidente grave.
Un Suez moderno sería su tumba política
La comparación con la crisis del Canal de Suez de 1956 es acertada en lo superficial: una potencia europea tratando de imponer su voluntad en una vía marítima estratégica. Pero la diferencia de contexto es abismal. En el 56, Francia y Reino Unido aún se creían imperios. Hoy, Macron es un presidente débil, con una economía tambaleante y una opinión pública que no aguanta ni una semana de precios de la gasolina por las nubes. Si Irán hunde un buque francés, no se van a “tirar a por él”. Van a convocar una cumbre de emergencia en Bruselas, pedir sanciones más duras y quizás, solo quizás, algún gesto simbólico. Los franceses tienen una tradición gloriosa de mandar a paseo a sus líderes cuando los ven como ineptos o arrogantes. Un barco hundido con marinos franceses muertos sería el punto de no retorno. No habría discurso patriótico que valiera.
La verdadera intención: ¿escoltar petroleros o preparar un ataque?
Hay quien sostiene que esos barcos no van a Ormuz a abrir el estrecho. Van para bajo manga atacar a Irán. Lo de “proteger la navegación” es la cobertura legal, el casus belli de manual. El objetivo real está a 200 kilómetros tierra adentro. El despliegue no es para escoltar petroleros. Es para tener plataformas de lanzamiento, cobertura aérea y defensa antimisiles a tiro de piedra de las instalaciones nucleares y militares iraníes. La acumulación de fuerzas cerca de Chipre, fuera del alcance inmediato de la mayoría de los misiles iraníes, pero perfectamente posicionados para lanzar ataques, encaja en esa lógica. El portaviones no sirve para nada contra lanchas rápidas, pero sí para proyectar poder.
La pregunta que queda en el aire es qué pasará si Irán decide hundir un buque francés. ¿Guillotina para Macron? ¿O una cumbre de emergencia en Bruselas que no lleva a nada? El estrecho de Ormuz sigue cerrado, y el pulverizador de colonia de Macron no parece suficiente para abrirlo. Pero el teatro, al menos, está servido.