Las dimisiones en España superan las 400.000 en el arranque del año
¿Por qué se marchan los trabajadores españoles si el paro sigue siendo alto? La cifra acumulada de dimisiones en los dos primeros meses del ejercicio supera en un 6,1% la de 2024 y rompe la barrera de los 400.000, según los datos publicados por
elEconomista.es. El fenómeno no es nuevo, pero la magnitud empieza a incomodar a los que sostienen que en España nadie dimite porque no hay trabajo. Dimite gente, y mucha. Otra cosa es que las razones que se esgrimen en el debate público tengan algo que ver con la realidad del mercado laboral.
Quién dimite y por qué
La primera pista la da el propio artículo: las renuncias no se concentran en los indefinidos con años de experiencia, sino en los nuevos contratados, incluyendo los fijos discontinuos. La reforma laboral convirtió en fijo discontinuo a cualquiera que trabaje quince días en navidades en una tienda. Si al año siguiente no le llaman o renuncia después de empezar, eso computa como dimisión. Un artefacto estadístico que infla la cifra sin que nadie haya decidido libremente dejar su puesto para siempre.
Hay quien sostiene que el goteo responde a algo más profundo: el contrato social se ha roto. Para ganar cuatro duros, mejor buscarse la vida en algo que guste, seguir con los padres y viajar en temporada baja con la mochila. La idea de esforzarse para tener familia, casa, coche y vacaciones caras en agosto se desvanece. No es una consigna política; es una descripción del cálculo que hace mucha gente joven cuando compara lo que le pagan con lo que le cuesta vivir.
El SMI y la trampa de los salarios bajos
Otro argumento recurrente: al subir el SMI, muchos trabajadores cualificados cobran casi lo mismo que los no cualificados. La diferencia entre un operario con convenio y complementos y un puesto sin formación se ha estrechado. En sectores como la hostelería, las condiciones son lamentables para quien vive en una de las tres grandes áreas metropolitanas. El resultado es que la gente no ve incentivo para aguantar. Si el salario apenas cubre el alquiler y el transporte, dimitir no es un capricho: es aritmética.
La lectura más cínica apunta a los mayores de 52 años. Se dice que muchos se largan para cobrar la Renta Básica y otras ayudas, y no volver a mover un dedo. Otros invierten la causalidad: quizá se está facilitando el despido de gente de esa edad para que cobren la paga, y cuando les calculen la pensión cobrarán bastante menos. El ahorro para las arcas públicas sería doble. Son hipótesis, no hechos probados, pero circulan con insistencia.
La gestión tóxica como causa de renuncia
Una corriente del análisis señala a los departamentos de recursos humanos. Se ha puesto de moda no mencionar el rango salarial y preguntar cuánto quieres cobrar. Empleadas con formación justita actúan de mentalistas y descartan a candidatos válidos porque no daban el perfil de habilidades blandas. O porque por teléfono no dieron la nota. El resultado es que las empresas se quejan de falta de talento mientras filtran por vibraciones.
En las empresas, los ascensos recaen a veces en los que se mueven entre grupos clave, no en los que producen. Gente muy buena se queda bloqueada, sin opciones, y acaba marchándose. Los que ascienden amenazando con irse a la competencia se llevan la cartera de clientes. La competitividad tóxica y los jefes que minimizan a unos delante de otros hacen el resto. En este país, dicen, la mierda y los tarados tóxicos ponen cachondas a las direcciones corporativas.
El dato que descoloca
El salario medio en España es un 20,9% más bajo que la media de la UE, lo que se traduce en 480 euros menos al mes. Con esos mimbres, la dimisión no es una anomalía: es la respuesta racional a un mercado que paga poco y gestiona peor. La pregunta no es por qué se van, sino por qué no se va más gente.
Al final, la cifra de 400.000 dimisiones en dos meses se sostiene sobre una mezcla de contratos basura, salarios que no llegan y jefes que confunden liderazgo con amedrentamiento. Que cada cual elija su causa favorita. La estadística, mientras tanto, sigue subiendo.