Mujer condenada a 3 años por abusar de un menor de 12: la vara de medir del feminismo judicial
La Audiencia de Córdoba ha dictado una sentencia que no deja indiferente: tres años de prisión para una mujer de 29 años que mantuvo relaciones sexuales con un menor de 12 durante medio año. La pena, acompañada de cinco años de libertad vigilada y cuatro de alejamiento, ha reabierto el debate sobre la disparidad de criterios en los tribunales españoles cuando el agresor es mujer.
¿Tres años por abuso continuado?
El caso, recogido por ABC, detalla que la acusada se aprovechó de su posición para someter al menor a una relación sexual continuada. La condena contrasta con las habituales para hombres en supuestos similares: el Tribunal Supremo ha mantenido penas de 12 a 15 años para agresores masculinos de menores. "Si fuese al revés, estaríamos hablando de 30 años", señala un análisis recurrente en el debate. La diferencia no es anecdótica: en Estados Unidos, delitos equiparables acarrean entre 10 y 15 años de prisión y registro público como agresor sexual.
El testimonio que divide
Junto a la indignación por la desproporción penológica, surge un segundo plano: algunos testimonios sugieren que el menor no se sintió víctima, sino que vivió la experiencia como un despertar sexual. "Con 12 años, la mayoría de chicos ya eyaculamos", se argumenta, mientras otros recuerdan que a esa edad se juega con Legos o se entra en la pubertad más tarde. La fiscala ha considerado probado el abuso, pero la defensa social del "consentimiento implícito" choca con la realidad legal: un menor de 16 años no puede consentir.
La justicia con dos varas
El caso evidencia la persistencia de un sesgo de género en la administración de justicia. Mientras un hombre que abusa de una niña recibe penas ejemplares y es estigmatizado socialmente, una mujer en idéntica situación obtiene una condena simbólica y, en muchos comentarios, una petición de "fotos de la acusada" para evaluar si merece la pena. La conclusión que se impone es que el "heteropatriarcado" del que tanto se habla parece funcionar solo en una dirección.
La pregunta que queda en el aire: ¿cuánto vale realmente la protección de los menores cuando el agresor es mujer? Los datos apuntan a que la respuesta, hoy por hoy, depende del género del acusado.
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