El comunal como alternativa: ¿jornada de 25 horas y menos impuestos?
Esta semana ha regresado a la discusión económica una propuesta tan radical como recurrente: reducir la jornada laboral a 25 horas semanales, combinar propiedad privada con bienes comunales y, de paso, desmantelar el Estado. La idea, que podría sonar a utopía juvenil, ha generado un debate intenso en círculos alternativos, con defensores y escépticos enfrentados en argumentos que van desde la historia de los cercamientos hasta la viabilidad de la autogestión.
El argumento a favor: esclavitud asalariada y comunal como salida
Quienes abogan por este modelo sostienen que la vida de consumismo y trabajo asalariado de 50 horas semanales es una forma de esclavitud moderna. El enemigo, dicen, es el Estado, que nos reduce a pagadores de impuestos. Proponen un sistema de doble propiedad: la vivienda propia y el comunal, con una carga fiscal mínima. Calculan que los Estados implosionarán en 150 o 200 años, pero que la revolución debe empezar ya. La crítica a la agenda 2030 y a las criptoburbujas como sucedáneos de organización real también aparece.
El argumento en contra: del comunal a la nueva casta
Los críticos, en cambio, recuerdan que la gestión comunal históricamente deriva en burocracias paralelas. El modelo original de bienes comunales en España funcionaba por control social directo, no por comités de sabios con sueldo público. También señalan que la llamada economía colaborativa ha sido en realidad un «lonchafinismo digital» que enriquece a intermediarios, y que el cercamiento de tierras fue expropiación legalizada para crear mano de obra barata. La pregunta que queda en el aire: ¿cómo evitar que lo comunal acabe en otro chiringuito peor que el actual?
El punto muerto del debate
El debate no tiene respuesta fácil. Pero al menos obliga a preguntarse si la única alternativa al capitalismo de 50 horas es otro Estado, o si hay un camino intermedio que la historia ya juzgó y del que apenas quedan cenizas.