Muere Silvia Tortosa: adiós a la presentadora de Aplauso
Silvia Tortosa ha muerto en Barcelona, la ciudad en la que nació. La noticia la adelantó
El Periódico y en pocas horas una biografía repartida entre el cine de comedia, el teatro televisado y los platós de variedades se convirtió en material de repaso obligado. Fue actriz de las décadas de 1970 y 1980, presentadora de Aplauso y, para varias generaciones, una de esas caras que no hacía falta buscar en la parrilla porque aparecían solas. Su muerte llegó envuelta en un epitafio que la reducía al físico. La trayectoria daba para más, y ese desajuste impregna casi todo el recuerdo público.
Quién era Silvia Tortosa: de Aplauso a La Señora
Su nombre se asocia de forma inmediata a Aplauso, el programa musical que presentó y que le dio una popularidad enorme. Hay una fecha concreta que se cita al repasar su carrera:
en febrero de 1981 presentaba la actuación de un grupo. Antes y después hubo cine de género, con
Pánico en el Transiberiano entre los títulos más citados, papeles en espacios dramáticos como Estudio 1 y, ya en otra época televisiva, series como La Señora.
Su perfil no encaja en el molde de estrella de una única temporada. Trabajó en unos años en que la
televisión era un lugar compartido y las actrices hacían de todo: comedia, drama y gala. De aquella etapa se destaca una
dicción estupenda, que hoy suena a elogio raro porque se ha vuelto un bien escaso. También se le reconoce el oficio de quien no necesita gritar un papel para llenarlo, ni recurrir al aspaviento para que se note que está ahí.
¿Fue Silvia Tortosa un mito del destape?
Sí, en el sentido de que el cine español de los setenta y ochenta convirtió ciertos cuerpos en reclamo de taquilla y ella formó parte de ese ciclo. Los repasos de su filmografía esencial se empeñan en colocar esa etiqueta en segundo plano:
mucho más que un mito del destape, resumen, y cinco películas para demostrarlo. La etiqueta fue rentable y también una condena discreta: sirvió para vender entradas y para que una parte de la crítica tardara veinte años en mirar lo demás.
Visto con distancia, aquello fue un mercado. La caída de la censura abrió una demanda que el cine cubrió con urgencia y pocos escrúpulos, y muchas actrices cobraron por ello y muchas pagaron por ello. Poner a Tortosa solo en esa casilla es quedarse con el cartel y perderse la función.
El canal de cocina que casi nadie conocía
Entre los recuerdos aparece un hallazgo doméstico. Años antes de morir mantenía un canal propio en YouTube dedicado a la cocina, abierto
a los 65 años. Lo llevaba sin aspavientos, guisando y hablando a cámara. Quien lo descubrió entonces lo contó como si fuera un secreto de familia. Sus lentejas, dicen, eran memorables. La anécdota retrata a una generación de actrices que, cuando el teléfono dejó de sonar con la frecuencia de antes, se buscó la vida en otro registro sin dramatizar la caída.
Por qué su origen catalán reabrió el ruido identitario
Nació en Barcelona y murió en Barcelona. Ese dato, en principio neutro, arrastró buena parte del intercambio hacia el terreno identitario. Hubo quien recordó que su apellido materno es López y dedujo que tampoco sería catalana del todo. Otros cruzaron comparaciones regionales sobre el envejecimiento con tan poca base como una anécdota de barra de bar. Son dos maneras de convertir un obituario en otra cosa, y ninguna de las dos dice nada sobre la biografía de la difunta.
Hija única, sin hijos: el cálculo de la herencia
Era hija única, adoraba a sus padres y no tuvo hijos. Ese detalle, que en cualquier esquela pasaría desapercibido, activó el cálculo: en un programa de televisión se comentó que la herencia será «un buen pellizco», con el argumento de que era catalana y allí el dinero se cuida. Es una atribución, no un dato. El patrimonio real no se ha hecho público y nadie ha aportado una cifra.
En los años ochenta mantuvo una relación sentimental con un cantante de la época, sobre cuya biografía circulan versiones aparecidas en internet, nunca confirmadas, y que deben tomarse como lo que son. A partir de ahí, especulación pura sobre un patrimonio que nadie ha cuantificado.
La elegancia como medida del tiempo
Buena parte de las despedidas se detiene en cómo cambió su presencia física con las décadas. Guapa de joven, atractiva a los cuarenta y a los cincuenta, y todavía notable cerca de los setenta. Quien la trató hace unos veinte años —tendría entonces alrededor de 60— la recuerda encantadora, simpática y entrenando a diario. Hay algo incómodo en medir a una actriz con ese rasero y algo revelador a la vez: la comparación ya no se hace con sus contemporáneas, sino con lo que vino después.
Con Silvia Tortosa se va una manera de estar en televisión que ya no se fabrica: dicción, presencia, oficio y una familiaridad que no necesitaba algoritmo. El recuento se atasca justo ahí. Nadie termina de acordar si fue una gran actriz o una presencia inolvidable, y ese desacuerdo, más que una despedida, retrata a la época que la vio marchar.