Muere un ladrón al caerle la persiana de un bar en Cuenca: el cierre metálico se convierte en héroe local
La noticia ha corrido como la pólvora en Motilla del Palancar, un municipio conquense de 6.400 habitantes que en las últimas semanas sufría una oleada de robos. Este viernes, poco antes de las seis de la mañana, un hombre intentaba forzar la persiana metálica de un bar muy popular, el Londo, cuando el cierre se desprendió y le cayó sobre el cuello, causándole la muerte en el acto.
Lo que la prensa local ha calificado de «conmoción» suena más bien a alivio entre los vecinos, que llevaban semanas viendo cómo sus negocios eran blanco de amantes de lo ajeno. La persiana, lejos de ser un elemento de seguridad convencional, ha hecho el trabajo que las cámaras y las alarmas no logran: disuasión definitiva.
La persiana que se convirtió en guillotina accidental
Las crónicas apuntan a que el fallecido estaba intentando acceder al interior del bar para robar, en un intento chapucero que le costó la vida. Los comentarios en la localidad reflejan una mezcla de sorpresa y satisfacción mal disimulada. «Esta persiana ha hecho el trabajo que nuestros gobernantes no quieren que ejerzamos», se escuchaba ayer por las calles. No faltó quien preguntara por la marca del artilugio para recomendarla. La ironía final es que el dueño del bar, que contaba con el cierre para proteger su negocio, se ha encontrado con un problema inesperado: ¿y si la familia del ladrón reclama?
El riesgo de la victimización judicial
No es descabellado pensar que la familia pueda denunciar al propietario por no garantizar que los robos sean «100% seguros para los delincuentes», como apuntaba un sarcástico comentario. De hecho, existen precedentes, como el caso de un hombre que murió electrocutado al robar cable de alta tensión y su madre apareció en televisión hablando de «asesinato». La posibilidad de una demanda contra el bar ya genera un debate más amplio sobre hasta qué punto la seguridad de los locales debe tener en cuenta a quienes pretenden violarla.
La reacción de la comunidad y las redes
Mientras los vecinos de Motilla del Palancar comentan el suceso con un humor negro impropio de un funeral, en las redes sociales la persiana metálica ya tiene estatus de héroe. «Espero que hagan un homenaje a la persiana», escribía un usuario. Otro recordaba la famosa escena de la guillotina en la película de la Revolución Francesa, pero adaptada a la España rural. El debate se ha centrado en si la noticia merece el calificativo de «conmoción» o debería ser «alivio». La respuesta parece clara para la mayoría.
El caso queda abierto: la Guardia Civil investiga los hechos, pero la causa de la muerte es evidente. El presunto ladrón, que no ha sido identificado oficialmente, pertenecería —según fuentes no contrastadas— a un grupo itinerante que operaba en la comarca. La pregunta que queda en el aire es si el dueño del bar tendrá que responder penalmente, o si, por el contrario, la persiana recibirá una medalla. De momento, el bar permanece cerrado; la persiana, abollada pero victoriosa.
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