Muere el etarra Jesús María Zabarte: 17 asesinatos y ni un día de arrepentimiento
Jesús María Zabarte Arregui, conocido como «el carnicero de Mondragón», falleció de viejo en su domicilio rodeado de familiares y amigos. El exmiembro de ETA acumulaba 20 atentados y 17 asesinatos a sus espaldas, entre ellos el de un niño de 13 años. Nunca se arrepintió. Condenado a 615 años de prisión, solo cumplió una fracción de esa condena gracias a beneficios penitenciarios y la política de dispersión que él mismo denunció como trato inhumano.
Zabarte militó en ETA desde 1972, en plena dictadura franquista. Su historial lo sitúa en el círculo más duro de la banda. Sin embargo, tras la disolución de ETA en 2018, el etarra vivió en libertad y sin muestras de contrición. Para una parte de la sociedad vasca, era un héroe; para la mayoría, un asesino sin castigo.
La condena que nunca se cumplió
La justicia española impuso a Zabarte 615 años de cárcel por 17 asesinatos consumados. Pero en España las penas máximas de cumplimiento efectivo son de 40 años, y con redenciones y permisos, muchos terroristas salen antes. Zabarte no fue una excepción. Salió de prisión y vivió su vida. Mientras, las familias de sus víctimas siguen esperando justicia plena.
El debate sobre la impunidad de los crímenes de ETA resurge con su muerte. Hay quien sostiene que el exterrorista pagó su deuda con la sociedad ya que cumplió una condena proporcionada a los estándares penales. Pero un sector más amplio recuerda que 17 muertos no se compensan con años de cárcel que, encima, se cumplen con privilegios. «De la cárcel se sale, del cementerio no», resume una de las réplicas más repetidas.
El contraste con los GAL y la memoria selectiva
La muerte de Zabarte ha reabierto también la comparación con otros terrorismos. En particular, el caso del general Enrique Rodríguez Galindo, condenado por el secuestro y asesinato de los etarras Lasa y Zabala, que solo cumplió una pena de 20 años y salió en 2015. Para algunos, la diferencia es de grado: ambos bandos gozaron de impunidad. Pero los críticos con el relato oficial señalan que el Estado juzga a sus propios agentes con más indulgencia que a los terroristas vascos, mientras que la derecha política exige castigo ejemplar para ETA y olvida los crímenes de los GAL.
El fallecimiento de Zabarte no cierra el debate sobre quién ganó realmente la lucha antiterrorista. ETA dejó de matar cuando la banda consideró que había alcanzado sus objetivos políticos, no por derrota militar. Su muerte natural en libertad, sin que sus víctimas hayan visto una reparación real, es el dato que descoloca.