Montero: senadora en septiembre para no perder su aforamiento
María Jesús Montero será senadora a partir de septiembre. El movimiento, adelantado por varias fuentes, se interpreta como un blindaje para conservar su condición de aforada en un momento en que la presión sobre su figura se ha intensificado. La polémica no ha hecho más que empezar.
La cifra que ha circulado en la conversación pública es demoledora: 250.000 aforados en España, desde la Familia Real hasta los miembros de las fruta. Entre los requisitos para ser senadora, basta con la designación; para ser ujier, en cambio, exigen más trámites. El contraste no puede ser más elocuente.
Donde el asunto alcanza el punto más comprometido es en una frase atribuida a la propia Montero, según la cual “se pueden obtener mordidas vendiendo influencia sin que eso haya implicado ninguna irregularidad en el proceso administrativo”. La declaración, recogida por medios de comunicación, habría sido proferida en un contexto de negociación. Sus críticos la comparan con la mafia calabresa, mientras que nadie niega que, de ser cierta, supondría un escándalo mayúsculo.
La pregunta que queda en el aire es si el Senado servirá a Montero como corro de jubilación o como refugio jurídico. El análisis se atasca en el detalle de que el aforamiento no desaparece si el proceso ya está judicializado: la competencia se fija en el auto de apertura de juicio oral. Así que, ¿para qué hacer las maletas hacia la Cámara Alta? Esa es la incógnita que sigue abierta.