Tejero muere a los 93 años en plena desclasificación del 23-F
Los mensajes del debate dan por muerto a Antonio Tejero Molina a los 93 años, dos días antes del aniversario del asalto al Congreso que encabezó en 1981, y sitúan el fallecimiento la misma jornada en que, según esos mismos mensajes, salían a la luz los documentos desclasificados del 23-F. Sobre el papel, una coincidencia de calendario. Para varios participantes, la clase de casualidad que obliga a mirar dos veces el reloj: el hombre que pasó
18 años en prisión por el golpe fallido se apagaba justo cuando, según estas versiones, se abrían las carpetas sobre aquel golpe.
Murío en su casa, según esos mensajes. El rey emérito, la otra figura central del relato, sigue fuera de España. La asimetría —
uno en su cama, el otro en la jaula de oro— es uno de los ejes del debate.
Quién era Antonio Tejero: Guardia Civil, no Ejército
Ingresó en la Guardia Civil a los
19 años y se formó en la Academia General Militar de Zaragoza, según el relato biográfico que se reproduce en el hilo. En diciembre de 1955 fue promovido al empleo de teniente, con primer destino en Manresa, donde permaneció tres años. En 1958 ascendió a capitán y marchó a La Cañiza. Escalafón puro, sin atajos: hasta teniente coronel se subía por antigüedad.
El detalle no es menor. En el hilo se corrige a quien lo situaba en el Ejército: nunca estuvo allí. Era Guardia Civil, y con ese uniforme entró en el hemiciclo.
La oferta que rechazó: 2 millones de pesetas y una comandancia
El relato que más ha circulado en el hilo sostiene que, tras el 23-F, a Tejero le ofrecieron
2 millones de pesetas, exilio pagado, indulto, vuelta a España en dos años, ascenso a coronel y la comandancia de Guipúzcoa. La contrapartida era aceptar un gobierno con Felipe González de vicepresidente y con Solé Tura y Tamames, del PCE, como ministros.
Dijo que no. La negativa le costó 18 años de prisión, según esa misma versión, en una cárcel que quienes la conocieron describen como blanda: compañeros que iban a comer con él, trato de hotel, una vida bastante mejor que la de un preso común. El precio real, añade ese relato, fue otro: quedarse fuera para siempre. Cumplió condena hasta el final y, según ese mismo relato, rechazó los indultos por dignidad. Cuatro décadas después, ese gesto es lo que le vale el respeto de varios participantes en el debate.
Qué hay realmente en los papeles desclasificados
Según varios mensajes, la desclasificación llegó el mismo día de la muerte y con ella el primer problema: no hay dos lecturas iguales.