Kramatorsk: Moscú cifra en 600 las bajas y nadie enseña los cuerpos
El Ministerio de Defensa ruso anunció una operación de represalia sobre puntos de despliegue temporal de las Fuerzas Armadas ucranianas en Kramatorsk y cifró en más de 600 los militares eliminados. El dato llegó acompañado de dos tuits con imágenes de un edificio dañado y de un cráter, y de muy poco más. En el contexto de la guerra de cifras que sigue al ataque ucraniano contra un punto de despliegue ruso en Makeevka, la pregunta no es cuántos murieron, sino por qué nadie es capaz de enseñar el recuento.
La represalia que Moscú anunció y lo que se pudo ver
La versión oficial rusa es concreta: la inteligencia localizó puntos de despliegue temporal de las Fuerzas Armadas de Ucrania en Kramatorsk y ejecutó un ataque con misiles en respuesta al ataque del régimen de Kyiv contra un punto de despliegue ruso en Makeevka. Más de 600 militares ucranianos destruidos, según el comunicado difundido por agencias estatales. La cifra es redonda, enorme y, de momento, indemostrada.
Lo que circuló como prueba fueron dos localizaciones con impactos, de las que solo se mostraron fotografías de una. Ni rastro del tren que, según se comentó, apareció en la televisión francesa. Ni rastro de un recuento independiente. La escena que se repite es la de un edificio agujereado y un cráter delante, con la duda de si el misil dio en el blanco o se quedó corto.
Shit happens, resumió uno. Y ahí está el problema: cuando el parte de bajas lo firma una de las partes, la otra siempre tiene un agujero que enseñar.
El doble rasero que se aplica a cada parte
El argumento más repetido no discute el ataque, discute la asimetría. Cuando el edificio donde estaban las tropas propias desaparece literalmente, la cuenta oficial habla de 67 muertos. Cuando se rompe el portal del edificio donde estaba el enemigo, la cuenta sube a 600. La conclusión que se extrae en voz alta es que Rusia siempre miente, y que Ucrania nunca ha reconocido una baja desde febrero de 2022.
Hay quien va más lejos y sostiene que el número elegido no es casual: 600 como confirmación implícita de que en Makeevka cayeron 600. Una teoría sin prueba, pero con una lógica perversa que encaja con la guerra de relatos.
La respuesta ucraniana, cuando llegó, fue la esperada: el lugar estaba vacío. Y ahí aparece la trampa aritmética que nadie resuelve. Si los rusos dicen la verdad, en dos puntos de 1.300 posibles han caído menos de la mitad. Si los ucranianos dicen la verdad, esos 1.300 ya habían caído antes, todos, en algún sitio que tampoco se enseña.
Termobáricas, FAB-500 y el debate técnico que nadie cierra
La discusión derivó hacia el tipo de munición. Se habló de termobáricas, de FAB-500 en Bajmut y de si un arma de ese tipo a esa distancia deja el edificio más negro que el carbón o no. Un intercambio de nombres de sistemas de armas que acabó, como casi siempre, en un «pásate por un canal especializado» y en un «dime una, el nombre de una».
Lo cierto es que las fotografías difundidas no muestran un edificio carbonizado ni un patrón de destrucción que permita distinguir una termobárica de una carga convencional. Y sin verificación sobre el terreno, la discusión técnica es tan indemostrable como el recuento.
Qué se sabe y qué no del ataque a Kramatorsk
El parte ruso habla de más de 600 militares ucranianos destruidos en una operación de represalia. El parte ucraniano, de que los puntos de despliegue estaban vacíos. Entre ambas versiones, un superviviente extranjero citado por canales prorrusos describe la escena como un desastre y menciona compañeros muertos y heridos bajo los escombros. Es un testimonio, no un recuento.
La única certeza material son los impactos: dos localizaciones, fotografías de una, un cráter delante de un edificio y la constatación de que el misil pudo fallar el objetivo. A partir de ahí, cada bando construye su cifra.
El patrón que se repite en cada parte de guerra
La secuencia es idéntica en todos los episodios de esta guerra. Un ataque, una cifra alta del bando atacante, una negación del bando atacado, imágenes parciales y una prensa que elige qué parte cree. La novedad no es el método, es la velocidad con la que se descarta el dato ajeno y se abraza el propio.
Con estos mimbres, lo previsible es que la cifra de 600 no se verifique nunca. Ni la rusa ni la ucraniana. Y que dentro de un mes nadie recuerde cuántos eran, pero todos recuerden de qué lado estaban cuando se dijo.