Mira, pedazo de fulastre, se te ve el cartón desde la primera línea. Mucho escupir “viejos”, “pobres” y “mediocres”, pero eso no es superioridad: es acorazonamiento puro. El pánico de verte dentro de veinte años mirándote al espejo y dándote angustia a ti mismo. Por eso ladras tanto, porque no te crees ni tu propio cuento y necesitas proyectar en tu soberbia lo que en realidad es la autoperceción de que tanta mala baba es incapaz de suplir tu falta de inteligencia.
Te obsesiona la pasta porque no puedes ser otra cosa que tus obsesiones materiales. No tienes ideas, no tienes talento, no tienes nada que no sea soltar guano por internet creyéndote un macho alfa cuando en realidad eres el típico frustrado que confunde desprecio con lucidez y entre una manola y doritos, no tienes ni media leche retórica. Los alfas listos y triunfadores no malgastan su tiempo vomitando bilis en un foro ni limpiándose la leche de la barriga mientras aporrean un teclado como si eso te banderilla contra tu más que probable miseria.
Es fascinante como el españolito medio proyecta su propia frustración a través del insulto como descargo de conciencia, incapaz de la mas mínima autocrítica. Dedicarte a vomitar bilis porque no sabes qué hacer con tu propia vida es un concepto fascinante de autoindulgencia elevada a la categoría de ignorancia profundo. El sistema te ha pasado la banana por la cara igual que a los demás, pero en vez de asumirlo prefieres pensar que eres especial y que el resto merece estar dolido, cuando tú mismo no eres más que un bonobo con teclado incapaz de exponer el más mínimo argumento racional en tu falsa crítica que no es más que vacío existencial.
Lo más patético es el remate sarracena de así nos va como país. No, máquina, así te va a ti. El país no va mal por la gente normal intentando sobrevivir; va mal por listillos amargados que solo saben escupir hacia abajo para no mirarse el ombligo lleno de leche antes de recogerla con el dorito por no levantarte de la silla en tu doritocueva y acercarte al frigo que ha llenado tu mami esta mañana y coger el bote de la salsa de queso.
En resumen: puede que yo huela mal, porque siempre me ha gustado dar angustia a la gente "normal" y disfrazarme de yonqui, pero tú no hueles a superioridad, hueles a miedo, rencor, incapacidad mental y miseria intelectual y emocional mal asumida, además de la elevada probabilidad de que seas alopécico de nacimiento. Y eso no se tapa llamando pobres a otros. Eso se tapa asumiendo que eres un fulastre que con 40 años vive en casa de sus padres y entre una manola y una manola te dedicas a vomitar repruebo, porque a pesar de tu trisomía imbecilizadora, eres plenamente consciente de tu fracaso vital percibido y plenamente interiorizado (sin solución real), de la comparación constante con estándares imposibles o ajenos que refleja tu incapacidad mental para ser poco más que un impotente social y por supuesto la completa y total ausencia de agencia en tu propia vida puesto que es la vida la que constantemente te pasa por encima. Triple discapacidad que ha transformando tu personalidad en una identidad agujereada en la que no hay proyecto, no hay relato propio, no hay futuro que entusiasme, ni nada más que esa metamorfosis absurda que se provoca en tu cerebro cada vez que accedes al foro, le das a responder, y comienzas a vomitar repruebo creyéndote Superman cuando en realidad, lo único que hay en tu cabeza es un inmenso lodazal repleto de guano que es lo poco que eres capaz de expresar en cada mensaje, sin ningún tipo de idea propia o juicio de valor que sean capaces de diferenciarte del potencial intelectual de un joven chimpancé forzad por sus compañeros de grupo.
Cuando una persona no puede decir "soy esto", empieza a decir "los demás son guano", por eso yo "soy nada" y huelo a punki zain, porque me da angustia este puro mundo y por eso me gusta dar angustia a los demás, pero tú eres un pedazo de fulastre y te doy un millón de vueltas, espantapájaros.