Un tuit viral llama «zurdos brutos» a los votantes de izquierda y aplaude que Milei «no les coma cuento». El mensaje convierte el insulto en argumento y deja la política económica reducida a una etiqueta.
La publicación no aporta ninguna cifra. No habla de inflación, de déficit ni de reservas. Solo dice que los votantes de izquierda son «brutos sin importar en qué parte del mapa estén ubicados» y celebra que Milei «no les coma cuento». Es una frase corta, con un emoji de gafas, y ya está. El problema no es que sea grosera. El problema es que se presenta como análisis.
El insulto como sustituto del dato
Cuando alguien discute de economía, lo normal es discutir de números. La inflación argentina, el tipo de cambio, el ajuste del gasto. Nada de eso aparece en la publicación. En su lugar hay una etiqueta: «zurdos». Y un veredicto: «brutos». Es la versión tuitera de decir que el contrario no entiende nada, sin molestarse en explicar qué es lo que no entiende.
Ese gesto tiene un coste. Si el adversario es bruto por definición, no hace falta rebatirle. Y si no hace falta rebatirle, tampoco hace falta pensar. La política económica se convierte en una cuestión de identidad: quién es listo y quién es tonto.
Lo que Milei sí discute
Milei ha construido su discurso económico sobre tres o cuatro ideas repetidas: recorte del gasto público, desregulación y apertura. Se le puede discutir cada una con datos. De hecho, se discuten a diario. Pero el tuit no entra ahí. No menciona ninguna medida, ningún resultado, ninguna fecha.
El elogio es genérico. «No les come cuento» podría aplicarse a cualquier político que diga cosas fuertes en televisión. La publicación no distingue entre un ajuste fiscal y un exabrupto. Le basta con que suene contundente.
Por qué importa este tipo de mensaje
Un tuit así no cambia la economía de un país. Cambia el tono de la conversación. Y el tono tiene efectos: desanima a discutir con argumentos, premia la ocurrencia y castiga la matización. En un debate sobre inflación o sobre deuda, eso es ruido. Ruido barato, además, porque se escribe en diez segundos.
La publicación no dice nada falso de forma verificable. Dice algo peor: dice que no hace falta verificar nada. Y eso, en una sección de economía, es un problema.