Feijóo pierde la Mesa y su grupo parlamentario hierve
¿Cómo se pasa del «optimismo brutal» a la depresión en menos de tres horas? Así se vivió en el grupo parlamentario del PP la votación de la Mesa del Congreso. Pasadas las nueve de la mañana, los diputados populares aparecían por los pasillos con selfies, fotos de grupo y bronceados de playa: alguien les había contado que ERC dejaría tirado a Pedro Sánchez, que el PNV daría un susto de última hora y que lo de Coalición Canaria estaba hecho. A las diez, con la sesión ya arrancada, el acuerdo de Gabriel Rufián con el PSOE para presidir la Mesa caía como un jarro de agua fría. Y faltaba el remate: Vox votaba a su propio candidato. El resumen de la jornada lo puso uno de los suyos: «Después del ridículo de hoy, o cambia Feijóo o está muerto».
El «gallinero» de la bancada popular
El malestar no venía solo de la votación perdida. Antes de que Génova hiciera acto de presencia, varios diputados veteranos, con larga trayectoria en el Congreso y el Senado, descubrían que nadie les había reservado asiento en las tres primeras filas de la bancada, la del tiro de cámara que todos pelean para exhibir cercanía con el líder. «Esto es un caos. Aquí nadie ha organizado nada», se lamentaba alguno, mientras otro se preguntaba qué pintaba en el gallinero. En Vox, en cambio, la colocación por jerarquía estaba resuelta y no hubo quejas.
El detalle tiene su miga: los mismos que se quejaban de la ubicación estaban más pendientes del escaparate que de una negociación que se resolvería minutos después. El enfado, sin embargo, era real y mezclaba agravios viejos con el golpe de la mañana.
Qué pasó con Vox: el veto que dejó al PP sin socio
La dirección popular jugó a vetar a Vox en la Mesa para seducir a los nacionalistas, convencida de que el PNV no puede permitirse dejar a Bildu como socio preferente cuando en unos meses necesitará su apoyo para gobernar. Desde Vox se sostiene que los populares no cogieron el teléfono. El resultado fue el peor de los escenarios: ni nacionalistas ni aliado natural. Hay quien lo lleva directamente al terreno del candidato: si Feijóo dijo que no quería el apoyo de Vox y que buscaría diputados socialistas «buenos», sostiene esta corriente, tiene exactamente lo que pidió.
En contra pesa otro argumento repetido en la bancada: la negociación se conocía desde primera hora y aun así se dejó correr la mañana como si nada pasara.
Génova contra sus propios barones
El segundo frente es interno. Los fontaneros territoriales, con casas de sondeos más pegadas al terreno, nunca se creyeron los datos de GAD3 que la cúpula manejaba con orgullo en la última semana de campaña. A eso se suma el reproche a Elías Bendodo por no haberse enterado antes del pacto de Carlos Mazón con Vox en la Comunidad Valenciana, un desgaste que Miguel Tellado aprovecha para ganar peso orgánico mientras la secretaría general de Cuca Gamarra queda en un plano figurativo.
La foto del líder del PP saludando con efusividad a Irene Montero y a Ione Belarra, responsables de la ley del solo sí es sí, añadió munición a los críticos. Es el clásico gesto que busca bajar tensión en un día malo y que acaba circulando como prueba de blandura.
¿Hay recambio para Feijóo?
En los mentideros del partido los nombres no se esconden: Isabel Díaz Ayuso aparece como favorita, y hay quien da por hecho que Juanma Moreno será el hombre que la dirección prepare para frenarla llegado el momento. También circula la tesis de que Feijóo no dimitirá, que aguantará como jefe de la oposición cobrando nómina y esperando que el desgaste del Gobierno le sirva en bandeja la Moncloa, algo que sus críticos ven como puro voluntarismo.
El cálculo completo, con los reproches cruzados entre Génova y los barones, tiene más aristas de las que caben en un comunicado de tres líneas.
De momento el grupo sigue con los mismos escaños y las mismas caras en las mismas filas. Los veteranos que exigían primera fila ya tienen su sitio: mirando cómo otros ocupan la Mesa.