Del ascensor de Kubrick al cine de Almodóvar: la grieta que atraviesa la pantalla
Una escena de El resplandor sirve para calibrar el miedo sin un susto fácil. Ese es el listón que se pone cuando se habla de cine en ciertos círculos: la dirección de Kubrick frente al «producto de agenda» que, según esta corriente, domina la cartelera actual. La conversación arranca con una declaración de intenciones —«si me sueltas un análisis sesudo de la última peli de Almodóvar te voy a llamar pijo cultureta»— y a partir de ahí se despliega un recorrido por el cine español, los premios, el terror de los 70 y 80, la animación y hasta la política cultural.
El rechazo a Almodóvar se justifica por su condición de «producto estrella de la marca España para intelectuales de salón: subvenciones, postureo». La crítica no se queda en el director manchego: los Goya son descritos como «puro sindicato del pelotazo» y los Oscar como la misma función «con más pajarita y menos vergüenza». La obra maldita por excelencia, *Todo sobre mi madre*, es despachada como «un culebrón de primera con filtro de arte».
El terror setentero y ochentero como refugio
El hilo encuentra su zona de confort en el cine de género. La matanza de Texas (1974) es reivindicada como «un puñetazo seco» y se recuerda que su inspiración en Ed Gein la llevó a ser leída como película pro-vegana, con Guillermo del Toro citado como vegetariano converso tras verla. El resplandor genera consenso en torno a su factura técnica —el steadicam, el triciclo, el color del baño de la habitación 237— aunque se señala el desprecio de Kubrick hacia la novela de King.
El slasher tiene su hueco. Sleepaway Camp es recordada por «la imagen final más desagradable —en el buen sentido— de todo el subgénero», y se apunta el detalle de que Pamela Springsteen, hermana del Boss, encarnó a Angela en las secuelas. The Burning (1981) es reivindicada pese a su fracaso taquillero, con el aliciente de un joven Jason Alexander en el reparto. TAPS, más allá del honor (1981) permite rescatar a un Cruise y un Penn primerizos.
La animación y la sátira que se perdió
La casa-árbol del terror de Los Simpson ocupa un lugar central. La quinta entrega, con su guiño a Kubrick y el «no hay cerveza ni tele», es señalada como la mejor. La séptima, con Kang y Kodos secuestrando a Bill Clinton y Bob Dole, es puesta como ejemplo de una sátira que «se mete con el sistema entero, no con un partido». El diagnóstico es que hoy «cada guion parece pasar por un comité que reparte cuotas de moraleja».
Paranorman (2012) es reivindicada como pionera en incluir un personaje abiertamente gay sin aspavientos, y se recuerda que perdió el Oscar frente a Brave. Agallas el perro cobarde es descrita como «serie de culto» con «un tono de pesadilla fea que no se veía en un dibujo para críos».
La política como telón de fondo
El rechazo a la izquierda recorre el hilo. Se afirma que «el socialismo es el cristianismo para ateos» y se critica el odio visceral hacia Donald Trump comparándolo con «el pintor austriaco nacido en 1889». La respuesta no es menos dura: se reconoce la analogía del socialismo como estructura mesiánica, pero se advierte contra meter en el mismo saco a socialdemócratas, comunistas y verdes.
La conversación deriva hacia la censura en la ficción. Se sostiene que en los 90 «se reían de todos porque nadie les iba a pedir cuentas» y que hoy la comedia ha perdido ese margen. El caso de Starship Troopers sirve para ilustrar la paradoja: una sátira antifascista que, según esta lectura, es aplaudida por quienes luego se escandalizan por un desnudo no sexualizado.
El off-topic como método
El título del hilo —«Mi Off Topic íntimo y personal»— se cumple con creces. En 189 días y 1.600 respuestas se salta de ERA a Gregorian, de Twister a The Purge, de la MTV de los 90 a la ortografía en los foros. La curiosidad por lo perturbador —Happiness, Edén Lake— se mezcla con la trivia de rodaje y el comentario político. La conversación no busca cerrar ningún argumento: funciona como un cuaderno de notas compartido.
¿Queda algo del cine que no sea material de disputa cultural?