Twin Peaks contra Cristal: la guerra de audiencias que anticipó la televisión moderna
A comienzos de los noventa, dos cadenas recién nacidas o recién despiertas se jugaban el share con dos productos que no tenían nada que ver entre sí. En una esquina,
Cristal, la telenovela venezolana que TVE1 emitió en la sobremesa y que convirtió a Carlos Mata en el galán más comentado del tercer mundo, según la definición que circula en la propia discusión. En la otra,
Twin Peaks, el experimento de David Lynch y Mark Frost que Tele5 colocó como emblema de su programación y que hoy se estudia en cualquier manual de narrativa televisiva. La votación que las enfrenta ha superado los
159 votos, una cifra que en las primeras rondas de este tipo de torneos apenas llegaba a 13 o 15 participantes.
El resultado, a la fecha de esta discusión, no está cerrado. Lo que sí está claro es que la comparación incomoda a casi todos. «Twin Peaks es una serie y Cristal una telenovela. Son categorías distintas», resume una intervención que condensa el malestar general. Otros van más lejos y califican el emparejamiento de trolleo de nivel dios, con el aviso de que en según qué foros los troleos se van de las manos. Y alguno avisa: «Cristal no va a dar la sorpresa porque la gente aquí no cree en el amor, pero ojo que hay mucho tapado esperando para cargarse favoritos».
Qué fue Cristal y por qué moviliza votos
La telenovela venezolana se emitió en TVE1 en torno a 1990-91, coincidiendo con el arranque de las televisiones privadas en España. Su banda sonora tenía un detalle que no ha pasado desapercibido: el comienzo es, según se sostiene en la discusión, un fusilamiento del «Don't let me down» de los Beatles. Lo que viene después es cosecha propia, matizan, pero se nota.
El arraigo familiar explica buena parte del voto. «Voto por Cristal porque la veía mi abuela», resume una intervención. Otra añade el contexto exacto: «Yo la veía al volver del colegio, en la sobremesa». Y una tercera evoca la escena doméstica completa: «Recuerdos de la infancia con todas las mujeres de la familia viendo la serie». Esa dimensión intergeneracional es la que convierte a Cristal en algo más que un producto de entretenimiento: fue un ritual compartido en miles de casas españolas antes de que existiera la segunda pantalla.
Hay incluso quien reclama que los votos por Cristal valgan el triple, con el argumento de que hace falta valor para defenderla. La petición, formulada en tono irónico, revela el complejo de inferioridad cultural que rodea a la telenovela frente al prestigio autoral de Lynch.
El problema de la segunda temporada de Twin Peaks
El prestigio de Twin Peaks no sale indemne del análisis. El piloto marcó un hito y la primera mitad de la segunda temporada, hasta la muerte de un personaje clave, se considera incluso superior a la primera entrega. El problema llega después: Lynch se marchó y la serie se despeñó. «Jesús qué tedio infinito me supuso terminar la segunda temporada», escribe alguien que, aun así, reconoce el impacto del capítulo final.
La comparación con la televisión española de la época sirve de contrapunto: la muerte de Chanquete también fue impactante, y eso no la convierte en narrativa de vanguardia. La acusación de fondo es que Lynch era un genio cuando quería trabajar, pero también un irresponsable capaz de dejar su obra en manos de subalternos incapaces.
El contraargumento tiene que ver con el contexto. Twin Peaks llegó antes de la época dorada de las series, cuando no existía un canal especializado como HBO y lo que se destilaba eran productos convencionales: La Ley de Los Ángeles, Canción Triste de Hill Street, Santa Bárbara, Los Vigilantes de la Playa. En ese ecosistema, la apuesta de Lynch era una anomalía. Y las anomalías pagan precio de audiencia.
El casting como argumento de peso
Pocas veces un análisis televisivo se apoya tan explícitamente en el atractivo del reparto. «El principal motivo del éxito que logró Twin Peaks con el mainstream fue lo buenas que estaban las chortinas, sobre todo Audrey y Shelly», sentencia una intervención. Sherilyn Fenn, Mädchen Amick y Heather Graham aparecen citadas como activos estratégicos de la serie. La escena del nudo con el rabo de cereza se recuerda con precisión casi documental.
La música también juega a favor de Lynch. Cada vez que suena el tema de apertura, los pelos de la nuca se erizan, según coinciden varios mensajes. Es el tipo de detalle sensorial que sobrevive al paso del tiempo mejor que cualquier trama.
La teoría del voto a la contra
Una hipótesis recorre la discusión: buena parte de los votos favorables al rival de Lynch no son un juicio sobre la serie, sino una reacción contra el aura de superioridad moral que rodea a sus defensores. «Como siempre que algo de Lynch hace acto de aparición, un buen porcentaje de los votos favorables a su rival son, simplemente, a la contra», se argumenta.
El razonamiento se completa con una observación sociológica: en los noventa, El príncipe de Bel-Air y Sensación de Vivir petaron fuerte en España sin que sus seguidores hicieran sentir menos inteligente a nadie. El problema no sería la serie, sino el complejo de quien reacciona mal cuando le hacen sentir bobo por no entender qué pinta una señora con un leño en el regazo.
Qué se juega este torneo
El emparejamiento funciona como termómetro de algo más amplio. Si Cristal puede tumbar a Twin Peaks, ninguna favorita está a salvo. «Este torneo lo va a ganar Curro Jiménez, lo presiento, el Algarrobo bailará sobre las tumbas de Tony Soprano y Walter White», pronostica alguien con más guasa que convicción.
La comparación con otras eliminatorias refuerza la sensación de que el criterio del votante es imprevisible. Y el dato que descoloca es este: en un torneo donde las primeras rondas movilizaban a 13 o 15 personas, esta eliminatoria ha superado los 159 votos. La telenovela de la abuela moviliza más que cualquier debate sobre calidad televisiva.