La temperatura del agua del mar en Alicante ya supera los 30 grados
Pasar el día bajo la sombrilla, meterse al agua dos veces y acabar con las piernas en carne viva. Es la escena que se repite en la costa alicantina: ni rebozarse al sol ni abusar del baño, y aun así la piel arde. La temperatura del agua del mar se ha movido entre 27 y 28 grados y en algún momento del verano ha superado los 30. Un mar que ya no enfría.
Por qué el mar caliente deja de ser un refugio
En los veranos de los noventa, entrar al agua era una negociación de diez minutos: el primer contacto helaba y había que aguantar el golpe. Ese trámite ha desaparecido. Con la temperatura del agua del mar instalada en esos valores, uno entra sin notar nada, se queda horas y sale solo cuando quiere. La comodidad es real, pero tiene trampa: a 30 grados el agua no refresca, solo moja. Y el cuerpo que se pasa la tarde dentro recibe radiación igual que el que se queda en la toalla.
La sombrilla no filtra todo lo que se cree
El error de cálculo más repetido en la orilla es dar por hecha la protección de la sombrilla. Bastan unos minutos flotando boca arriba para quemar la cara posterior de las piernas, incluso cuando la radiación del final del verano se supone más floja. La luz reflejada por la arena y por la lámina de agua sigue llegando a la piel. De fondo circula el nombre del futbolista Marcos Llorente como supuesta autoridad en aguante físico, aunque ninguna disciplina evita una quemadura. Ante una lesión extensa o con ampollas, lo indicado es consultar a un profesional sanitario.
Alicante, la temporada que sí funciona
La conclusión práctica apunta en dirección contraria al verano. Otoño, invierno y arranque de primavera concentran el mejor equilibrio de temperatura, precio y masificación en la provincia de Alicante, hasta el punto de que hay quien planifica diciembre con tienda de campaña y escapadas a los Arenales. Hay quien sitúa esa franja costera como el mejor rincón de Europa en temporada baja, con el criterio de quien veranea allí.
El dato que descoloca: el agua pasó de esos 27-28 grados a rebasar los 30, y el Mediterráneo dejó de ser el alivio para convertirse en parte del problema. El mismo calor que invita a quedarse dentro es el que impide que la piel se recupere.