Marta Hazas: por qué renunciar a la maternidad es una decisión económica
Marta Hazas, actriz de 48 años, lo ha dicho sin rodeos: «Yo he tenido claro que de mis 30 a mis 40 no me apetecía pasármelos criando». La declaración, realizada mientras promociona su gira teatral junto a su marido Javier Veiga, ha reabierto el debate sobre la maternidad en España. Pero más allá del titular, la decisión de Hazas es un caso de libro de cómo el coste de oportunidad de tener hijos se ha disparado para las mujeres con proyección profesional.
El cálculo económico detrás de la no maternidad
Ser madre en España cuesta, según diversos estudios, más de 100.000 euros hasta los 18 años. Pero para una actriz en la cumbre de su carrera —Hazas está a punto de estrenar una comedia en teatro y acumula series de éxito— el coste de oportunidad va mucho más allá de lo monetario: horas de trabajo perdidas, rechazo de papeles, energía invertida en la crianza en lugar de en el networking. Ella lo verbaliza con crudeza: prefiere dedicar su tiempo a su oficio, que ahora vive un momento dulce. Y no está sola. La edad media de la primera maternidad en España supera ya los 31 años, y entre las mujeres con estudios superiores la tasa de hijos por mujer cae por debajo de la media nacional.
La paradoja demográfica: menos hijos en el segmento más preparado
La tasa de natalidad en España es una de las más bajas del mundo, con apenas 1,19 hijos por mujer en 2023. El segmento que menos se reproduce es, precisamente, el de las mujeres con mayor formación y renta. No es una casualidad: el mercado laboral no perdona las ausencias. Mientras que en los países nórdicos la conciliación se apoya con permisos generosos y guarderías públicas, en España la mochila sigue recayendo sobre la mujer. El resultado es que muchas profesionales, como Hazas, deciden saltarse la maternidad o retrasarla hasta un punto en que la biología ya no perdona. El debate, entonces, se desplaza a lo colectivo: ¿es una decisión egoísta o una respuesta racional a un entorno hostil?
Dos corrientes enfrentadas: hedonismo vs. libertad de elección
Por un lado, hay quien interpreta la declaración de Hazas como el colmo del hedonismo de las mujeres occidentales: privilegios sin contrapartidas, una generación que prefiere viajar y consumir a criar. Se argumenta que, al no tener hijos, se renuncia a la experiencia vital más trascendente y se acelera el colapso demográfico. Por otro lado, la visión contraria defiende que la maternidad no es una obligación social y que cada persona debe ser libre de elegir su proyecto de vida. En medio, un dato incómodo: muchas mujeres que optan por no tener hijos son tachadas de egoístas, mientras que los hombres que hacen lo mismo apenas reciben críticas. La asimetría revela que el juicio sobre la fertilidad sigue siendo profundamente desigual.
El futuro que viene: una bomba de relojería demográfica
Detrás de las decisiones individuales se esconde una ecuación macroeconómica que no cierra. Menos niños hoy significa menos cotizantes mañana, pensiones más débiles y un sistema de cuidados tensionado. La población envejece y la tasa de reemplazo generacional está muy por debajo de lo necesario. Algunos confían en la inmigración para tapar el agujero, pero la evidencia muestra que las personas migrantes también reducen su fertilidad tras establecerse. El resultado es que, aunque decisiones como la de Hazas sean perfectamente racionales desde el punto de vista personal, su agregado dibuja un escenario de difícil sostenibilidad. El dato que descoloca: pese a todos los incentivos económicos y fiscales para tener hijos —deducciones, ayudas, cheques bebé— la tendencia no se revierte. Quizá el verdadero coste de oportunidad de la maternidad no está en las cuentas públicas, sino en la estructura de un mercado laboral que sigue castigando a las madres.