Marruecos se incorpora al club de la baja natalidad con 1,97 hijos por mujer
¿Qué pasa cuando un país que durante décadas fue sinónimo de alta fertilidad deja de tener niños? Marruecos acaba de cruzar la barrera psicológica de los 2 hijos por mujer, según los datos que circulan, y la tendencia no tiene marcha atrás. La tasa de 1,97 sitúa al país magrebí en niveles similares a los de España, y muy por debajo del reemplazo generacional. La pregunta que muchos se hacen es si esto es una buena noticia —señal de desarrollo— o el preludio de una bomba demográfica silenciosa para el norte de África.
De la explosión demográfica al invierno magrebí
Hasta hace pocas décadas, Marruecos registraba tasas de fertilidad por encima de 5 hijos por mujer. La transición ha sido rapidísima: en menos de una generación, el país ha pasado a tener una natalidad casi idéntica a la de los países europeos más envejecidos. El caso de Irán, citado en los análisis, es aún más extremo: de 7 hijos de media en los años 60 a 1,68 en la actualidad. Las causas son comunes: urbanización, acceso a anticonceptivos, incorporación de la mujer al mercado laboral y, sobre todo, el cambio de mentalidad. Como resumía una intervención: «La gente no pasó de tener 6 hijos a tener dos por wokismo, lo hizo porque sabían la miseria que era eso y querían dar oportunidades». El progreso material, para bien o para mal, esteriliza las cunas.
¿Qué pasa con los hijos que no nacen en Marruecos?
Uno de los debates más recurrentes es si el descenso se compensa con la emigración. La lógica simple dice que los marroquíes tienen hijos en Europa, sobre todo en España y Francia. Sin embargo, los datos disponibles apuntan a que la fertilidad de la diáspora marroquí también está cayendo. En Francia, la tasa de fertilidad de la población de origen magrebí se ha reducido hasta situarse alrededor de 2,1, apenas por encima de la media nacional. Aunque la llegada de menores no acompañados genera ruido político, los demógrafos señalan que el grueso de la inmigración magrebí ya no es reemplazo generacional, sino movimientos laborales temporales.
Consecuencias económicas: el turno de las pensiones y el empleo
Si la natalidad sigue en caída, Marruecos se enfrentará a un envejecimiento acelerado sin la riqueza de los países desarrollados para sostenerlo. El problema es similar al de Rusia —países con demografía de rico y PIB de pobre— pero con el agravante de que en el Magreb la emigración cualificada es constante. Algunos analistas pronostican que en 30 años el país necesitará inmigración subsahariana para llenar las plazas de trabajo más duras, justo lo que ahora se critica en Europa. La ironía no es casual: mientras unos celebran que Marruecos deje de «exportar niños», otros se preguntan quién pagará las pensiones de una población que no se reproduce. Quizá, como apuntaba el comentario más vitoreado, «toca devolverles algunos niños».
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