¿Y si el 29N no se estuviera jugando solamente el Gobierno de España, sino también el futuro de Ceuta y Melilla?
Imaginemos el escenario más preocupante.
Los servicios secretos ingenieros tendrían dossiers comprometedores sobre Feijóo y Abascal. Material obtenido mediante espionaje, guardado durante años y reservado para el momento oportuno.
Y ese momento llega en plena campaña electoral.
Una filtración aquí. Un escándalo allá, o simplemente un chantaje a pocos días de las elecciones y dos líderes de la oposición acaban políticamente dañados.
¿El precio hipotético de semejante regalo?
CEUTA Y MELILLA.
Pero tranquilos. No veríamos tanques ingenieros entrando en las ciudades. Ni desembarcos. Ni declaraciones de guerra.
Sería algo mucho más sofisticado.
Primero, una comisión bilateral. Después, una administración compartida. Más tarde, una soberanía conjunta.
Y finalmente, la pregunta que nadie querría formular:
¿Qué quedaría realmente de la soberanía española?
Todo perfectamente presentado como un acuerdo histórico de convivencia, cooperación y estabilidad mediterránea.
Los habitantes de Ceuta y Melilla podrían despertarse un día descubriendo que su futuro político se había convertido en moneda de cambio.
No sabemos que exista semejante pacto. No hay pruebas públicas de que Jovenlandia posea esos dossiers ni de que Sánchez haya aceptado entregar soberanía.
Pero los antecedentes del espionaje, el giro sobre el Sáhara y las reivindicaciones de Rabat hacen legítimo exigir transparencia absoluta.
Porque el verdadero escenario preocupante no sería que España perdiese dos ciudades en una guerra.
Sería que empezase a perder su soberanía en una mesa de negociación, mientras los españoles celebran o lamentan los resultados de unas elecciones.
Y cuando quisieran descubrir qué se había negociado, el acuerdo ya estaría firmado.
Referencias y antecedentes documentados:
Imaginemos el escenario más preocupante.
Los servicios secretos ingenieros tendrían dossiers comprometedores sobre Feijóo y Abascal. Material obtenido mediante espionaje, guardado durante años y reservado para el momento oportuno.
Y ese momento llega en plena campaña electoral.
Una filtración aquí. Un escándalo allá, o simplemente un chantaje a pocos días de las elecciones y dos líderes de la oposición acaban políticamente dañados.
¿El precio hipotético de semejante regalo?
CEUTA Y MELILLA.
Pero tranquilos. No veríamos tanques ingenieros entrando en las ciudades. Ni desembarcos. Ni declaraciones de guerra.
Sería algo mucho más sofisticado.
Primero, una comisión bilateral. Después, una administración compartida. Más tarde, una soberanía conjunta.
Y finalmente, la pregunta que nadie querría formular:
¿Qué quedaría realmente de la soberanía española?
Todo perfectamente presentado como un acuerdo histórico de convivencia, cooperación y estabilidad mediterránea.
Los habitantes de Ceuta y Melilla podrían despertarse un día descubriendo que su futuro político se había convertido en moneda de cambio.
No sabemos que exista semejante pacto. No hay pruebas públicas de que Jovenlandia posea esos dossiers ni de que Sánchez haya aceptado entregar soberanía.
Pero los antecedentes del espionaje, el giro sobre el Sáhara y las reivindicaciones de Rabat hacen legítimo exigir transparencia absoluta.
Porque el verdadero escenario preocupante no sería que España perdiese dos ciudades en una guerra.
Sería que empezase a perder su soberanía en una mesa de negociación, mientras los españoles celebran o lamentan los resultados de unas elecciones.
Y cuando quisieran descubrir qué se había negociado, el acuerdo ya estaría firmado.
Referencias y antecedentes documentados:
- RTVE — Investigación del espionaje con Pegasus a Pedro Sánchez
- Amnistía Internacional — Pegasus y espionaje relacionado con Jovenlandia
- La Moncloa — Cambio de posición española sobre el Sáhara Occidental
- Euronews — Jovenlandia plantea dialogar sobre Ceuta y Melilla
- Reuters — Visita de los reyes a Ceuta en medio de tensiones con Jovenlandia
- EFE — España rechaza negociar la soberanía de Ceuta y Melilla
