Bronca por el currículo y por el piso de la calle Ibiza
El tramo se abre con un enlace y se cierra a gritos. Un forero cuelga un anuncio de la calle Ibiza, en Madrid, para comparar precios, y en pocas páginas el hilo deja de discutir sobre vivienda para discutir sobre el currículo de la inquilina. Sin sentencia, sin contrato y sin comprobante. Solo conjeturas sobre lo que hizo con su dinero.
Qué se ha sabido
El material nuevo son un enlace y un vídeo. El enlace lleva a
viviendas en venta en la calle Ibiza, en Madrid, y quien lo pega subraya que el piso es de
tres habitaciones y la misma superficie que el que ocupa la inquilina. Lo suelta para que cada cual reste lo que cuesta comprar ahí y lo que ella paga de renta. El vídeo es de Borja Escalona, que un participante corona como lo mejor del año y que entra como cachondeo, no como fuente.
A partir de ahí, números. Alguien mira los precios y pregunta si son mensuales o anuales. Otro calcula que ni con una nómina de
6.000 euros al mes se hipoteca uno por esos importes. Un tercero cuenta su caso: un conocido con dos pisos heredados de los abuelos, metido en hipoteca y además con el piso de sus padres. De ahí deduce burbuja y desplome.
Entra también una experiencia familiar. Un forero dice que su madre, ya mayor, tiene dos amigas solteronas y exfuncionarias, y que las dos tienen su estudio de
40 metros en la playa. Lo usa para preguntar qué hizo la inquilina con su sueldo en los setenta, ochenta y noventa. Otro resume su tesis: a la jubilación se llega sin deudas y con el zulo pagado. Y un tercero zanja que la acampada
no es por Mari Carmen.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos, y la línea que los separa no es la vivienda, es el perfil. Un bando sostiene que la historia encaja demasiado bien: que se buscó a alguien con unos rasgos concretos —mujer, anciana, sin hijos, con contrato heredado y barato, en Madrid y no en Barcelona— para sostener el relato. El otro bando responde con el caso concreto: sacar así a una mujer de la casa donde ha vivido toda la vida no se arregla discutiendo su currículo, y si algo demuestra esto es que hay que poner coto a las empresas que compran vivienda y buscan el resquicio legal para desalojar.
En medio, el reproche que se repite: por qué no compró, por qué no tiene hijos, por qué no se fue a la playa como otras de su quinta. Y el reproche simétrico: por qué este caso llegó a portada y los demás no.
La discusión se degrada. Hay insultos cruzados entre foreros, acusaciones de ignorancia y de otras cosas, y el hilo se enzarza en quién insulta mejor en lugar de en el asunto. Uno de los participantes pide calma y resume que el debate está viciado por las dos partes y que ambas mienten con su demagogia. No es una rectificación, pero es lo más parecido que hay en el tramo. Otro apunta que los sinvergüenzas están repartidos por igual, sin señalar a nadie. Y alguien deja caer que si la señora hubiera tenido hijos, hace años que estaría en una residencia esperando la herencia: una opinión dura, lanzada sin prueba ninguna.
Qué cambia respecto a antes
El foco se mueve. Ya no se discute el desenlace, se discute la biografía: si el currículo es real o fabricado y qué se hizo con el sueldo de funcionaria. El desenlace desaparece del hilo. En su lugar entran dos cosas. Una, los precios de la calle Ibiza como vara de medir. Otra, la acampada, que un forero sitúa como asunto vecino y ajeno al caso.
Asoma también un debate de mercado que antes no estaba tan explícito. Un participante avisa de que los decretos en marcha expropian de facto a los propietarios y de que, con ese marco, nadie va a alquilar y los precios subirán otra vez. Otro añade que si el gobierno repite, el paso siguiente será tocar el usufructo de toda vivienda que no sea primera residencia. Y hay quien sostiene que a un negocio inmobiliario pequeño se le llama buitre mientras a los fondos grandes se les pone alfombra.
El cálculo de la calle Ibiza
El enlace funciona como prueba improvisada. La lógica es esta: si en esa calle un piso de tres habitaciones y superficie parecida se vende caro, la renta que pagaba la inquilina era una ganga y el propietario tenía motivos para querer el inmueble de vuelta. Si no, la ganga era la del propietario. Nadie cierra la resta. Nadie enseña el contrato. Queda un enlace y una duda que alguien lanza al aire: si esos precios son mensuales o anuales.