El mapa que enfrenta al norte y al sur por quién paga y quién cobra
Hay una pregunta que en España no se responde con datos, sino con bandera. El mapa lo intenta: trazado sobre el paralelo 40, deja a Madrid, Castellón y Guadalajara en el norte y manda a media Iberia al sur. Con él vuelve el pulso de
quién paga y quién cobra, un clásico que mezcla PIB, pensiones, sedes bancarias y tres siglos de agravio. La tesis de partida es incómoda: la mitad sur sería
más rica y más poblada que la norte. Es decir, el presunto subsidio funcionaría al revés.
¿Es el sur más rico y poblado que el norte?
El argumento base es de suma simple: dos mitades de superficie parecida, y el sur gana por goleada en habitantes y en producto. De ahí salta el paso siguiente, el que más ampolla levanta: si la estadística manda,
el norte parasita al sur y encima lo boicotea. La respuesta recuerda a esos partidos en los que alguien suma goles a su favor y quita los del rival. Una contra obvia: el mismo criterio, aplicado sin trampa, daría que Latinoamérica en bloque es más rica y poblada que España, y que México, por sí solo, ya supera al país en las dos variables.
El contragolpe no resuelve nada, solo exhibe que
sumar territorios hasta ganar es un juego sin fondo. Lo que queda es una disputa de peras y manzanas: población frente a renta per cápita, PIB absoluto frente a productividad, tamaño frente a bienestar.
Madrid, Guadalajara y el paralelo 40: el mapa que todos discuten
Aquí la discusión abandona la economía y entra en la geografía de patio de colegio. ¿Madrid es norte o sur? Para unos, está en la meseta sur; para otros, si se traza una línea horizontal por el centro peninsular, cae arriba. Y de ahí al caos.
Guadalajara aparece más al norte que Ávila, Salamanca o la mitad de Tarragona, pero hay quien la coloca en La Mancha. El detalle que enreda todo lo demás: el pico más septentrional de Menorca está a la altura de Cuenca. Si el norte no tiene islas, que se aguante, viene a decirse. Y cuando el mapa no cuadra, siempre aparece la tentación de
recortar provincias o sacar Baleares de la ecuación hasta que las cuentas salgan.
Los cuatro grandes bancos nacieron en el norte
Si de acumular capital hablamos, hay un dato difícil de esquivar: las cuatro entidades que concentran la clientela española —Santander, Sabadell, BBVA y La Caixa— son de origen norteño. Santander y Sabadell, de sus ciudades homónimas; el BBVA, bilbaíno; La Caixa, barcelonesa. El razonamiento que se extrae: los grandes bancos brotan donde hay comercio e industria de verdad, y eso en el sur no cuajó.
La réplica llega rápido.
Banesto fue durante años el mayor banco español y era madrileño, de capital privado; Bankinter también es de Madrid. Y el BBVA solo se hace gigante tras absorber Argentaria, que era banca pública. Del mismo modo, buena parte del negocio del Santander viene de Banesto y del BBVA, del banco estatal. Lo que parece mérito del norte es, en parte,
una herencia de la banca pública y de las fusiones.
Madrid, la capital que se lo lleva todo
Hay una lectura que atraviesa todo el enfrentamiento: la concentración de inversión pública en Madrid. Se sostiene que se ha hecho a costa de Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares, y que vació Castilla. Incluso los valencianos, que en teoría aceptan su papel, se quejan del déficit fiscal. La respuesta a esa tesis suele ser que la capital también gana por
inversión extranjera, no solo por el maná estatal.
El otro fantasma es el franquismo. Se argumenta que se fomentó que las empresas se instalaran en Madrid para tenerlas contentas, y se especula con qué habría pasado si cierta planta de automoción hubiera acabado en Guadalajara en lugar de donde acabó. Es
contrafactual puro, pero alimenta la sensación de que el mapa económico se dibujó a mano alzada.
Pensiones mineras, fondos de liquidez y transferencias cruzadas
El dinero que va y viene es el terreno donde más se exagera y donde hay más números concretos. Un argumento recurrente:
Asturias tiene más renta per cápita que Extremadura por las pensiones de más de 2.000 euros a quienes trabajaron unos pocos años en la mina; el día que se corte la compra de deuda, el sector primario extremeño seguiría dando tomates y aceitunas, la mina no. En el otro platillo, se apunta que
Andalucía recibe 4.000 millones anuales del Estado y que las comunidades han consumido
15.000 millones del fondo de liquidez autonómica.
Y como guinda, el capital humano: los resultados de PISA dejarían al País Vasco con uno de los peores registros de España, lo que a largo plazo pesa más que un buen mapa. La pregunta es si todo este dinero es solidaridad, expolio o simple contabilidad creativa.
Dónde se atasca el análisis
El mapa cumple su función: ordena el enfado. Pero cada número admite la lectura contraria. El PIB absoluto premia a las regiones grandes; la renta per cápita, a las que tienen menos habitantes y más pensiones altas o industria pesada en declive. Los bancos nacieron en el norte porque el capital se concentró allí en el siglo XIX; las fábricas se fueron a Madrid porque el Estado quiso. Con estos diferenciales, la migración interior debería ser masiva. Sigue siendo marginal. Nadie cuadra del todo por qué.